Blog de Ana Fraile
Facultad de Ciencias
 

Duodécima lección: rectificar es de sabios

Lo prometido es deuda y es que, en la 5ª lección prometí ir informando sobre qué es éxito y qué es fracaso.

Como indiqué, no creo que el primero se pueda concebir sin haber experimentado el segundo sucesivas veces, ya que como bien decía Thomas Alva Edison, “no fracasé, tan sólo encontré 999 maneras de como no hacer una bombilla”. A pesar de mis reticencias a Edison y encontrarme en el equipo Tesla, debo reconocer que esta frase merece reconocimiento.

¿Todo esto a qué viene?… ¡Ah, sí!

¿Os acordáis del llavero? Ese que yo pensaba que era fosforescente pero que en realidad debería cambiar de color según mis compañeros y profesora… Bueno, pues yo he descubierto una 10 formas en las que se expone a la luz (no directa) y el llavero adquiere fosforescencia pero no color… Tiene tela.

El caso es que yo hasta que me pusieron en el camino adecuado lo dejaba en la ventana, tras los cristales. Si bien es cierto que el lugar donde estudio tiene una luz muy tenue, nunca pensé que no incidiera de manera directa, dado que el llavero ha estado con la ventana abierta recibiendo “luz” (o más bien umbría).

En cualquier caso, quiero demostrar que estaba muy equivocada y que mi llavero no era el defectuoso entre todos, sino que las defectuosas eran mis ideas. Debo dar las gracias a un compañero, ya que gracias a que a él tampoco le cambiaba de color consiguió dar con la solución de una manera fortuita y afortunada como suele pasar en ciencia. Os dejo el enlace por aquí.

Eduardo Pedraz.

Me consuela que no soy la única que ha conseguido avanzar gracias a los compañero o a antecesores más sabios y brillantes que servidora (o servidor en caso de otros científicos) ya que gracias a que alguien en su momento creó el concepto de suma, hoy podemos integrar y no para ello tenemos que remontarnos a crear todo cada vez. Lo importante realmente es que consigamos aportar algo nuevo a todo lo que se ha dicho.

Yo aportaré primero unas fotos al respecto:

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Yo añadiré que esto se debe a un efecto fotocromático. El material del que se han hecho estos tupis tan vistosos posee especies químicas que son capaces de realizar reacciones (reacciones fotoquímicas) cuando incide en ellos la luz solar entre la que se encuentra radiación U.V. Por ese motivo, no lograba que cambiasen de color. Al no incidir luz directamente, eliminaba el desencadenante de la reacción que permitía el cambio del color.

Sí es cierto que lograba una tenue luminiscencia, debida a que algo de luz entraba en la habitación en la que estaban (aunque obviamente, me tendré que plantear el cambiar de sitio para estudiar). Recibiendo la suficiente luz, la reacción alcanza la energía suficiente para desencadenarse.

Estas reacciones se caracterizan por ser reversibles, es decir, pude comprobar que cuando retiré de la luz el llavero, las bolitas volvieron a su estado original. Sin embargo, no pasa con todos los materiales de este tipo siempre lo mismo.

Materiales con el mismo principio se usan en las gafas siloxano, las típicas que se adaptan a la cantidad de luz de un ambiente. Estas son capaces de cambiar de claro a oscuro y viceversa según la cantidad de radiación U.V. a la que estén expuestas, permitiendo que el portador se sienta confortable en cualquier ambiente. Sin embargo, hace unos años tenían había un problema bastante grande: el viraje de un color a otro era lento, por lo que si entrabas de la calle al metro estando el día muy soleado podías terminar bajando las escaleras de culo (y no es broma, que se podía no ver nada). La suerte era que, al igual con las gafas, la reacción se aceleraba (en el sentido inverso sobre todo) cuando se cambiaba la temperatura.

De esta forma mi futura aportación será exponer mañana el día entero el llavero a la luz (o medio día) y ver qué tal se restablece el color inicial si las meto en la nevera.

Seguiremos informando.

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