Miguel Ángel Aijón Oliva
But just say the word
 

Pasividad

 

No se conquista realmente a un pueblo hasta que se han conquistado sus mentes, es decir, su sintaxis. Por eso, si bien es cierto que el largo y aún inconcluso proceso de colonización cultural estadounidense nos ha aportado muchas cosas que, de otro modo, nunca habríamos llegado a conocer (Coca-Cola, Burger King, Luke Skywalker, Lady Gaga), ninguna es tan significativa como la generalización de las estructuras pasivas con el verbo ser, calco sintáctico flagrante que recubre un verdadero desplazamiento de nuestras estructuras cognitivas y nuestra forma de concebir el mundo. Como otros fenómenos invasores, la pasiva se ve favorecida por el hecho de que nuestra gramática la permite: no es formalmente diferente de las estructuras atributivas con ser que utilizamos continuamente. Otra cosa es que nos resulte natural formular tales estructuras en contextos de acción o proceso. Teniendo a nuestra disposición la posibilidad de decir Se publicará el artículo, tan sencilla y clara, es difícil entender que alguien prefiera una alternativa retorcida y artificial como El artículo será publicado. Y, sin embargo, la pasiva triunfa en el mercado del esnobismo lingüístico. Cuán irónico (otra importación del inglés, me parece, cuando se usa con este significado) resulta, así, aquel verso de Rubén Darío: “¿Seremos entregados a los bárbaros fieros?”; y qué triste es no poder preguntarle al gran trovador si era consciente de estar utilizando la propia sintaxis de los bárbaros al lamentarse por la extinción de la identidad hispana.

Que nuestro proceso de pasivización es irreversible resulta patente cuando se emplea el recurso en contextos que, según las reglas de la gramática española, no lo permiten: cuando el verbo es intransitivo, o cuando es el objeto indirecto el que se convierte en sujeto de la pasiva. Podemos observar un ejemplo en esta sinopsis de la película La cinta blanca (a mi juicio, una de las menos desagradables de Haneke), que pulula por Internet:

Inexplicables acontecimientos perturban la tranquila vida de un pueblo protestante en el norte de Alemania en 1913, justo antes de la Primera Guerra Mundial. Un granero es prendido fuego, dos niños son secuestrados y torturados…

En principio, un granero no puede ser prendido fuego; es el fuego lo que puede ser prendido al granero, aunque tampoco parecería una solución muy eufónica. Cabe sospechar que la elección se ha visto facilitada por una concepción de prender fuego como locución, más que como verbo con objeto (la oración sería aproximadamente sinónima de Un granero es quemado). Estas zonas inestables de la gramática y el léxico son, obviamente, las favoritas de los procesos de cambio, a modo de puertas sin vigilancia por las que pueden colarse fácilmente los intrusos. Por otra parte, la anglicización del texto transcrito no se limita al segmento destacado; la cláusula subsiguiente también aparece en pasiva, como si dicha construcción ya hubiera demostrado bastarse por sí sola para expresar cualquier idea. Pero incluso el inicio, “Inexplicables acontecimientos perturban…”, suena más a inglés que a español, con esa ausencia de determinantes y esa necesidad de empezar siempre la oración por el sujeto, aunque este sea inanimado e inespecífico. Si a usted no le han llamado la atención todos estos detalles (o, mejor dicho en neoespañol, si usted no ha sido llamado la atención por estos detalles), es que el proceso se está desarrollando según lo previsto.

Pasividad

Sin duda, la pasiva con ser seguirá ganando terreno (más en el discurso público, como suele ocurrir con todo lo que viene de allende el mar, y que adoptan y patrocinan de modo entusiasta los juntaletras y chupaalcachofas), y con ella otros muchos fenómenos gramaticales que nos permiten sentirnos un poco más cerca de los imperios, aunque solo sea espiritualmente (por ejemplo, la tendencia a colocar los adjetivos y complementos del nombre delante de este, rasgo al que nos referiremos en otra ocasión). Tampoco cabe esperar una reacción consciente de los hispanohablantes para rehabilitar la pasiva refleja con se, la anteposición del objeto cuando es temático (El artículo lo publicarán), u otras variantes más naturales a nuestra gramática. Mucho antes de empezar a importar pasivas perifrásticas en cajas de mil, ya éramos bastante pasivos en lo que respecta al cuidado de la expresión. A pesar de todo, siempre nos quedará la posibilidad de ejercer la ironía (ahora sí en el correcto sentido de la palabra), como hace este ciudadano al pasivizar el verbo intransitivo dimitir en una carta:

[L]a Sra. Juez viene dando sobradas muestras de que el cargo le sobrepasa y le hace un flaco favor a sus compañeros de Consistorio y a la ciudad en general, pues vaya imagen de seriedad que debemos dar de cara al exterior. Le sugiero al alcalde que la citada Sra. sea “dimitida” ya.  (La Gaceta de Salamanca, 29/1/04, p. 6)

P.S. Un estudio más científico, y menos indignado, sobre el valor comunicativo y los fundamentos cognitivos de la pasiva con ser:

http://redfame.com/journal/index.php/smc/article/view/191

 

 

maaijon

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