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Cómo no escribir sobre bibliotecas – Pautas para periodistas

Traducción: SOFÍA GONZÁLEZ RUIZ (2016)

(Jessamyn West (2012): “How not to write about libraries – some guidelines for reporters“. Librarian.net)

Lo sabemos, los tiempos son difíciles y el ámbito público se está reduciendo en Estados Unidos y en otros países. Hay bibliotecas abiertas en todos sitios realizando su labor y su ciclo de financiación es gradual, corto y depende de los antojos de algunas personas, a veces misteriosas. El sistema de la biblioteca pública es de todos y hay mucho de qué hablar; en él suceden un gran número de cosas. Muchas personas tienen opiniones firmes sobre cómo se usan los espacios públicos, cómo se gasta el dinero público y sobre la biblioteca en cuestión. El ciclo de noticias está presente las 24 horas y hay que rellenar tanto páginas en papel como en ordenador. Eso es genial, a menudo nos encanta vuestra atención.

           

Al mismo tiempo, hay una serie de tropos que no nos hacen ningún favor. Parece que no os hayáis documentado o que caigáis en el tópico fácil y que hace que parezcamos personas que no saben aguantar una broma bien intencionada (la cual hemos escuchado por milésima vez). Consigamos llegar a un punto donde todos nos sintamos bien por el gran esfuerzo. Aquí os dejamos algunas sugerencias, espero que esta lista, que sigue el modelo de «Cómo no escribir una crítica de comics», les sea de ayuda. Se llama «Cómo no escribir sobre bibliotecas».

 

1. Vuestras bromas sobre las bibliotecas cansan, aunque sean nuevas para vosotros

Es casi imposible que hagáis un juego de palabras sobre las bibliotecas que no se haya hecho antes un millón de veces, incluso algo que suene moderno, como un plagio de las «novelas gráficas para adultos». Es probable que estéis molestos porque os hayan asignado el trabajo de escribir sobre la crisis de financiación de las bibliotecas, pero no lo paguéis con nosotros y notificádselo al escritor del titular también, por favor. Sabemos que lo hacéis lo mejor que podéis. Sin embargo, nunca deberíamos ver un «pasa de página» o «empieza un nuevo capítulo» cuando se ha construido un nuevo edificio o cuando un bibliotecario consigue un nuevo trabajo, se jubila o muere. Tampoco queremos escuchar ningún juego de palabras sobre bollitos, chitón, Dewey o gatos. ¿Esa historia sobre el «libro atrasado que se devuelve años después»? Ya la hemos escuchado ya antes, gracias.

 

2. Dejad ya de criticar nuestro fondo de armario

Intentas trabajar noches y fines de semana en un edificio emblemático con un sistema de calefacción y de refrigeración que data de los tiempos de la Maricastaña. Llevar un traje de lana y más capas que una cebolla es práctico e inteligente, como lo es mantener el pelo fuera de la cara para cuando nos toca gatear debajo de nuestro escritorio para pelearnos con el ordenador. El 64% de los estadounidenses llevan gafas de ver; este porcentaje aumenta a un 90% después de cumplir los 49. Nuestra miopía no se debe a ese tópico ilógico «de tanto leer», somos normales. Decir «¡Dios mío, también pueden ser guapos!» no es en realidad una buena respuesta a esto.

Según ha avanzado la profesión, siempre hemos sido guapos, detractores de la censura y hemos tenido una visión positiva del sexo.

 

3. No todos somos mujeres, ni mucho menos.

En 2008, el 80% de los nuevos graduados era mujeres y el 20% era hombres. Sin embargo, el año pasado era del 78% y 22% respectivamente: el intervalo se está reduciendo. Tenemos un historial étnico muy heterogéneo y hablamos varios idiomas. Quedamos y nos casamos con personas muy distintas. Una buena parte de nosotros se encuentra fuera de las bibliotecas escolares y comparte las mismas características que cualquier otra persona en nuestro círculo de colegas: tatuajes, piercings, la afición a los cócteles. Por otro lado, muchos de nosotros no estamos fuera de la biblioteca escolar y nos gustan las mismas cosas. Nada raro. La diversidad es importante en cualquier tipo de puesto en el sector público cuando trabajas para el público general; por favor, intenta respetar y representar la diversidad de nuestra población tal y como existe en el mundo real y no como existía en las películas de hace treinta o incluso cincuenta años.

 

4. Mucha gente diferente trabaja en una biblioteca

Esta cuestión surge frecuentemente cuando se comete un delito u otro escándalo en una biblioteca y se entrevista a alguien al que se refieren constantemente como «bibliotecario» y más tarde resulta ser un bedel, un voluntario o quizá tan solo un cliente parlanchín. Los bibliotecarios (normalmente) trabajan en las bibliotecas, pero no todos los que trabajan en ellas son bibliotecarios. Existen muchas escuelas de pensamiento sobre la importancia de realizar estas distinciones y a pesar de que no esperamos que entiendas el sutil matiz de las diferencias entre un bibliotecario de referencias y un catalogador, o entre el auxiliar y el archivero, es simplemente importante saber que hay muchos tipos de puestos de trabajos en las bibliotecas y no todos son «bibliotecarios». Si no estáis seguros del nombre del cargo que tiene la persona con la que habláis, deberíais preguntar. No todos los bibliotecarios profesionales tienen un título de máster de instituciones acreditadas. La gente llama a este nivel de grado «escuela de bibliotecas» y los graduados tienen desde un Máster en Biblioteconomía (el mío) hasta un máster en Documentación, uno en Dirección de Sistemas de Información o uno en Biblioteconomía y Documentación.

 

5. Hay cosas increíbles escondidas en colecciones especiales

… y la oportunidad de verlas disminuye si calificáis de forma continua los archivos de la biblioteca como polvorientos, mohosos, apestosos, desordenados, o completamente repletos de hobbits y seres mágicos, extrañas y misteriosas criaturas que no encajan con las costumbres humanas.

Presentaos, invertid algo de tiempo en eso y es probable que veáis y aprendáis algunas de las maravillas de vuestra localidad, vuestros vecinos o vuestra institución académica.

 

 

6. Nadie con un mínimo de credibilidad piensa «Está todo en Internet» y hay razones por las que no todo está en Internet.

Esto es un argumento humano FALSO sin fundamento, así que no debéis volver a sacarlo a relucir. Hay razones de peso de que el impulso de la creciente digitalización será una buena práctica para la sociedad, que busca cada vez más satisfacer sus necesidades informativas de forma online. Sin embargo, estamos aún muy lejos de ese punto, a pesar de que la división digital es auténtica y fantástica. Que no se pueda acceder a los depósitos de información de los proveedores sin pago o contraseña nos molesta tanto, o incluso más, de lo que os molesta a vosotros. Intentamos ayudar a la gente para que acceda a la información que quiere y necesita. Sentimos que el cambio al contenido digital esté causando problemas en los balances de algunos negocios, pero siempre hemos sido los mejores clientes de las editoriales y esto cambiará sólo si ellos lo potencian. También preferiríamos que la gestión de los derechos digitales fuera menos pesada. Estaríamos felices de hablar con vosotros detenidamente de por qué es más fácil comprar algo en Amazon para uso personal que pedirlo prestado de la biblioteca en tu Kindle. Culpad al copyright y al capitalismo, no al bibliotecario.

 

7. El asunto del dinero es complicado, tomaos vuestro tiempo para entenderlo.

Las bibliotecas se financian de forma diferente según el estado y a veces según el condado. Escribir un artículo sobre la «crisis» de la financiación, cuando tan sólo se trata de un posible ajuste presupuestario, nos hace daño a todos y gritamos histéricos «el final está cerca». Dar a la gente información verídica sobre lo que está pasando con y al presupuesto y las razones de ello sería de gran ayuda. Más información y menos malos augurios, por favor. Y, como siempre, si necesitáis los números, estamos encantados de dároslos, son públicos. Las bibliotecas públicas celebran de forma regular encuentros organizados por la junta de bibliotecas estadounidense (la cual gestiona los servicios de las bibliotecas), que están abiertos al público y su asistencia resulta muy útil si este tipo de cosas te interesan.

 

8. No todas las bibliotecas son públicas

Yo trabajo en una biblioteca pública y también he caído en esta trampa.

La creación del sistema de bibliotecas públicas en EEUU se basa en la descentralización y en la asistencia mutua, pero no es el único sistema de bibliotecas en los Estados Unidos.

Hay bibliotecas en los colegios, bibliotecas académicas (escuelas profesionales y universidades), de derecho, de medicina, de los hospitales, otras especiales… Todas ellas tienen sus propios sistemas, procedimientos, reglamentos, objetivos y asociaciones profesionales. Aseguraos de que cuando estéis escribiendo sobre una biblioteca en concreto, no le estéis atribuyendo los valores y tradiciones de otra completamente diferente.

 

9. Todo el público es bienvenido en las bibliotecas públicas

Lo cual incluye la clase de personas que puede que no os guste u os parezca desagradable. Y posiblemente personas a las que vosotros también les parezcáis desagradables. Con un par de excepciones, la gente que pasa días enteros o semanas en la biblioteca o que miran cosas en los ordenadores que a mucha gente le parece que lo podrían estar viendo en privado, lo hacen también porque no tienen mejores opciones. Esto es un gran problema social e intentamos ayudar y sacar lo mejor de una situación difícil en la estructura de nuestros objetivos, políticas y procedimientos. La situación es complicada y merece algo mejor que el titular: «¡Porno en la biblioteca!»

 

10. Las bibliotecas están llenas de sonidos divertidos

No siempre, pero lo suficiente como para despedirse del cuento sobre los ruidos de queja, del shhhh y del «SILENCIO, POR FAVOR». Mientras intentamos tener espacios que se adapten tanto a las lecturas en silencio como a los inquietos cuentacuentos y a los proyectos en grupos, el acercamiento de las bibliotecas a este asunto es tan variado como nuestros edificios. Casi todos los sondeos de popularidad apuntan que las bibliotecas están ahora en su mejor momento y que todavía son instituciones culturales muy queridas que están por y para cualquier persona. Los artículos sobre nuestro fin son muy exagerados, especialmente en Internet.

 

Sin embargo es cierto que a la mayoría de nosotros nos gustan los gatos y generalmente no odiamos Wikipedia.

 

Aquí os dejo otras fuentes de información sobre las bibliotecas en Estados Unidos:

 

- Declaración de derechos de la Asociación de Bibliotecas de Estados Unidos.

- Hoja informativa de la Asociación de Bibliotecas de Estados Unidos.

- La sección de estadísticas e investigación de la Asociación de Bibliotecas de Estados Unidos, que incluye la bibliografía de la rentabilidad de la inversión de la biblioteca.

- Informe del Instituto de Servicios de Museos y Bibliotecas de Estados Unidos.

- El informe de State of American Libraries de la Asociación de Bibliotecas de Estados Unidos.

- Sondeo de Contratación y Salarios del Library Journal.

 

 

 

 

 

 

Traductora:

Sofía González Ruiz

Revisora:

Ana María Crespo Gómez

Enlace a la página original:

http://www.librarian.net/stax/3920/how-not-to-write-about-libraries-some-guidelines-for-reporters/

 

Cómo no escribir sobre bibliotecas – Pautas para periodistas

 

Lo sabemos, los tiempos son difíciles y el ámbito público se está reduciendo en Estados Unidos y en otros países. Hay bibliotecas abiertas en todos sitios realizando su labor y su ciclo de financiación es gradual, corto y depende de los antojos de algunas personas, a veces misteriosas. El sistema de la biblioteca pública es de todos y hay mucho de qué hablar; en él suceden un gran número de cosas. Muchas personas tienen opiniones firmes sobre cómo se usan los espacios públicos, cómo se gasta el dinero público y sobre la biblioteca en cuestión. El ciclo de noticias está presente las 24 horas y hay que rellenar tanto páginas en papel como en ordenador. Eso es genial, a menudo nos encanta vuestra atención.

           

Al mismo tiempo, hay una serie de tropos que no nos hacen ningún favor. Parece que no os hayáis documentado o que caigáis en el tópico fácil y que hace que parezcamos personas que no saben aguantar una broma bien intencionada (la cual hemos escuchado por milésima vez). Consigamos llegar a un punto donde todos nos sintamos bien por el gran esfuerzo. Aquí os dejamos algunas sugerencias, espero que esta lista, que sigue el modelo de «Cómo no escribir una crítica de comics», les sea de ayuda. Se llama «Cómo no escribir sobre bibliotecas».

 

1. Vuestras bromas sobre las bibliotecas cansan, aunque sean nuevas para vosotros

Es casi imposible que hagáis un juego de palabras sobre las bibliotecas que no se haya hecho antes un millón de veces, incluso algo que suene moderno, como un plagio de las «novelas gráficas para adultos». Es probable que estéis molestos porque os hayan asignado el trabajo de escribir sobre la crisis de financiación de las bibliotecas, pero no lo paguéis con nosotros y notificádselo al escritor del titular también, por favor. Sabemos que lo hacéis lo mejor que podéis. Sin embargo, nunca deberíamos ver un «pasa de página» o «empieza un nuevo capítulo» cuando se ha construido un nuevo edificio o cuando un bibliotecario consigue un nuevo trabajo, se jubila o muere. Tampoco queremos escuchar ningún juego de palabras sobre bollitos, chitón, Dewey o gatos. ¿Esa historia sobre el «libro atrasado que se devuelve años después»? Ya la hemos escuchado ya antes, gracias.

 

2. Dejad ya de criticar nuestro fondo de armario

Intentas trabajar noches y fines de semana en un edificio emblemático con un sistema de calefacción y de refrigeración que data de los tiempos de la Maricastaña. Llevar un traje de lana y más capas que una cebolla es práctico e inteligente, como lo es mantener el pelo fuera de la cara para cuando nos toca gatear debajo de nuestro escritorio para pelearnos con el ordenador. El 64% de los estadounidenses llevan gafas de ver; este porcentaje aumenta a un 90% después de cumplir los 49. Nuestra miopía no se debe a ese tópico ilógico «de tanto leer», somos normales. Decir «¡Dios mío, también pueden ser guapos!» no es en realidad una buena respuesta a esto.

Según ha avanzado la profesión, siempre hemos sido guapos, detractores de la censura y hemos tenido una visión positiva del sexo.

 

3. No todos somos mujeres, ni mucho menos.

En 2008, el 80% de los nuevos graduados era mujeres y el 20% era hombres. Sin embargo, el año pasado era del 78% y 22% respectivamente: el intervalo se está reduciendo. Tenemos un historial étnico muy heterogéneo y hablamos varios idiomas. Quedamos y nos casamos con personas muy distintas. Una buena parte de nosotros se encuentra fuera de las bibliotecas escolares y comparte las mismas características que cualquier otra persona en nuestro círculo de colegas: tatuajes, piercings, la afición a los cócteles. Por otro lado, muchos de nosotros no estamos fuera de la biblioteca escolar y nos gustan las mismas cosas. Nada raro. La diversidad es importante en cualquier tipo de puesto en el sector público cuando trabajas para el público general; por favor, intenta respetar y representar la diversidad de nuestra población tal y como existe en el mundo real y no como existía en las películas de hace treinta o incluso cincuenta años.

 

4. Mucha gente diferente trabaja en una biblioteca

Esta cuestión surge frecuentemente cuando se comete un delito u otro escándalo en una biblioteca y se entrevista a alguien al que se refieren constantemente como «bibliotecario» y más tarde resulta ser un bedel, un voluntario o quizá tan solo un cliente parlanchín. Los bibliotecarios (normalmente) trabajan en las bibliotecas, pero no todos los que trabajan en ellas son bibliotecarios. Existen muchas escuelas de pensamiento sobre la importancia de realizar estas distinciones y a pesar de que no esperamos que entiendas el sutil matiz de las diferencias entre un bibliotecario de referencias y un catalogador, o entre el auxiliar y el archivero, es simplemente importante saber que hay muchos tipos de puestos de trabajos en las bibliotecas y no todos son «bibliotecarios». Si no estáis seguros del nombre del cargo que tiene la persona con la que habláis, deberíais preguntar. No todos los bibliotecarios profesionales tienen un título de máster de instituciones acreditadas. La gente llama a este nivel de grado «escuela de bibliotecas» y los graduados tienen desde un Máster en Biblioteconomía (el mío) hasta un máster en Documentación, uno en Dirección de Sistemas de Información o uno en Biblioteconomía y Documentación.

 

5. Hay cosas increíbles escondidas en colecciones especiales

… y la oportunidad de verlas disminuye si calificáis de forma continua los archivos de la biblioteca como polvorientos, mohosos, apestosos, desordenados, o completamente repletos de hobbits y seres mágicos, extrañas y misteriosas criaturas que no encajan con las costumbres humanas.

Presentaos, invertid algo de tiempo en eso y es probable que veáis y aprendáis algunas de las maravillas de vuestra localidad, vuestros vecinos o vuestra institución académica.

 

 

6. Nadie con un mínimo de credibilidad piensa «Está todo en Internet» y hay razones por las que no todo está en Internet.

Esto es un argumento humano FALSO sin fundamento, así que no debéis volver a sacarlo a relucir. Hay razones de peso de que el impulso de la creciente digitalización será una buena práctica para la sociedad, que busca cada vez más satisfacer sus necesidades informativas de forma online. Sin embargo, estamos aún muy lejos de ese punto, a pesar de que la división digital es auténtica y fantástica. Que no se pueda acceder a los depósitos de información de los proveedores sin pago o contraseña nos molesta tanto, o incluso más, de lo que os molesta a vosotros. Intentamos ayudar a la gente para que acceda a la información que quiere y necesita. Sentimos que el cambio al contenido digital esté causando problemas en los balances de algunos negocios, pero siempre hemos sido los mejores clientes de las editoriales y esto cambiará sólo si ellos lo potencian. También preferiríamos que la gestión de los derechos digitales fuera menos pesada. Estaríamos felices de hablar con vosotros detenidamente de por qué es más fácil comprar algo en Amazon para uso personal que pedirlo prestado de la biblioteca en tu Kindle. Culpad al copyright y al capitalismo, no al bibliotecario.

 

7. El asunto del dinero es complicado, tomaos vuestro tiempo para entenderlo.

Las bibliotecas se financian de forma diferente según el estado y a veces según el condado. Escribir un artículo sobre la «crisis» de la financiación, cuando tan sólo se trata de un posible ajuste presupuestario, nos hace daño a todos y gritamos histéricos «el final está cerca». Dar a la gente información verídica sobre lo que está pasando con y al presupuesto y las razones de ello sería de gran ayuda. Más información y menos malos augurios, por favor. Y, como siempre, si necesitáis los números, estamos encantados de dároslos, son públicos. Las bibliotecas públicas celebran de forma regular encuentros organizados por la junta de bibliotecas estadounidense (la cual gestiona los servicios de las bibliotecas), que están abiertos al público y su asistencia resulta muy útil si este tipo de cosas te interesan.

 

8. No todas las bibliotecas son públicas

Yo trabajo en una biblioteca pública y también he caído en esta trampa.

La creación del sistema de bibliotecas públicas en EEUU se basa en la descentralización y en la asistencia mutua, pero no es el único sistema de bibliotecas en los Estados Unidos.

Hay bibliotecas en los colegios, bibliotecas académicas (escuelas profesionales y universidades), de derecho, de medicina, de los hospitales, otras especiales… Todas ellas tienen sus propios sistemas, procedimientos, reglamentos, objetivos y asociaciones profesionales. Aseguraos de que cuando estéis escribiendo sobre una biblioteca en concreto, no le estéis atribuyendo los valores y tradiciones de otra completamente diferente.

 

9. Todo el público es bienvenido en las bibliotecas públicas

Lo cual incluye la clase de personas que puede que no os guste u os parezca desagradable. Y posiblemente personas a las que vosotros también les parezcáis desagradables. Con un par de excepciones, la gente que pasa días enteros o semanas en la biblioteca o que miran cosas en los ordenadores que a mucha gente le parece que lo podrían estar viendo en privado, lo hacen también porque no tienen mejores opciones. Esto es un gran problema social e intentamos ayudar y sacar lo mejor de una situación difícil en la estructura de nuestros objetivos, políticas y procedimientos. La situación es complicada y merece algo mejor que el titular: «¡Porno en la biblioteca!»

 

10. Las bibliotecas están llenas de sonidos divertidos

No siempre, pero lo suficiente como para despedirse del cuento sobre los ruidos de queja, del shhhh y del «SILENCIO, POR FAVOR». Mientras intentamos tener espacios que se adapten tanto a las lecturas en silencio como a los inquietos cuentacuentos y a los proyectos en grupos, el acercamiento de las bibliotecas a este asunto es tan variado como nuestros edificios. Casi todos los sondeos de popularidad apuntan que las bibliotecas están ahora en su mejor momento y que todavía son instituciones culturales muy queridas que están por y para cualquier persona. Los artículos sobre nuestro fin son muy exagerados, especialmente en Internet.

 

Sin embargo es cierto que a la mayoría de nosotros nos gustan los gatos y generalmente no odiamos Wikipedia.

 

Aquí os dejo otras fuentes de información sobre las bibliotecas en Estados Unidos:

 

- Declaración de derechos de la Asociación de Bibliotecas de Estados Unidos.

- Hoja informativa de la Asociación de Bibliotecas de Estados Unidos.

- La sección de estadísticas e investigación de la Asociación de Bibliotecas de Estados Unidos, que incluye la bibliografía de la rentabilidad de la inversión de la biblioteca.

- Informe del Instituto de Servicios de Museos y Bibliotecas de Estados Unidos.

- El informe de State of American Libraries de la Asociación de Bibliotecas de Estados Unidos.

- Sondeo de Contratación y Salarios del Library Journal.

 

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