José Antonio Cordón García
Facultad de Traducción y Documentación. GIR E-Lectra. Edición y Lectura Electrónica, Transferencia y Recuperación Automatizada de la Información
 
Universidad 3

Las lecturas fingidas: entre la economía de la atención y la tentación del abandono

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La red social de GoodReads publicó una infografía que muestra las obras que más abandonos han experimentado, así como las motivaciones para ello. Los cinco primeros en la estadística de abandonos sorprenden, pues la mayoría se corresponden con los ocupantes, durante muchas semanas, de las primeras posiciones  en las listas de best-sellers de todos los países. En cierto modo, y de manera superficial, lo que la lista muestra es la existencia de fuertes diferencias entre los circuitos de obras más leídas y más vendidas, fruto del importante influjo del factor de arrastre en las motivaciones de compra del lector y, como no, de la eficacia de las potentes maquinarias de marketing de los grandes editores, cuya capacidad de persuasión es incontrovertible

  • Casual Vacancy (Una vacante imprevista), de JK Rowling, su primera obra para adultos
  • Fifty Shades of Grey (50 sombras de Grey) de  EL James de
  • Eat, Eray, Love (Comer, rezar, amar), de Elisabeht Gilbert
  • The Girl With the Dragon Tattoo (Los hombres que no amaban a las mujeres) , de Stieg Larson
  • Wicked (Wicked: memorias de una bruja mala) de Gregory Maguire

Un  25,2% de las tasas de abandono se deben a la previsibilidad de las obras, los lectores aducen que saben lo que va a suceder. En un 27,9%, el abandono se produce entre la pagina 1 y la 100.

En el caso de Rowling los abandonos están ocasionados por la frustración de sus lectores habituales que comentan que la obra está muy lejos de la serie de Harry Potter. Un caso claro de falsas expectativas generadas por un autor con un fuerte componente especializado que hace incursiones en un género que le es extraño.

50 sombras de Grey constituyó un fenómeno editorial, como ejemplo del camino de ida y vuelta entre la autopublicación y el circuito convencional. Hay comentarios sobre el bochorno por la mala calidad de la obra y haber incurrido en los reclamos de la publicidad, quien la considera fruto de la moda, etc.

En el caso de la obra de Stieg Larson, los lectores la consideran demasiado lenta, una obra en la que no sucede nada hasta muy avanzada la trama.

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Las explicaciones son múltiples y obedecen a motivaciones muy diversas. Es muy interesante igualmente la estadística de las obras clásicas más abandonadas

La primera es Cath 22 de Joseph Heller; la segunda el Señor de los Anillos de Tolkien; la tercera Ulises de Joyce; la cuarta Moby Dick de Melville, y la quinta La rebelión de Atlas ((título original Atlas Shrugged, literalmente “Atlas se encogió de hombros”) de Ayn Rand. El caso de esta última no deja de resultar sorprendente, pues en algunas de las encuestas desarrolladas en Estados Unidos sobre las obras que más han influido en la vida de los lectores, figura siempre en segundo lugar, después de La Biblia.

Cuando se les pregunta a los lectores por las motivaciones del abandono, un 46,4% invocan la lentitud y el aburrimiento, a mucha mayor distancia aparecen otras razones:

  • Mal escrita (18,8%)
  • Insustancial (o extremadamente estúpido 8,8%)
  • Trama ridícula (8,5%)
  • Falta de atractivo del protagonista principal (4,9%)
  • Mal editada (2,7%)
  • Etc.

La sociología del abandono es un aspecto sumamente interesante por cuanto facilita claves para comprender el éxito o el fracaso de una obra, y por lo tanto pistas fundamentales para cualquier editor interesado en conocer cómo funciona la recepción, pero también el lento recorrido hacia la desacralización de las obras, perceptible sobre todo en las preguntas relativas a los clásicos, cuyo capital simbólico va quedando relegado a círculos estrictamente académicos.

En relación con esto hace poco se hizo una investigación sobre los libros que se fingen haber leído (Book Riot) , por motivos de prestigio, de empatía con el círculo social en el que se está, por status académico-cultural, etc. que vienen a constituir un suerte de canon simbólico de la apariencia cultural.

En la investigación participaron 830 lectores. A partir de las respuestas se elaboró una lista de 412 títulos. Como se puede apreciar en los resultados hay una gran cantidad de clásicos, lo que seguramente remite a estándares de implantación del canon literario convencional subyacentes en toda cultura, según los cuales existen hitos de inexorable cumplimiento, referentes que se incorporan al inconsciente colectivo como testimonios de una pátina letrada o, en algunos casos, de cierto curriculum cultural (El Quijote en España). En la lista hay sólo 3 títulos contemporáneos. De ellos, dos son éxitos comerciales masivos que penetraron en la cultura dominante: Harry Potter y 50 Sombras de Grey, por una parte, y La broma infinita,  considerada ya como un clásico en los círculos literarios.

Los 20  primeros son los siguientes

Orgullo y prejuicio de Jane Austen (85 menciones)

Ulises por los James Joyce

Moby-Dick de Herman Melville

Guerra y paz de León Tolstoi

La Biblia

1984 de George Orwell

El Señor de los Anillos de JRR Tolkien

El Gran Gatsby de F. Scott Fitzgerald

Anna Karenina de León Tolstoi

El guardián entre el centeno de JD Salinger

La broma infinita de David Foster Wallace

Trampa 22 de Joseph Heller

Matar a un ruiseñor de Harper Lee

Fifty Shades of Grey EL James

Jane Eyre de Charlotte Bronte

Crimen y castigo de Fyodor Dostoevsky

Cumbres borrascosas de Emily Bronte

Grandes esperanzas de Charles Dickens

Harry Potter (serie) por JK Rowling

Historia de dos ciudades de Charles Dickens (21 menciones)

Como curiosidad, D. Quijote ocupa el puesto 39, entre los 412 de la lista, con 10 menciones, aparecen obras como la Critica de la Razón Pura de Kant con 4 menciones, o la Interpretación de los sueños de Freud con 2.

El estudio se combinó con los datos de los análisis del sitio web Riot sobre las novelas favoritas de los lectores,  los libros más odiados , y los  libros que desde siemprese ha tenido intención de leer, dibujando un escenario sumamente interesante.

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Editorial Anagrama publicó la obra de Pierre Bayard  Cómo hablar de libros que no leemos? Que comienza con una contundente frase: “Nací en un entorno en que se leía poco, no aprecio en modo alguno esa actividad y, de cualquier modo, tampoco dispongo de tiempo para consagrarme a ella.”

La obra, en parte una suerte de divertimento en el que se elogia la no lectura, en algunos aspectos recuerda el encomiable, y nada frívolo, ensayo de Fernando Rodriguez de la Flor: Biblioclasmo (Renacimiento, 2004), cuyos subtítulos son muy significativos: “por una práctica crítica de la lecto-escritura” en la edición de la Junta de Castilla y León (1997), que le concedió el premio de ensayo, “una historia perversa de la literatura”, en la edición de Renacimiento, mencionada más arriba. A pesar de todo, critica de una manera brillante ciertos hábitos de lectura y ciertas interpretaciones asociadas a los mismos. Por ejemplo: ¿podemos decir que hemos leído los libros que hemos olvidado? ¿Cuantas de nuestras convicciones literarias no están hechas de suposiciones, invenciones, fabulaciones, malentendidos, referencias cruzadas, lecturas secundarias, apropiación de titulares, o recordatorios sobrevenidos?

Bayard introduce un interesante concepto que es el de Libro Interior, esto es la diferencia entre el relato que hacemos del contenido de un libro y lo que éste dice en realidad. Da este nombre al conjunto de representaciones -individuales o colecticas- que hemos ido construyendo a partir de todo el conjunto de nuestra experiencia lectora.

Cualquier libro del que tenemos noticia, directa o indirecta, se ve afectado por esta experiencia, convirtiéndose en un libro-pantalla de tal manera que, según el autor, de lo que hablamos es de nuestros libros-pantalla no sobre los libros reales.

Nada extraño por lo tanto esta suerte de fingimiento que recorre todas las manifestaciones culturales, fruto de eso que Braudillard denominó como la sociedad del espectáculo, o que Fernando Pessoa atribuyó al poeta, calificándolo de fingidor. Daniel Pennac (Como una Novela: Anagrama,1993) ya le había dado carta de naturaleza, como derechos del lector, a esta práctica, instituyendo como los tres primeros mandamientos de este:

  1. El derecho a no leer
  2. El derecho a saltarnos las páginas
  3. El derecho a no terminar un libro

De cualquier modo, una indagación interesante que abunda en dos fenómenos emergentes desde el punto de vista sociológico. Por una parte el de la cultura como forma de prestigio y reconocimiento social, de status, en el sentido en que lo había teorizado Pierre Bourdieu en La Distinción (Taurus, 2012), o en Las Reglas del Arte (Anagrama, 2002), y por otro el de la desacralización de la misma y el debilitamiento de los sistemas de legitimación convencionales que permiten que la no lectura no constituya una actividad inconfesable o que el reconocimiento del abandono, falta de interés o aburrimiento respecto al universo canónico vaya emergiendo en las investigaciones sobre las prácticas de lectura. Unas prácticas que en la actualidad están sometidas a la fuerte competencia desplegada por todo tipo de industrias de ocio y sujetas a la inflexible realidad de una economía de la atención muy disputada

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