Edad Moderna

La roturación del monte y el origen del labrantío comunal constituye una etapa intermedia que sigue a la roturación de prados y al origen de las cortinas. En la segunda mitad del XV nos encontramos vecinos que poseen cortes y cuyo ganado pastorea en las tierras comunales. Una parte importante del resto de los habitantes no posee tierras propias, son renteros o asalariados, van a tratar de escapar a esta condición económica roturando y haciendo propios ejidos, baldío y monte comunal. Como hemos visto, las ordenanzas prohibirán estas actuaciones. No vuelven a aparecer textos hasta el siglo XVIII, y entonces ya se reparten esas tierras comunales. ¿Que ha ocurrido?

Pues quizá la respuesta esté en la necesidad de resolver la demanda de tierras, dando solución a los moradores y manteniendo a la vez el aprovechamiento de las rastrojeras, del que eran los más beneficiados los ricos ganaderos. A pesar de todo quedarían fuera de esos repartos los moradores que no tuviesen ganado de labor y que tampoco hubieran participado en la roturación y apropiación de los comunales.

Casi todos los vecinos poseían dos o más vacas, y uno o dos cerdos de ceba. Ya no es así la igualdad para con las ovejas y las yeguas, las últimas era un lujo poseerlas. El pueblo debía repartirse equitativamente los impuestos, pagando cada uno la parte proporcional correspondiente. Suele haber relación directa entre el número de ganado y las tierras poseídas.