José Antonio Cordón García
Facultad de Traducción y Documentación. GIR E-Lectra. Edición y Lectura Electrónica, Transferencia y Recuperación Automatizada de la Información
 
Universidad 3

Georges Orwell, la teoría del doblepensar y el Ministerio de Cultura

 

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Leyendo la noticia sobre la licitación del Ministerio de Cultura para el préstamo de libros en las bibliotecas públicas españolas, me ha venido a la mente la teoría del doblepensar que formulara George Orwell en “1984”.

Según el autor (recogido del libro ficticio “Teoría y práctica del colectivismo oligárquico” de Emmanuel Goldstein, que el protagonista de la novela, Winston Smith y el lector leen simultáneamente), el doble pensar, como herramienta de dominación, significa el poder, la facultad de sostener dos opiniones contradictorias simultáneamente, dos creencias contrarias albergadas a la vez en la mente… El acto esencial del Partido es el empleo del engaño consciente, conservando a la vez la firmeza de propósito que caracteriza a la auténtica honradez. Decir mentiras a la vez que se cree sinceramente en ellas, olvidar todo hecho que no convenga recordar, y luego, cuando vuelva a ser necesario, sacarlo del olvido sólo por el tiempo que convenga, negar la existencia de la realidad objetiva sin dejar ni por un momento de saber que existe esa realidad que se niega.

Se trata por lo tanto de la habilidad de mantener en la cabeza dos pensamientos contradictorios, uno realista y opuesto a la doctrina del Partido, y otro moldeado y de acuerdo con éste, de manera que la forma de actuar, el comportamiento y el propio pensamiento sea congruente con lo que dictamine el Partido, independientemente de las demás ideas que haya en la mente.

A partir de esta teoría se construyen vocablos como el de Negroblanco (blackwhite), que aplicado a un enemigo se refiere a la costumbre de afirmar descaradamente que lo negro es blanco (contradiciendo la evidencia, que es aquello que el Partido ha prescrito), mientras que si se refiere a un miembro del Partido significa afirmar de buena gana que lo negro es blanco, cuando el Partido así lo indique y Patolengua o Patohabla (duckspeak), esto es emitir palabras desde la laringe sin que participaran en absoluto los centros del cerebro. Igual que otras palabras,  patolengua tenía un significado ambivalente. Siempre y cuando las opiniones que se patolenguaran fueran leales, era una alabanza, así que cuando el Times se refería a un orador del Partido como un patolenguado doblemásbueno le dedicaba un cálido y apreciado elogio.

La iniciativa, en principio representa una gran salto adelante respecto a la dubitativa política seguida hasta el momento en relación con el préstamo de libros electrónicos en bibliotecas, presidida por acciones titubeantes y poco efectivas, como el préstamo de dispositivos de lectura precargados con obras de dominio público que emprendió el Ministerio en un afán por nadar y guardar la ropa en el terreno de lo digital. Que ahora se haya decidido por fin a acometer un verdadero programa de préstamo de libros electrónicos en bibliotecas no deja de ser algo plausible y destacable, que sitúa las políticas públicas bibliotecarias en el buen camino de otros países como Estados Unidos, Canadá, Suecia, etc.

Según el anuncio del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte a partir de principios de 2014 pondrá a disposición de los usuarios de las bibliotecas públicas 200.000 licencias de uso de libros electrónicos. El Ministerio adquirirá ocho lotes diferentes de obras en formato electrónico, diferenciados según temática y público destinatario, y se contratará un servicio informático que posibilitará el acceso a estas colecciones para su consulta temporal o préstamo, de forma similar a como acceden a las colecciones impresas, mediante la descarga a través de de la red. El coste de financiación del servicio asciende a 2.064.000 euros. La puesta en marcha de esta iniciativa, enmarcada en el Plan Estratégico 2012-2015 de la Secretaría de Estado de Cultura, se hará en colaboración con todas las comunidades autónomas y ayuntamientos, que podrán incorporar sus aportaciones propias para completar la colección inicial adquirida por el Estado.

Todo correcto si nos atenemos a la letra de la convocatoria sin analizar el contexto. Una iniciativa que contribuirá a fomentar el consumo legal de contenidos y puede ayudar a normalizar una situación irregular como la que se estaba produciendo con la exclusión de soportes cada vez más importantes, sobre todo entre la población juvenil, de la esfera del préstamo público.

Nada que objetar por lo tanto. El problema surge cuando se lee la “letra pequeña” de la convocatoria o se hace una inmersión entre líneas. Y aquí surgen algunas paradojas. En primer lugar la licitación afecta únicamente a libros en castellano, no contemplándose el gallego, el catalán, el euskera, u otros idiomas para las adquisiciones, obviando la evidencia de la pujante industria editorial autóctona existente en las lenguas cooficiales del castellano. ¿Y si uno de los doce millones de usuarios de las bibliotecas solicita un libro en una de las lenguas cooficiales del estado español que no tiene su biblioteca? En ese caso, la biblioteca respectiva haría la solicitud a la biblioteca de la comunidad donde estaría ese libro en su lengua original. En el caso de solicitudes de libros en lenguas como el gallego, el euskera o el catalán, estas irán al Consejo de Cooperación Bibliotecaria donde se resolverá la petición. Además, aclaran fuentes del Ministerio, las diferentes bibliotecas podrán enriquecer su propio catálogo con los títulos que consideren necesarios. La idea es promover el préstamo interbibliotecario y activar esa red en el sistema de obras digitales.

Por otra parte nos encontramos, con que el esfuerzo económico del Ministerio casi coincide con la detracción de fondos efectuada para la compra de libros físicos en las bibliotecas. De tal manera que la supresión de la partida de 3 millones de euros destinada a cofinanciar la compra de estos en bibliotecas públicas, se compensa con una nueva partida, inferior para la compra de libros digitales, como si fueran productos excluyentes y no concurrentes. Con estos equilibrios el Ministerio viene a dar la razón a quienes sospechan que el libro digital desempeña una función de canibalización del libro físico, cuando su función y cometido es completamente distinta.

Así pues, las redes de bibliotecas gestionadas por las comunidades han dejado de recibir financiación estatal para adquirir libros, pero un volumen equivalente de recursos se destinará a ofrecerles la posibilidad de conectarse a una biblioteca digital gestionada por el Gobierno central y solo con libros en castellano. Eso sí, podrán incorporar un espacio dentro de esta plataforma usando sus recursos.

Los títulos que se pondrían a disposición de los lectores con carnet de biblioteca serían unos 1.200, pero de cada uno se compraría un número concreto de licencias (el equivalente a uno en papel); por cada una puede haber solo un lector activo simultáneamente, y no podría tener otro usuario hasta que finalice su periodo de préstamo. Los libros podrán descargarse en los lectores de libros electrónicos, tabletas, teléfonos o PC del usuario con número de abonado, o leerse en streaming.

Los formatos de lectura pueden ser Epub y Pdf. Queda excluido por lo tanto el lector de libros electrónicos más vendido en España, el Kindle, cuyos usuarios no tendrán acceso a las colecciones de libros electrónicos de las bibliotecas públicas, a menos que opten por cambiar de dispositivo de lectura.

El texto de la convocatoria es muy extenso y habría que analizar con mayor profundidad la distribución temática, en la que, las previsiones iniciales son de 500 títulos para ficción de adultos, que incluye obras de narrativa, poesía y teatro, con la particularidad de que el 60% han de ser de narrativa, el 70% contemporáneas, y el 40% publicadas en el último año. 150 títulos para Ciencia y Tecnología (50), Ciencias Sociales y Humanidades (100); 200 para Salud, Desarrollo Personal, Ocio, Deportes e Informática, 140 para el aprendizaje de idiomas; 200 para la ficción infantil y Juvenil; 150 para la no ficción infantil y juvenil; y 50 audiolibros.

El pliego especifica que al menos el 60% de las obras habrán de ser posteriores a 2008, pero no fija un porcentaje para la distribución de los formatos, por lo que no se garantiza el debido equilibrio entre formatos epub y pdf, del que no se añaden, por otra parte especificaciones de carácter técnico. Por otra parte las obras ofertadas como novedades han de tener una antigüedad máxima de 6 meses.

Finalmente hay que plantearse ¿a quién va dirigida la oferta? o, en otras palabras, ¿Quién puede cumplir las condiciones de la misma?. Según el pliego técnico las empresas que se presenten han de acreditar en alguno de los tres últimos años un volumen de operaciones de al menos 500.000 euros, lo que reduce considerablemente el elenco de los aspirantes. Por la naturaleza de las puntuaciones que se otorgan a la solicitudes se valorara aquellas plataformas que cuenten con unas vinculaciones poderosas con editoriales constituidas, y finalmente, si se efectúa el cociente entre el volumen de la cantidad licitada, las licencias y los títulos que se han de ofertar, el precio medio que se ha de conseguir por obra está en torno a los 8 euros, ahí van incluidos, por supuesto, la gestión de la plataforma, y el beneficio de la empresa adjudicataria. Teniendo en cuenta que un porcentaje elevado de obras han de ser de actualidad la empresa adjudicataria ha de efectuar una especie de cuadratura del círculo para poder cumplir con esos requisitos. ¿Quién esta en condiciones de ello? Xercode, Odilo o pongamos que hablamos de Libranda.

En fin la lectura de esta convocatoria proporciona la ambivalente sensación de interés por ver cómo se va resolviendo el problema del préstamo de libros electrónicos en las bibliotecas públicas, y de desánimo al comprobar la otra cara del problema, esto es la drástica reducción de presupuestos para organismos nucleares en la difusión de la cultura. Un doblepensar, o dobleactuar ministerial difícilmente conciliable.


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jcordon
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