David Jiménez Castaño
Departamento de Filosofía, Lógica y Estética
 
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“El Príncipe” de Maquiavelo: 500 años de edad y todavía en plena vigencia

 

El pasado fin de semana aparecieron en la edición digital del diario El Mundo tres artículos sobre el quinto centenario de la redacción de El Príncipe por parte de Nicolás Maquiavelo: “El Príncipe, 500 Años Después“,  “Quinientos Años Manipulando los Hilos del Poder” y “Convertidos al Realismo Maquiavélico por Tupac y un Videojuego“. La Diosa Fortuna, de la que tanto hablaba nuestro insigne florentino, ha querido que el 500 aniversario de su obra más importante haya coincidido con el lamentable panorama político nacional e internacional en el que nos encontramos sumidos en la actualidad. Esto nos lleva a plantearnos la siguiente cuestión: ¿cómo puede ser que un escrito elaborado hace cinco siglos pueda ser utilizado todavía para analizar la política de nuestro presente?

En mi opinión, la respuesta a esta pregunta se encuentra en el propio enfoque de Maquiavelo. Es verdad que nuestro humanista escribe un espejo de príncipes muy ligado a la realidad política de la “Italia” de su momento, pero lo verdaderamente meritorio es que para llevar a cabo su programa va a centrarse en la esencia misma de la política. Los consejos de Maquiavelo están sacados atendiendo al mínimo común múltiplo de la actividad política de todos los tiempos: del pasado greco-romano, del presente del pensador florentino y, en consecuencia, de nuestro decadente presente. En otras palabras: su evaluación se basa en lo que han hecho los políticos de todos los tiempos para llevar a cabo una única tarea: la de manejar y ordenar las acciones de los hombres intentando, en todo momento, no perecer en el intento.

Esta última idea nos lleva al carácter profundamente humanista del pensamiento de Maquiavelo. Si entendemos el humanismo como aquella corriente que sitúa al hombre y sus capacidades en el centro de su discurso, entonces tendremos que admitir que nuestro autor es humanista. Sin embargo, esta teoría política debe ser interpretada como un humanismo negativo: se analiza a los hombres, sí, pero se descubre que su naturaleza es vil, codiciosa, engañadora, etc. Eso condicionaría el trabajo del que tiene que regir al grupo si no fuera porque el propio gobernante comparte naturaleza con los gobernados. De esta manera la política debe entenderse como la actividad de un “mal bicho” para controlar al resto de “malos bichos” de una determinada comunidad.

Así las cosas, y teniendo en cuenta que la naturaleza humana es invariable, se entiende que El Príncipe sea una obra de perfecta vigencia en 2013 y que lo continúe siendo en el 2113 si es que sigue quedando alguien aquí: tanto los que gobiernan como los gobernados seguimos siendo seres mezquinos y terribles como los atenienses del siglo V a.C., los romanos del siglo I a.C. y los florentinos del siglo XVI. Esto no debería sorprendernos ya que una verdad, por ser desagradable y decepcionante, no deja de ser verdad.

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Soy Profesor Asociado en la Facultad de Filosofía (Departamento de Filosofía, Lógica y Estética) de la Universidad de Salamanca.

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