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Facultad6

Utilizar Linux en las bibliotecas

Traducción: MARÍA SANTAMARTA CABALLERO (2016)

(Thomas Fourmeux (2015): “Utiliser Linux en bibliothèque”. Biblio Numericus)

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Cámara de seguridad paloma fuente Pixabay CC0

Continúo con  mi serie de entradas sobre la privacidad de los usuarios y sobre la protección de datos personales en las bibliotecas. Esta semana el Library Journal ha publicado el artículo «Linux privacy essentials», en el que el autor relata su experiencia con un sistema operativo libre de código abierto en su biblioteca.

Cuck McAndrew parte de la base de que proporcionar acceso a Internet a los usuarios se ha convertido en un servicio básico indispensable.  No obstante, garantizar la seguridad a un precio razonable constituye un verdadero reto. Mantener a salvo la privacidad en ordenadores públicos compartidos por una multitud de usuarios representa un problema con el que los bibliotecarios tienen que lidiar día a día.  ¿Cuántos de ellos dejan la sesión iniciada? ¿Cuántos olvidan desconectarse de la bandeja de entrada del correo?

Como explica el autor, la biblioteca ha instalado un sistema operativo libre en los ordenadores públicos.  Los sistemas operativos propietarios como Windows presentan problemas en cuanto al coste. Pero la elección de la biblioteca ha sido sobre todo por razones éticas.  De hecho, los softwares propietarios son propensos a la vigilancia y, por consiguiente, el aprovechamiento de los datos personales de los usuarios. Uno de los argumentos esgrimidos por el autor está relacionado con las actualizaciones. La configuración de los ordenadores públicos estaba concebida de tal manera que no se podía actualizar (excepto las actualizaciones de Windows Update). Esto evidentemente constituye un peligro en materia de seguridad, ya que obliga a los usuarios a utilizar versiones obsoletas de los navegadores, de Flash, JAVA, etc. (El que no haya tenido este problema en una biblioteca que tire la primera piedra).

McAndrew continúa explicando que la solución a estos problemas ha sido elegir un sistema operativo de código abierto. Evidentemente, ha tenido que convencer de este cambio exponiendo algunos argumentos sólidos. Por falta de familiaridad con Linux, algunos DSI privilegian los sistemas operativos propietarios frente a los libres.  En cuanto a los usuarios, aunque puedan estar confusos por el cambio, se acostumbran bastante rápido si funciona bien.  De todas formas, el cambio de los ordenadores públicos debería respetar un cierto número de condiciones. El nuevo sistema operativo debería:

  • Funcionar de una manera correcta, especialmente con el material que se queda obsoleto. (¿Cuántas bibliotecas tienen aún Windows XP?)
  • Soportar los navegadores modernos y la instalación de plugins.
  • Disponer de un paquete de oficina capaz de soportar los formatos de Microsoft Office. (La mayoría de los usuarios no utiliza LibreOffice)
  • No exponer la privacidad de los usuarios.
  • No distanciarse mucho de lo que ya conocen los usuarios. (Así como el conjunto del equipo)

Se optó por la distribución del sistema operativo Linux Mint. Por una parte, Linux Mint es fácil de usar y, por otra, la interfaz es similar a la de Windows. De esta manera, los usuarios no deberían estar demasiado despistadosperdidos. Aprovecho para contar una pequeña anécdota que viví en Aulnay-sous-Bois. Hemos sustituido Google por Qwant, pero a día de hoy aún tenemos usuarios que siguen buscando “Google” en Qwant. Hay que tener en cuenta el peso de los hábitos en este tipo de proyectos.

Apostar por lo libre también implica aceptar ciertos compromisos. El autor reconoce que él está de todas formas obligado a utilizar softwares o formatos propietarios.  Cita el ejemplo del audio MP3 o de los controladores de dispositivos (tarjeta de red, placa base…). Pero como él dice de una manera muy acertada:

«Mi trabajo no es ser un librista puro y duro, sino  responder a las necesidades de los usuarios de la mejor manera posible».

Después, en la segunda parte, da recomendaciones técnicas para popularizar la distribución de Linux Mint en el ámbito público. Esta parte se dirige a los más geeks, pues habla de líneas de comandos. Grosso modo, explica cómo crear una cuenta pública que corresponda a la sesión que utilizan los usuarios, una opción para borrar los datos cuando dicha sesión se cierre, un comando para automatizar las actualizaciones… ¡Anímate, es totalmente emocionante!

Creo que la iniciativa de esta biblioteca es muy interesante. Efectivamente, conlleva un gran número de cambios, lo que implica cambiar los hábitos frente al ordenador y acompañar a los usuarios (no pasa nada, es nuestro trabajo). Pero va acorde con la voluntad creciente de proteger la privacidad de los usuarios. Se constata una toma de conciencia por parte de nuestros homólogos americanos, que no dudan en poner en marcha proyectos de cara a sensibilizar a los usuarios en este tema. Nosotros también nos enfrentamos a esos problemas y tenemos que seguir el mismo camino. Por cierto, ya hay bibliotecas en Francia que han apostado por lo libre. Me refiero sobre todo a la Bulac, que tiene una política particularmente impresionante en materia de protección de la privacidad de los usuarios.

¿Cómo es en vuestro caso?

 

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