Escolarización obligatoria hasta los 18

Escucho propuestas sobre prolongar la escolarización obligatoria hasta los 18 años. Como gancho electoral suena bonito, pero como reforma de la enseñanza me parece un error descomunal.

Analicemos a quién beneficia:
- A los escolares que avanzan en el sistema educativo sin dificultades más allá de los 16, es decir a los que tienen buen rendimiento.
- A las familias que reconocen y alientan la permanencia larga de sus hijos/as en la escuela. Es decir, a las que se lo pueden permitir.
- Al profesorado y aspirantes al profesorado, a los que se les aumenta la clientela 2 años más, es decir: más plazas, más centros, más oportunidades.

Veamos a quién perjudica:
- A los alumnos/as que no se identifican con la enseñanza y sus beneficios. A los que son víctimas del fracaso escolar, que se ensaña en determinados estratos sociales.
- A las familias que tienen dificultades extraordinarias para soportar los costes no financiados de la enseñanza obligatoria, que son muchos.
- A los docentes radicados en centros donde se concentran los alumnos/as con resultados más bajos y mayores necesidades de apoyo, que se verán obligados a prolongar la enseñanza dos años más a un alumnado prácticamente adulto, sin los recursos ni la motivación necesaria.

Por más que nos moleste reconocerlo, y aunque la ley lo proclame, en realidad la educación secundaria en España no es de hecho, ni obligatoria, ni gratuita. Lo cierto es que buena parte de nuestros adolescentes abandonan los estudios antes de los 16, incluso antes de los 14 en algunos casos. No estaría de más plantearse conseguir una escuela gratuita de verdad, en la que los adolescentes, todos ellos, permanecieran al menos hasta los 16 años sin dificultades, antes de elevar un listón que a fecha de hoy es infranqueable para un tercio del alumnado.

En fin, la solución al fracaso escolar y el rendimiento educativo de nuestros niños y jóvenes puede ser un reto complicado, pero la solución no pasa, eso es seguro, por prolongar dos años más una escolarización ante la que familias, docentes y alumnado se rebelan de manera cada vez más temprana.

Personalmente, no querría verme en el pellejo de un joven de 16 años que no quiere estudiar, obligado a permanecer dos años más en un centro educativo saturado, desmoralizado y sin apoyos.
Personalmente, no querría verme en el papel de una madre que se ve en la tesitura de obligar a su hija de 17 años a ir a la escuela, contra su voluntad.
Personalmente, no querría verme en esa escuela, impartiendo matemáticas con una tiza escasa y una pizarra rota como toda herramienta docente, ética, motivadora y disciplinaria a mi disposición.

About ahueteg

Sociólogo, dedicado a la docencia e investigación sobre sociología, educación, salud, discapacidad y otros asuntos en relación con la exclusión social. Trabajo en la Universidad de Salamanca. Me puedes encontrar en Twitter, Facebook, Linkedin y otras redes sociales.

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