Departamento de Biblioteconomía y Documentación
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Presentación de la obra “La lectora ciega”

La obra La lectora ciega será presentada en el salón de actos de la Facultad de Traducción y Documentación el miércoles 14 de noviembre de 2018 a las 18:00 h. La presentación contará con Paqui Ayllón -su autora- y con la introducción de Julio Alonso Arévalo y Sonia Martín Castilla, personal bibliotecario de la Universidad de Salamanca.

Presentación: La lectora ciega, de Paqui Ayllón (Madrid: La esfera de los libros, 2018)
Lugar: Facultad de Traducción y Documentación, Universidad de Salamanca
Día y hora: 14 noviembre 2018, 18:00 h.
Información de la obra y la autora: Editorial La esfera de los libros

 

Presentación de la obra por parte de la autora:

La lectora ciegaEsta no es una obra literaria. Tampoco un ensayo, ni unas memorias. Es la crónica de un proceso de superación personal. Puede considerarse como un manual de supervivencia si tenemos en cuenta que a la persona que más he ayudado con su escritura ha sido a mí misma. Estas páginas cuentan la historia de una mujer que llevaba una «vida normal» y que, de pronto y sin esperarlo, tiene que enfrentarse al diagnóstico de una enfermedad rara que la condena a quedarse ciega sin saber exactamente cómo ni cuándo sucederá. Esta mujer decide continuar con su vida acostumbrándose a una lenta y progresiva pérdida del sentido de la vista durante casi veinte años hasta que finalmente queda ciega total, sin ser consciente de ello porque conserva la percepción de la luz y la oscuridad. Pero no ve, sus ojos no reconocen objetos ni rostros, no distinguen colores, no transmiten información a su cerebro para elaborar imágenes. Y lo peor de todo: sus ojos ya no pueden leer.

Tras un tiempo duro e intenso de rehabilitación y adaptación, conseguirá volver a tener una «vida normal» reinventándose a sí misma como voluntaria lectora. Esa mujer soy yo. Y aquí cuento la historia de cómo los libros y la literatura me han acompañado durante todo ese proceso. Leer para mí, y durante los últimos cuatro años leer en voz alta para otras personas, ha sido la mejor manera de vivir una experiencia complicada pero positiva, trágica pero no exenta de momentos muy felices. Escribir la historia de ese proceso me ha servido para ordenar sentimientos y emociones, para reír y llorar, para agradecer y pedir perdón. En definitiva, ha supuesto una catarsis personal que por momentos me ha resultado un gran esfuerzo, pero que me ha permitido llegar hasta aquí. No espere el lector encontrar en el texto sesudos análisis psicológicos ni narrativa de altos vuelos por mi parte. No es más que la sucesión cronológica de unos hechos de mi vida, contados con sencillez y honestidad. Lo fascinante de esta experiencia ha sido rescatar de mi memoria a todos aquellos grandes escritores que me han acompañado a lo largo de mi vida y mi proceso. Creo que solo por leer esos fragmentos de textos que sí se corresponden con alta literatura, ya ha merecido la pena la inversión que ha realizado con la adquisición de este ejemplar. Los derechos de autor que genere la venta de este libro están destinados a colaborar con proyectos de investigación de una enfermedad rara llamada retinosis pigmentaria, proyectos que podrían evitar la ceguera a personas de generaciones futuras. Pero de la misma manera que se transmiten los genes, también puede transmitirse la voluntad por encontrar nuestro lugar en el mundo, entregando sin esperar recibir. Esta es mi aportación para todas esas familias que se encuentren con el mismo diagnóstico que me comunicaron a mí hace veinticinco años. Tras ese largo periodo de tiempo que a continuación relato, me siento en la obligación de devolver a la sociedad parte de lo mucho que he recibido. Gracias a todas las personas que estáis contribuyendo a ello con la compra de esta publicación. Y si acaso el lector que ahora mismo tiene este ejemplar en sus manos siente la curiosidad de leerlo hasta el final y, tras cerrarlo, decide dirigirse a una biblioteca y tomar de una estantería un libro cualquiera de la literatura universal, lanzándose a las calles a leer en voz alta para otras personas, puede contármelo escribiendo a la siguiente dirección de correo electrónico: lalectoraciega@gmail.com. Recibirá una cordial bienvenida a este apasionante mundo del voluntariado lector.

Prólogo-presentación, por Elvira Lindo:

Primero vi un perro. Estaba hablando una mañana para unos cuantos periodistas en la Universidad de Cádiz. Era demasiado temprano como para que ni yo misma fuera capaz de articular un discurso que pudiera interesar a esos diez colegas que de mi rueda de prensa se marcharían corriendo a otra. Me llamó de pronto la atención un perro. No había reparado antes en él porque estaba muy formal y muy quieto. Grande, noble, bello, con esa pose de estatua que consiste en tumbarse manteniendo el torso levantado. Elegante. Me miraba muy atento, comprendiendo. Aconsejan, con buen criterio, que al hablar en público se busquen los ojos de alguien que nos ofrezca confianza y nos haga sentir que lo que contamos importa. Al mirarlo, se me dibujó una sonrisa en el rostro y me concentré en ese espectador bienintencionado, inocentón, al que parecía interesarle bastante mi relación afectiva con Cádiz. A su lado, estaba sentada una mujer elegante, atractiva, con tan buena disposición hacia mí como la del perro del que sujetaba la correa. Ama y perro se parecen, pensé, siempre acaban pareciéndose. La forma de mirar el mundo de quien educa acaba determinando la actitud del alumno. Yo quería tenerlos allí de público, me proporcionaban seguridad, me sentía escuchada, y al ser consciente de su presencia comencé a expresarme mejor. Pensé que sería estupendo que pudieran acompañarme los dos a cualquier charla que diera para así contar con su respaldo cálido e incondicional. Amo a los animales, siento hacia ellos una simpatía instintiva, así que cuando me bajé del estrado me fui hacia él, a agradecerle su apoyo y su atención. Fue entonces cuando me di cuenta de que el perro estaba trabajando, guiando a su dueña en el quehacer cotidiano.

La dueña de aquel precioso ser, Meadow, era y es Paqui Ayllón, la autora de este fascinante libro que ahora tienen entre sus manos, La lectora ciega. Puedo afirmar que supe de la historia que aquí se cuenta antes de que fuera escrita, porque mi espíritu curioso y preguntón me llevó ya aquella mañana a indagar en la trayectoria de esa mujer que había perdido la visión paulatinamente, y que lejos de acobardarse cuando supo que padecía una rara enfermedad degenerativa, se sobrepuso a la fuerte impresión que provoca el saber que habría de vivir con un sentido menos, y suplió con inteligencia y trabajo duro aquello que de pronto le faltaba. El proceso de Ayllón desde que supo que acabaría siendo ciega hasta que hubo de vivir como tal es edificante: no solo cuenta cómo se aprende a mirar sin ver sino que lo hace sin renunciar a transmitir a otros la que ha sido su pasión desde niña, la lectura: ¿no es asombroso?

No me gustaría que se viera el libro únicamente como una historia de superación, porque quien protagoniza el cuento es una persona tan dotada en su capacidad para disfrutar de la vida que no hay problema ni traspiés que la doblegue. Yo me identifico con la Paqui niña, con esa criatura torpona que careciendo de destreza física alegra su tiempo de ocio entregada a la lectura. Incluso creo que leímos los mismos libros y nos educamos a nosotras mismas sumergiéndonos en los clásicos juveniles. «Tenemos el deber de ser alegres», decía Federico García Lorca, y esa afirmación no está al alcance de cualquiera: la alegría es un compromiso diario y muy serio con el mundo. Hoy, Paqui dedica su vida al reconocimiento de esos fantásticos animales que iluminan el camino de los ciegos, y a apoyar activamente la investigación de esta enfermedad que le cambió la vida, pero que no la derrotó. Valiéndose de los recursos de la tecnología lee en voz alta a aquellos que no pueden, porque sabe que la ficción ayuda a sobrellevar la vejez o la enfermedad, y enseña a los niños a ser independientes y libres.

Era lógico que contara algo que a los demás nos parece admirable, que sorprende y anima a aprovechar la vida, que se nos va en un ay. Aquellos que tenemos la capacidad física de ver no siempre sabemos mirar. Paqui Ayllón nos transmite su inagotable sabiduría para comprender lo que tiene ante sus ojos, y les puede asegurar que es muy hermoso. Merece la pena.

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