Blog de Ana Fraile
Facultad de Ciencias
 

Décimo quinta lección: Última (¿?)

Pues esta pequeña lección corresponde a la última clase de didáctica. En esta clase vamos a pasar por ser profesores durante unos 15 minutos por pareja.

La intención era encontrar un experimento que tuviera relación con el área de física y química en la ESO, preferiblemente y que se pudiera mostrar de una manera más o menos rápida.

Durante todo el curso he visto experimentos de física que me fascinan y me siguen fascinando por una cosa sencilla: con elementos muy simples se pueden explicar teorías muy complejas que pueden resultar difícilmente comprensibles; de hecho, muchas de ellas estaban insertadas en mi RAM a modo de “teoría” de “facto” y he necesitado empezar este máster (tras una carrera) para poder ver una demostración sencilla. Lo que da para otra entrada de blog ya que me preguntó cómo he llegado donde estoy.

El caso, conté con una increíble compañera a la que mi sugerencia le pareció perfecta. Decidimos hacer dentífrico para elefantes, un experimento de química más o menos conocido ya que gracias a las Redes Sociales se ha viralizado. El segundo paso fue decidir si podíamos hacer el experimento en casa o no: la primera lista de reactivos que encontramos no sólo algo más peligrosos sino que alguno era excesivamente caro (el agua oxigenada del 30%, que es la utilizada en peluquería, puede resultar abrasiva en la piel y mucosas y el yoduro potásico tiene un precio de unos 180 euros el kg sin opción a coger viales de pequeñas cantidades).

Vídeo a fabricación de dentífrico de elefante. Es el vídeo que se puede ver en la cabecera.

Gracias a Internet averiguamos que podríamos llevar a cabo el experimento sin que fuera tan vistoso, pero igualmente genial y sin necesidad de tomar medidas de seguridad extra. Se puede ver que esta reacción es realmente exotérmica y seguramente queme al tocarla. Sin embargo gracias a otro vídeo de nivel infantil sacamos una receta:

Ciencia Infantil. 

Gracias al vídeo descubrí que se podía hacer, con un resultado similar y sin que fuera tan peligroso (como buena ingeniero, aprendes que los gastos en seguridad siempre son los más caros, y que es importante optimizar).

La receta mágica a la que llegamos fue la siguiente:

1) Mezclar tres sobres de levadura con agua tibia, la suficiente para que no queden pegotes, pero tampoco que haya un exceso de agua.

2) Poner en una botella de cuello estrecho (para que el efecto sea más dramático) medio bote de agua oxigenada de farmacia (3-6%), un chorrito de jabón lavavajillas, mejor si es transparente o de un color claro, y colorante alimentario. Agitar para mezclar.

3) Con un embudo, añadir la levadura a la mezcla de la botella y sacar rápidamente.

El efecto es inmediato. Añadiendo cantidades suficientes, la espuma se genera enseguida y comienza a desborda. Es una espuma que se puede tocar y se nota al tacto calor. Es divertido jugar con ella y en realidad llega a parecer pasta de dientes en cantidades desorbitadas.

 

Principio Químico: :

Os muestro en una imagen el mismo principio que usé para el trabajo porque no encuentro más resumida dentro de ser correcta:

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Problemas de la elaboración: 

El primer problema, y esto es porque yo fui muy lista, es más que nada un aviso: Mirad que no esté caducada la levadura que utilizáis porque en ese caso no ocurre nada o bien ocurre a un ritmo muy muy lento.

La segunda traba fue el tema de cantidades. En muchos de los vídeos hablaban de añadir dos cucharadas de levadura por cada 4 de agua y 4 de agua oxigenada. El caso es que no sé cómo era posible que la espuma saliera tan rápido con tan poco reactivo en botellas tan grandes. A nosotras no nos salió así y decidimos probar de una manera más bruta: tres sobres de levadura por medio bote de agua oxigenada.

Otro aviso que le daría a quien quisiera intentarlo es que el agua debe ser TIBIA, no caliente. Las levaduras son microorganismos muy sensibles a la temperatura y más si en este caso actúan como catalizador. Subiendo de los 30ºC les cuesta “funcionar”. Huelga decir que creo que una vez las achicharramos por la impaciencia.

La levadura que usamos en los ensayos previos a exponer en la clase fue levadura de panadería y funcionó bastante bien. El mismo día nos la jugamos añadiendo a la levadura que debíamos usar una levadura espumante, que ayuda a que se cree espuma en alimentos de repostería. No sólo ayuda a que crezca la masa del bizcocho o rosquillas, sino que permite que estén esponjosos porque crea burbujas. Puedo decir con este tipo de levadura fue más rápida y más vistosa la reacción que con levadura de panadería simplemente.

Más allá: 

Más allá de haber probado con dos variantes del experimento, y una cosa que se me ocurrió por un comentario de un compañero fue que debería probar algún día con Povidona o Betadine, ya que cuando se usa yoduro potásico, lo que actúa como catalizador de la descomposición del agua oxigenada es el yoduro (se usa una disolución en agua).

Es posible y me planteo que, al no usar agua oxigenada más concentrada y yoduro más diluido puede ocurrir que no termine de ocurrir lo que tenía en mente, puede ser que alcance al experimento que realizamos en clase o puede que sea más impresionante.

Seguramente pruebe en no mucho tiempo y publicaré si puedo la experiencia.

P.D.: me niego a que esta sea la última lección, ya que aún me queda mucho por aprender.

 

 

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