Vida en Salamanca
Cuento, opino y comparto. Por Fernando B.
 
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Ahorro de cara a la jubilación

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Con la estabilidad del sistema de pensiones a futuro en el aire son muchos los que hemos decidido, desde jóvenes buscar una alternativa que nos asegure, al menos un mínimo bienestar cuando nos llegue la edad de jubilación. Es cierto que el mercado laboral y el altísimo paro juvenil no ayuda mucho a la hora de pensar en el ahorro, pero ser previsor hoy es una obligación.

Aunque aún quedan varias décadas para que llegue ese momento, con una disciplina de ahorro que aporte una cantidad mensual, aunque sea mínima, será suficiente para que nuestro “colchón” económico crezca poco a poco. Otros, con más posibilidades monetarias, pueden optar también por otros sistemas, como inversiones o planes de pensiones.

 

Sistemas de ahorro para la jubilación

El plan de pensiones es el producto estrella para estos casos. Se trata de un fondo colectivo gestionado por una empresa privada y donde cada persona hace ciertas aportaciones según su capacidad económica. El dinero aportado puede rescatarse llegada la hora de la jubilación, o anticipadamente por incapacidad, muerte o dependencia.

La ventaja de contar con un plan de pensiones es, sobre todo fiscal, pues las aportaciones pueden deducirse sobre la base imponible del impuesto sobre la renta.

Otra de las vías de ahorro son los denominados fondos de inversión, si bien son más desconocidos por requerir ciertos conocimientos sobre inversiones y no contar con beneficios fiscales. Estos tienen la ventaja de no presentar condiciones si quiere recuperarse lo invertido de forma anticipada.

Como último método os hablaré de los seguros de ahorro. Este tipo de pólizas garantizan el pago de una renta al cumplir el pazo estipulado (rentas vitalicias). Sería como contar con una pensión privada que puede complementar a la que el sistema público de pensiones te aporte cuando llegue el momento de la jubilación.

Estos tres sistemas son los más empleados por los ahorradores con vistas a la jubilación. Hay quienes no quieren depender de una entidad privada y prefieren otro tipo de inversiones, como bonos públicos. O incluso los que utilizan una técnica mucho más antigua, la de guardarlo “debajo del colchón”.

Lo cierto es que, al final, es cuestión de gustos y de buscar uno que se acomode bien a nuestra capacidad de ahorro. Lo que está claro es que, aunque a los políticos se les llene la boca diciendo que el sistema público no está en riesgo, más vale prevenir que curar.

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La economía del futuro

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Todos hemos oído hablar, en mayor o menor medida, de las criptomonedas. Se trata de divisas electrónicas que algunos han tachado como el nuevo “compro oro”. Algo que empieza a brotar como setas en época de lluvia pero que acaba perdiéndose por completo en la nada.

Sin duda, en los últimos años estas monedas virtuales se han convertido en un nido de especuladores que han hecho un auténtico negocio de las inversiones en Bitcoins, Ethers o Ripples entre otras (ahora mismo existen cientos de ellas). Tanta fama e interés suscitaron que se provocó una mini explosión tipo burbuja en diciembre de 2017 de la que muchos inversores salieron muy perjudicados. Muchos de ellos asumieron las pérdidas y abandonaron el “negocio”. Otros mantienen su inversión a fondo perdido con la esperanza de que algún día remonten y puedan recuperar su dinero. Probablemente nunca llegue ese día.

 

Las criptomonedas no son el futuro

Al menos a medio plazo. A largo nadie sabe que pasará. Y lo afirmo básicamente porque la manera en la que se utiliza el dinero es incompatible con el funcionamiento de las criptomonedas. Utilizamos el dinero básicamente para pagar bienes y servicios que tienen un precio relativamente constante. El Bitcoin es tan volátil que, lo que un día vale 10 otro día puede valer 1.000, lo que supone una inflación insostenible.

Además, nada respalda estas criptomonedas. Son descentralizadas, no tienen detrás un gobierno o un banco que proteja a los usuarios de la deflación o de la insolvencia. No es sostenible una economía sin estas garantías.

Por tanto, el Bitcoin y sucedáneos varios están condenados a vivir, hasta que desaparezcan, como una forma de inversión de alto riesgo, donde solo los que cuenten con información privilegiada y las grandes fortunas pueden ganar, puesto que son los que a golpe de talón pueden hacer variar el precio en cualquier momento.

El futuro del comercio pasa por el dinero electrónico, que no virtual, con un sistema de control tradicional, pero en el que se elimine el papel y el metal.

 

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