Sociología de una ciber-pandemia, estratificación social por coronavirus

Proliferan por doquier testimonios de personas confinadas, que hacen pública su alegría, desesperación o aburrimiento. Testimonios en informativos, magacines y redes sociales, de personas aseadas-bien-peinadas, que adornan sus vídeos con estanterías llenas de libros, salones decorados, estancias iluminadas por luz natural con ventanas abiertas al jardín, o como mínimo a un espacio exterior que es promesa de esperanza. Que se sobreponen heroicamente al confinamiento jugando a tenis en el jardín, cocinando termomix, cosiendo solidarias mascarillas en el el cuarto de costura, o sobre el sofá del salón viendo series a tutiplén en plataformas de pago, con los megas a todo lo que dan.

Personas estas que detienen sus apasionantes y retransmitidas actividades para aplaudir en sus ventanas exteriores a quienes se desviven por evitar la desgracia común, ajena, propia, quién sabe. La desgracia al fin y al cabo. Y que también se asoman a la tuiter, o a la feisbuk, o al telediario, para escandalizarse con noticias de personas despreciables que desafían al confinamiento haciendo fiestas flamencas en plena calle, o botellón, o paseando de 8 en 8 en maltrechos utilitarios o en furgonetas que son carromatos cuando, como todo el mundo sabe, deberían permanecer en casa. Porque es lo mejor para todos, para ellos, y en especial para nosotros.

Personas esas que, en muchos casos, no tienen luz natural para grabarse un vídeo, ni libros que poner al fondo, ni costumbre de hablar en público, ni tecnología para grabar, ni megas con los que compartir su vida en una casa que, de todas formas, no tendría un fondo digno para ser retransmitido en esta ciber-pandemia. Mujeres y hombres que, paradójicamente, soportan buena parte de las cloacas que mantienen aseada la sociedad de aquellos que, mientras tanto, los despreciamos o ignoramos por su inconsciencia.

Porque quienes ostentamos el dominio de esta sociedad, también dictamos cómo debe y cómo no debe vivirse una tragedia mundial como esta. Y para recomendar sin pudor que todo el mundo debe quedarse en casa, pero cada cual en la suya. En el mejor de los casos, ignorando que, para quienes paseamos nuestros interiores decorados por el ciberespacio, las casas insalubres o violentas, o insalubres y violentas, existen: son lugares a los que nadie querría volver, ni nadie en su sano juicio, podría querer quedarse confinado.

¡En tu casa no, hijoeputa, quédate en la mía!

About ahueteg

Sociólogo, dedicado a la docencia e investigación sobre sociología, educación, salud, discapacidad y otros asuntos en relación con la exclusión social. Trabajo en la Universidad de Salamanca. Me puedes encontrar en Twitter, Facebook, Linkedin y otras redes sociales.

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