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¿Bibliotecas con precio libre, una práctica en la que profundizar?

Traducción: FRANCISCA SÁNCHEZ MORENO (2015)

(SILVAE (2015): “Bibliothèques à prix libres, une piste à creuser ?”. Bibliobsession)

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Precio libre por una expresión libre

 

Los bienes culturales son bienes de experiencias o bienes de prototipos: es difícil prever su éxito a escala global. A escala individual ocurre algo parecido, ¿cómo puedes saber si un cómic te va a gustar antes de leerlo? Por supuesto todo el trabajo de recomendación y mediación digital está ahí para contribuir a orientar los descubrimientos. Dada la diversidad de obras existente, hay que reconocer que se trata de una labor inmensa, y éste es el objetivo de los dispositivos de mediación digital [en francés].

¿Quién no ha sentido nunca un entusiasmo delirante por algún autor al girar la última página o, por el contrario, la amarga sensación de haber sido engañado tras ver una película que no estaba al nivel que esperábamos? ¿Por qué no transformar esas sensaciones en la entrega o no de donativos? Los donativos están muy relacionados con la caridad, tanto como nosotros estamos acostumbrados a los precios fijos, y es por esto que pensamos en replantear su relación con la creación artística. Este razonamiento sólo se toma por válido en los casos donde existen políticas públicas de apoyo a la creación, nada más lejos que un financiamiento exclusivo por precios libres.

En 2007, el grupo Radiohead probó con su álbum la experiencia del PWYW (Paga lo que quieras) (Pay what you want) o de precio libre. El resultado fue muy positivo, ya que este disco produjo más dinero que el anterior. Los detractores del método alegaron que el grupo ya era conocido, lo cual había facilitado la experiencia. Seguramente es cierto, sin embargo, no dicen que otros repitieron con este sistema. La página web Framasoft publicó un reportaje del músico Andy Othling [en inglés], guitarrista de gira de Future of Forestry [en francés]. Este artista registró sus álbumes personales con el nombre Lowercase Noises [en inglés] y durante 24 horas dio acceso gratuito a su música. Él mismo ha hecho el balance sobre su experiencia:

Probablemente os preguntéis qué ha supuesto para mí la experiencia en términos de rentabilidad. Yo preveía una caída de los ingresos, ya que es lo que se espera normalmente cuando se empiezan a distribuir las cosas sin pedir una contrapartida. Pero lo que ocurrió fue que ingresé dos veces más en un sólo día de lo que solía ganar en un mes. Sí, exacto, habéis leído bien. En un día obtuve más beneficio que en dos meses en época normal.

Yo en realidad no soy capaz de explicarlo bien, pero pienso que tuvo mucho que ver con la generosidad recíproca. La gente pareció apreciar realmente que yo tuviera este gesto y respondieron dando más de lo que habían dado antes. Me quedé estupefacto por todos aquellos que decidieron dar más del precio que el álbum les habría costado el día anterior.

Lo más importante: los contactos

 Ganar más dinero está genial, pero en mi opinión este no es el mayor logro de estaexperiencia.

Podéis constatar que yo, en un día, añadí más de 450 nombres a mi libreta de contactos. Esto son 450 nombres que en el futuro podrían suponer un beneficio para mí, y 450 personas más que a su vez pueden transmitir la información si nunca llego a repetir este tipo de operación. Esto, en mi opinión, es mucho más importante que el dinero.

Por supuesto esta experiencia se acerca a una actividad de promoción, aunque la consecuencia de estas operaciones no es una ganancia económica, sino de notoriedad.

Otros grupos de música han practicado el precio libre de forma más sistemática. Es el caso del grupo de música quebequés Misteur Valaire [en francés], ya que podemos descargarnos su último álbum al precio que deseemos [en francés]. El manager posee un blog en el que va publicando  su experiencia con esta política [en francés]. En el blog hemos descubierto que la venta a precio libre ha generado más dinero que la venta digital en el mismo periodo de tiempo, pero mucho menos que la venta de soportes físicos que no era, según opina él, a precio libre.

Podríamos hablar de muchos otros ejemplos, como es el caso de diversos festivales que ya empiezan a practicar el precio libre. Lo esencial es que nos quedemos con que el precio libre pone de relieve la adhesión de una comunidad a un servicio y se presenta como una operación de menor riesgo económico, pero lo suficientemente original para que se tenga en cuenta y dé notoriedad.

Lo más importante es que estas experiencias de precio libre permiten aprender a la gente a distinguir el valor del precio. El bloguero Lionel Triclot, alias @ploum explica muy bien este concepto [en francés] cuando habla del servicio micro-donativos Flattr, al que volveré más tarde.

La mayor implicación de este sistema es que el mercado fija un precio único y universal para cada bien o servicio. Este precio es el reflejo del valor, y el valor es el reflejo del precio. De esta forma, si valor y precio son sinónimos, aquello que es gratuito no tiene ningún valor. Todos pagaríamos muy cara la oportunidad de escuchar a un virtuoso interpretar un concierto en una sala elegante, pero, si el mismo artista tocara en el metro, apenas llamaría nuestra atención. Es gratuito. No tiene valor. El precio y el valor son únicos, fijos e idénticos.

Por este motivo, los autores siempre han tenido mucho miedo a ver sus creaciones disponibles de forma gratuita, ya que esto haría desaparecer su valor. Yo mismo considero que mi blog no tiene valor, esperando escribir algún día un verdadero libro que se venda por dinero, con el fin de dar valor a mis textos. Cuando me uní a Flattr [en francés], en 2010, sólo lo veía como una forma para que algunos de mis lectores me dieran la voluntad.

Pero, a través de Flattr, me habéis demostrado que me equivocaba. Habéis llegado a enseñarme que el valor puede ser relativo. Un texto puede aportar mucho a una persona y menos a otra. ¿No es injusto que paguen el mismo precio cuando han recibido un valor diferente? De la misma forma un precio puede ser un verdadero sacrificio para una persona con ingresos limitados y puede ser insignificante para otra más acomodada. ¿No es esto un factor de desigualdad? La solución que vosotros, amigos lectores, me habéis mostrado gracias a vuestro apoyo en Flattr fue la del precio libre. No sólo existen el precio fijo o la caridad, hay una tercera vía: el precio libre [en francés]. Yo os doy la confianza de pagar lo que consideréis justo según vuestra situación y el valor que os aporte.

Me gusta mucho la redefinición de valor aportada por esta tercera vía del precio libre. ¿Qué ocurriría si la suscripción a una biblioteca fuera por precio libre?

¿Establecer el sistema de precio libre para la suscripción en bibliotecas?

En los debates que surgen habitualmente en torno a la fijación de tarifas de las bibliotecas (gratuitas vs de pago a precios fijos), aquellos que apoyan el pago insisten a menudo en la responsabilidad de los usuarios (pagar supone darse cuenta de que el servicio tiene un coste para la comunidad). Por tanto, el coste que paga el usuario no tiene nada que ver con el coste real del servicio. Al igual que en la piscina o la cantina escolar se pagan unas tarifas sociales, y los usuarios las perciben como tal. La responsabilidad en este caso se hace más obligada, justamente porque el precio está conectado con el valor del servicio ofertado.

Hemos visto que los contenidos artísticos difundidos por bibliotecas son un terreno muy favorable para la expresión pecuniaria del reconocimiento…Yo me pregunto qué ocurriría en las bibliotecas si se propusieran precios de suscripción libres. Los ciudadanos que quisieran sostener este servicio público encontrarían ahí un medio para hacerlo, y de un modo que se aleja del donativo, marcado desde siempre por la caridad. Mientras, aquellos que quieran beneficiarse de un servicio completamente gratuito podrían seguir disfrutándolo. Desde el punto de vista de la eficiencia en los servicios públicos, y para que se lleve a cabo una buena gestión, los costes inducidos por la tarificación (controlados por el servicio público y el tiempo de un agente haciendo transacciones) deberían ser inferiores a las sumas percibidas…Para las comunidades este sistema también serviría para medir el grado de adhesión a este servicio público, por la cantidad del valor percibido de los usuarios de los servicios ofrecidos.

En los últimos años, la crisis ha llevado a diversos países a desarrollar estudios que les permitieran medir la amortización de la inversión de una biblioteca [en francés], para así poder debatir acerca de su utilidad social y económica. La tendencia es inquietante, pero muestra que los responsables esperan algo más que los argumentos acerca del interés general. La época donde la cultura podía sobrevivir sin raciocinio económico ha pasado… No obstante, existe una norma para medir los impactos sociales y económicos de las bibliotecas, se trata de la norma ISO 16439:2014 Información y documentación — Métodos y procedimientos para evaluar el impacto de las bibliotecas [en francés], de la que tendré ocasión de hablar más adelante.

Este tipo de estudios, como por ejemplo el que  Fesabib [en francés] (Federacion Española de Sociedades de Archivistica, Biblioteconomia, Documentacion y Museistica)  realizó en España, mostraba al conjunto de bibliotecas españolas su estado o cuál era su público objetivo. Además, permitía entrever de forma indirecta lo que pasaría si se practicara el precio libre. En efecto, cuando se pregunta a un grupo de usuarios que estime el valor que perciben por los servicios ofrecidos por una biblioteca y lo comparamos con el presupuesto necesario en el ámbito privado para los mismos servicios y después con los presupuestos reales obtenemos este tipo de gráfico que, en mi opinión, está bastante a favor de mantener unos servicios públicos de calidad…

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Vea la contribución económica y social de las librerías por año estimada en millones de euros

 

Por el contrario, aquellos que apoyan un sistema de acceso a la biblioteca completamente gratuito insisten en la facilidad de acceso. Ahora bien, la suscripción anual a las bibliotecas es un pago que se ha socializado con impuestos, ya que el acceso fácil a obras y contenidos se concibe de interés general. Por ello, se llevaron a cabo políticas públicas de acceso a la información y los servicios públicos se pagan a un precio que no tiene nada que ver con el coste real del servicio. No obstante, todos sabemos que una de las grandes dificultades de los países desarrollados es mantener el interés por pagar un impuesto y desarrollar a la vez la percepción de su utilidad social… ¿y si el precio libre de la suscripción de la biblioteca fuera una forma de afirmar que la biblioteca podría ser gratuita pero debe ser financiada por la comunidad? ¿Y si el valor percibido (elevado por lo general) permitiera generar ingresos para mejorar las bibliotecas?

Por lo que conozco, nadie ha tenido la audacia de poner en práctica el precio libre en un servicio público. Por tanto, la experiencia sería mucho más fácil de llevar a cabo, ya que los ingresos de suscripciones no representan en la mayoría de casos un argumento suficiente para imponer un precio fijo a todos…

¿Qué pensáis vosotros? ¿Conocéis experiencias de servicios públicos con precios libres?

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