GIR “Historia Cultural y Universidades Alfonso IX”
(CUNALIX)
 
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Historia de las Universidades. Historia de las Universidades Hispánicas (siglos XV-XIX)

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Historia de las Universidades Hispánicas (ss.XV-XIX)
Basado en Mariano Peset,
“La organización de las universidades españolas en la edad moderna”
En Studi e Diritto nell’area mediterranea in età modernaa cura di Andrea Romano, Rubbettino, 1993, pp 73-122.

El equilibrio y subordinación de las diversas autoridades académicas en las universidades modernas presenta muy diversas posibilidades. Su descripción – elección y cese, competencias, etc. – llena una buena parte de su historia, tanto en las constituciones y estatutos, como en la realidad de su aplicación, que a veces se ciñe a las normas y otras las desborda o contradice. Es esencial, para conocer una universidad fijar los poderes internos que la rigen, así como los conflictos que, con frecuencia, surgen en su seno. La historia institucional cultivó con asiduidad la descripción de las autoridades y órganos de las viejas universidades hispanas, basada, fundamentalmente, en las leyes o costumbres existentes, con olvido quizá de planos más afinados y explicativos.

Mi intención ahora no es repetir o completar estas descripciones de las universidades españolas, sino intentar alcanzar una visión más global. Creo que es posible ordenar las diversas creaciones académicas de los siglos XVI a XVIII en unos cuantos tipos generales o modelos, que nos permitan entender mejor las circunstancias de su creación y el sistema de sus poderes internos. Algo de esto inicié – en colaboración con mi hermano José Luis – hace ya dos años; hoy, con mayores datos y estudio, quisiera plantear esta cuestión y mostrar las posibilidades que este enfoque puede tener para la historia de nuestras universidades. Su ampliación a la América hispana no es difícil, por lo que haré las oportunas referencias. No me atrevo, en cambio, a extender mis consideraciones a todas las universidades europeas, aunque necesariamente habré de tener en cuenta algunas, como Bolonia, París u Oxford, que actúan como modelos…

Las universidades hispanas pueden distribuirse en cuatro grandes modelos o tipos, en un primer acercamiento a esta cuestión:

I. Universidades de tipo salmantino, originadas en el medievo, y que no fueron numerosas en la edad moderna. Esta forma o estructura se extendió a América, a México y Lima, bien que modificada en trazos esenciales hasta convertirse en centros bien diferenciados, más dependientes del monarca y su virrey, adaptados a circunstancias distintas… El equilibrio entre sus profesores y estudiantes se quiebra en la edad moderna; la intervención real limita su autonomía.

II. También procedentes de la época medieval, fundamentalmente en la corona de Aragón, en el este mediterráneo, existen otras que dependen de los municipios. Lérida en 1300 es el primer ejemplo, al que seguirán Huesca, Perpiñán, Barcelona, Valencia… – estas dos últimas ya en el quinientos -. Están financiadas por los ayuntamientos y presentan notables dependencias de los municipios. Este modelo no se extenderá apenas, incluso sufrirá algunos retrocesos… Sus rectores y sus claustros gozan de poderes más limitados.

III. En los inicios de la edad moderna – Alcalá de Henares es el prototipo, Sigüenza, anterior, la primera – surgen universidades de índole diferente. Un prelado o un clérigo poderoso funda un colegio para albergar unos cuantos estudiantes y, al mismo tiempo establece cátedras; solicita de Roma la posibilidad de conferir títulos a colegiales y otras gentes de fuera, con lo que se trasforma en universidad. Este modelo fue bastante imitado, con variantes, en Santa María de Sevilla o en Santiago de Compostela, en Osuna o en Baeza. Son instituciones rígidas, jerarquizadas bajo el poder de los colegiales y su rector.

IV. Por último, proliferan también los conventos convertidos en universidades. Si un colegio jesuita o un convento de dominicos solicitan la correspondiente bula, pueden trasformar sus estudios internos, en cursos públicos y graduar. El mecanismo era fácil, no requería grandes gastos de instalación y, en consecuencia se extendió por la península y América. De otro lado, las órdenes consiguieron poder, rentas e influencia a través de sus universidades…

Ahora bien, esta primera aproximación a una tipología universitaria debe profundizarse y matizarse, si queremos obtener resultados. Debe lograr una vía para el estudio comparado de las universidades, para evitar su consideración aislada que puede deformar algunas conclusiones. Debe explicar por qué se opta por uno u otro modelo, en función de las circunstancias que concurren; o proporcionar indicaciones acerca de la vida universitaria – su mayor o menor libertad, sus posibilidades para el estudio, la formación de sus escolares, el rigor de sus grados, etc.

Parece innecesario advertir que se considera esencial la distribución de los poderes en este análisis: no sólo los internos, sino los exteriores, como los ayuntamientos en algún caso, y, sobre todo, el pontífice y el monarca. También que, en el antiguo régimen, cada universidad es un mundo y posee sus peculiares estructuras y organización, por lo que el modelo se colorea en cada caso; es menester, fijarse en el juego de poder, como elemento esencial, – Buffon introdujo su taxonomía con especial atención a las formas de reproducción de los animales y plantas. En el terreno social – de unas instituciones que son grupos de hombres que se suceden en el tiempo, dentro de su marco – las situaciones son cambiantes, hasta el punto de que la historia puede introducir variaciones esenciales. Por ejemplo, Santiago de Compostela empezó colegial, pero después fortaleció su claustro, hasta alcanzar a ser del primer tipo… Por tanto, no pretendo ninguna rigidez, sino toda la flexibilidad posible, con especialidades o subtipos, hasta desembocar en cada una de las universidades. La distribución de poderes, las decisiones – el origen de sus rentas – determinan sus características más esenciales…