Siglo XX

El aumento de la población con el consiguiente incremento de las roturaciones y las desamortizaciones civil y eclesiástica nos va a llevar a la privatización de buena parte de la propiedad comunal y a la consolidación de grandes propiedades en manos laicas. El aumento de la población conduce a una carencia de tierras de labor, tanto propias como comunales. La solución es sustituir el sistema de cultivo al tercio por el de año y vez.

El terreno comunal es de escasa productividad y el incremento de la superficie no palia las necesidades, pero sí permite unos mínimos niveles de subsistencia, de ahí que el pueblo trate de conservarlos cuando el estado intenta vender esos terrenos. Ocurre esto con las leyes desamortizadoras de Madoz en 1855 y 1856, muchos pueblos lograron conservar sus tierras comunales. Bermillo compró Corporales (1877), Muga Sobradillo (1822) y Fernandiel (190.), Palazuelo Sobradillo (190.), Moralina Trabanquina, Torregamones Villanueva la mal Asentada,…. y esto duró hasta 1950 con Villar del Buey, Roelos, Pasariegos, Abelón (la Albañeza).

Está comprobada la venta de parcelas concretas por los ayuntamientos, son los arrayos, salpican el espacio exterior al de las cortinas, tienen forma rectangular, y suelen estar sin paredes, eran comprados por los vecinos más acomodados.

Con la desamortización de Mendizabal, de 1836 a 1845, las dehesas de Sayago van a pasar de un dueño a otro sin que los sayagueses puedan adquirirlas, pues no se podían dividir. Sólo la de Sobradillo de las Garzas, adquirida por Muga a través de un apoderado, es una excepción.

Entre 1940 y 1970

Los valles más llanos servían de eras durante la trilla, repartidos también de forma comunal mediante sorteo de parcelas. El labrantío era repartido anualmente en quiñones o labranzas y cultivado según el sistema de año y vez. Estos quiñones repartidos se han dedicado siempre al cultivo de centeno, sin emplear normalmente ningún tipo de abono. Una vez recogida la cosecha, el aprovechamiento de las rastrojeras por parte de los ganados se hacía de forma comunal. Esto era posible gracias al sistema de dos hojas.

Los animales esenciales de la economía sayaguesa son ovejas, vacas y cerdos. En los años 50 el ganado porcino mayoritario era de raza ibérica, hoy prácticamente desaparecido. Por lo que respecta al vacuno, en la época que nos ocupa era casi exclusivamente de la raza autóctona sayaguesa. La vaca sayaguesa se utilizaba básicamente como fuerza de tiro y trabajo, sin participación de los toros ni bueyes. La poca producción de leche quedaba reducida para las crías, y muy ocasionalmente para el consumo familiar. En cuanto al ganado ovino, hay presencia mayoritaria de una subraza autóctona, la churra sayaguesa, cada vez más desplazada por la raza castellana. Se aprovechaba su lana y se vendían pocos corderos o carneros capados, y los animales viejos. El abono producido por este ganado mediante el “majadeo” era fundamental. Casi nadie ordeñaba en estos años.