Si Bernstein levantara la cabeza… Sobre nevadas, atascos y el director de la DGT

9/01/18, 11:25

Tras las sequías del otoño y el turrón de fin de año, algunas nevadas en enero han caído. La costumbre de conducir en carreteras secas, y el embotamiento de las meninges con el turrón, se han unido a la nieve para producir un pitote en las carreteras de padre y muy señor mío. Como de costumbre, porque a esto sí que estamos acostumbrados, el politiqueo ha aprovechado la circunstancia para atizar al de enfrente, tal y como el de enfrente hizo, y hará, en circunstancias similares con los papeles cambiados. Hasta aquí, nada nuevo bajo el sol: nieve en invierno, conductores poco habilidosos y políticos de tercera división.

Como conductor habitual, y muy frecuente usuario de la AP-6, estoy de acuerdo en que las cosas se pueden hacer mucho mejor. Pero lo que me ha llamado de verdad la atención, ha sido el carácter de las críticas al Director General de Tráfico, un tal Gregorio Serrano al que, vaya por delante, no me une afinidad alguna, ni en lo familiar, ni en lo personal, ni en lo ideológico, ni en lo biográfico. Como argumentos principales de la crítica política, se han escuchado acusaciones como estas:
- “no está preparado”
- “estaba en Sevilla”
- “fue Concejal de Festejos”

Basil Bernstein (1924–2000) fue uno de los más reputados sociólogos británicos de nuestro tiempo. Conocido por sus aportes a la sociología de la educación, en realidad su pensamiento se puede aplicar a muchos otros contextos de la vida social. Bernstein es autor de la llamada “Teoría de los códigos lingüísticos” que, dicha en pocas palabras, nos explica cómo el lenguaje, su producción e interpretación dentro del aula, determina los resultados académicos de los estudiantes. Así, aquellos que utilizan un “Código Elaborado” es decir un lenguaje complejo como el que usan los maestros, serán considerados más inteligentes y tendrán ventaja en la escuela, mientras que los que usan un “Código Restringido”, es decir un lenguaje simple, propio de clases bajas o personas que no dominan el idioma, serán considerados menos inteligentes y tendrán desventaja.

En el trasfondo de todo esto está algo muy sencillo, que al pobre Gregorio Serrano le ha caído encima y por dos frentes, de manera tan inexorable como le cae a los niños pobres o extranjeros en las aulas de nuestras escuelas. Siguiendo a Bernstein, quienes utilizan un Código Restringido, un acento andaluz en este caso, son considerados menos inteligentes por la cultura dominante, centralista, lo que con cierta razón algunos nacionalistas catalanes llaman “de Madrid”. Al pobre Gregorio Serrano se le ha ocurrido hablar “en andalú” y trabajar desde Sevilla, en un asunto que es Español y se debe gestionar desde Madrid, según los cánones de la rancia cultura española, vivificada en las tertulias de las emisoras de la capital, y los mentideros de la Carrera de San Jerónimo.

Da igual que el atasco se haya producido en Segovia, Ávila y Burgos (apenas barrios de Madrid para los centralistas), da lo mismo que el tal Gregorio Serrano tenga formación más que suficiente y haya trabajado en prestigias instituciones antes que en la DGT: es un ignorante andaluz, apegado a su terruño, que no sabe lo que tiene entre manos, ni lo puede saber porque es un tonto de capirote, al que sólo interesa la feria, el futbol, el baile, la siesta y la zambomba. Eso, y no otra cosa, es lo que está detrás de los ataques al pobre Gregorio. El centralismo cultural, que no geográfico, la imposición de una forma de hablar como representación de una forma de ser, un vivir privilegiado al que este ignorante no tiene derecho.

Digamos las cosas claras. Los superhéroes existen

30/11/16, 21:51

Carta al Maestro Antonio Jiménez Lara, en el día en que (por fin) le dan un premio.

Querido Antonio, te entregan el premio CERMI 2016 por tu trayectoria como investigador social. Que Dylan me perdone, pero sé que en este caso nadie va a dudar si es merecido, y eso, por supuesto, se debe a que eres un Superhéroe. Y de eso va esta carta.

Para demostrar al mundo que eres un Superhéroe, y que estamos en deuda contigo, emperzaré contando un par de anédotas. La primera, es antigua: hace más años de los que me gusta reconocer, compartíamos en Burgos una de tantas presentaciones de esos documentos en los que hemos trabajado; cuando te tocó intervenir tras un atril que era un coloso, con un micro que te apuntaba como poco por encima de la frente, tu reacción fue heróica. De puntillas, apuntaste tu boca al micro y dijiste: “Vaya, parece que no estoy a la altura de las circunstancias”…

Algunos años después, aquí va la segunda evidencia, paseábamos por Montevideo con un grupo de personas en las que por este orden estaban: uno más jóven que tú, otro más ágil, otro más alto, y otro más fuerte. Ninguno de ellos nos percatamos de que un raterillo de los bajos fondos se acercaba sigilosamente al bolsillo de uno de nosotros, en el que descansaba un flamante y moderno teléfono móvil. Pero allí estabas tú, listo para abalanzarte sobre el muchacho, evitar que consumara el hurto, y dejarle marchar (por supuesto) sin que los demás tuviéramos el valor siquiera de movernos….

En mi empeño por hacerte ver lo que en realidad eres, te propongo un juego, Antonio, uno de esos que tanto te gustan y en los que siempre me ganas, abusando de tus poderes. Una especie de acertijo: por 25 céntimos de Euro, dime características de un Superhéroe y yo te iré contestando :“como tú”, a ver si llegamos a mil….

Ya, ya se que a este juego no te va a apetecer jugar, precisamente por eso, porque eres un Superhéroe. Piénsalo detenidamente: ¿qué es un Superhéroe?. Alguien más inteligente que listo, generoso, que salva, que se preocupa, que cambia el mundo, que lucha, que nos hace mejores, que… bla, bla, bla.

La verdad, querido Antonio, es que un superhéroe es alguien que no molesta, y que carga con las molestias de los demás, sean estas del calado que sean. Alquien que nunca tiene problemas que endilgar a los demás, pero que siempre soluciona los marrones de cualquiera, donde sea, cuando toque.

¿No te lo crees? Esta bien, lo entiendo, otra aptitud básica de un Superhéroe es la modesita, falsa o no, modestia al fin y al cabo. Hagamos otro juego, subo la apuesta: 25 euros por cada persona a la que alguna vez en la vida hayas hecho sentir mal, incómoda por algo que hayas dicho o hecho. No se si te has dado cuenta, pero van a ser pocos, muy, muy pocos.

Tú, querido, no das un ruido. Nunca incomodas a nadie, eres invisible como problema e inmenso como solución. Jamás descuelgas el teléfono para dar el coñazo. Nunca te he oído quejarte, si no es para aplicarte tú mismo la cataplasma. Y esa, amigo mío, es probablemente la aptitud más valiosa para un Superhéroe.

Estoy convencido de que tus poderes han hecho mejores a muchas personas que pululamos a tu alrrededor, sin distinción de quiénes lo han merecido y quiénes no. Sin entrar en detalles, te he visto hacer quedar bien a cientos, me incluyo, sin necesitar hacerlo y sin obtener nada a cambio, cuando no un desplante. Si en MARVEL supieran de tí, se les caerían los huevos al suelo. Querrían contar tu historia.

No escribo esta carta por ti, ningún superhéroe necesita que lo adulen. Lo hago por mí, por todos mis compañeros, y por mí el primero. Lo hago para darte las gracias por bendecirnos con tu magia, por cuidarnos, por protegernos. Lo digo para intentar perdonarme por las veces que te he dado el coñazo, y las que quedan. Y por no poder ir a la entrega de tu premio, que dicho sea de paso debería ser un Princesa de Asturias de la Concordia.

Ese es el que de verdad te mereces.