Jose David Vicente Lorente
 

La descentralización de los medios de pago: Las criptomonedas

Tradicionalmente, los medios de pago, y en concreto, el dinero fiduciario (monedas y billetes) son gestionados de manera centralizada. Las autoridades monetarias de los distintos países, y más concretamente sus bancos centrales, controlan la emisión, retirada y puesta en circulación el dinero que los agentes económicos utilizan en sus transacciones. En este proceso, los bancos tienen una función especialmente relevante: son los principales custodios de la masa monetaria del pais. Son los bancos quienes, de manera directa, reciben los billetes y monedas recién acuñadas y quienes retiran de la circulación el dinero fiduciario deteriorado.  El proceso de recepción de moneda nueva por parte de los bancos puede hacerse mediante distintas operaciones:

a) Cuando un billete o moneda deteriorado es recibido por el Banco, este lo envía al banco central para su destrucción y recibe a cambio moneda nueva por el mismo valor. Este intercambio no tiene ningún efecto sobre la masa monetaria total.

b) Un banco privado puede recibir moneda nueva por la venta de ciertos activos físicos o financieros (deuda pública, acciones, empréstitos, etc) a la autoridad monetaria (banco central). Esta operación supone un aumento de la masa monetaria agregada del pais y ha sido frecuente y profusamente utilizado en situaciones de recesión con el fin de promover el consumo y la inversión. En concreto el Banco Central Europeo (BCE), mediante su programa ‘Quantitative Easing’ (QE), ha adquirido más de 2 billones de euro de deuda pública de los cuales 241000 millones corresponden a deuda española.

El sistema bancario no sólo es el canal por el que se inyecta o extrae dinero del sistema, si no que también opera como vehículo de información y control para las autoridades monetarias respecto al stock y flujos de dinero. A partir de la información suministrada por las entidades financieras, el banco central elabora sus estadísticas y planifica su acciones.

Alternativamente, las criptomonedas y entre ellas su exponente más popular, el bitcoin, basan su funcionamiento en un sistema descentralizado de registro de transacciones o ‘diario contable electrónico’ (‘ledger’). Este diario registra los fondos disponibles asociandolos a un par de claves ‘pública-privada’. La clave pública es visible y conocida por todos los participantes en la red mientras que la clave privada únicamente debe ser conocida por el propietario de la cuenta de criptomoneda. Distintos algoritmos criptográficos garantizan que sólo los conocedores de la clave privada pueden transferir fondos de sus cuentas a otros usuarios, identificados éstos por su clave pública. El proceso de registro de las transacciones está basado en la tecnología de ‘cadena de bloques’ o ‘blockchain’. Esta tecnología permite que la validación y registro de las transacciones se realice mediante reglas de consenso entre todos los participantes de la red y, por tanto, no existe un agente o ‘poder centralizado’ que tenga más capacidad que otro a la hora de validar y registrar una determinada transacción en el ‘diario contable electrónico’. La cantidad de activos en circulación de una criptomoneda en circulación viene fijada por las reglas instauradas en el software fundacional de la criptomoneda. Por ejemplo en el caso del bitcoin, la cantidad máxima será de 21 millones y la generación de nuevos bitcoins sigue una tasa decreciente a lo largo del tiempo.

Inversores, profesionales y académcos difieren en su apreciación de las expectativas de la criptomoneda frente al dinero fiduciario. Para algunos las criptomonedas son una burbuja especulativa. Warren Buffet, las califica como  ‘veneno para ratas al cuadrado‘ y Bill Gates ‘apostaría a la baja si fuera fácil’.  Para otros como los gemelos Winklevoss o Andrea Bianconi son el medio perfecto para mejorar la eficiencia de los sistemas de pagos y limitar el control de los bancos y gobiernos y promover la autonomía de los ciudadanos.

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