La “débil” identidad regional en Castilla y León. Bendito problema

No hace mucho me invitaban en una emisora de radio regional a hacer una reflexión sobre la identidad regional de los castellanos y leoneses. Esta es en realidad una cuestión que con frecuencia genera interés y debate en los medios de comunicación, círculos políticos, y también en parte en la vida cotidiana de las gentes de esta tierra. De entrada hay algo común en los discursos sobre el asunto que me llama mucho la atención, y es que suele argumentarse en sentido negativo, como si de una carencia se tratara, como si la falta de identidad regional en Castilla y León fuera una desventaja para competir con otras regiones de fuerte identidad nacional.

Analicemos entonces qué es eso de la identidad regional, o cultural, y en qué consiste. La identidad se construye a partir de elementos materiales (patrimonio, arte, gastronomía, economía) pero sobre todo inmateriales (lengua, historia, valores, conocimientos, costumbres). Es, en definitiva, el conjunto de recursos e ideas que conforman un estilo de vida, una forma de vivir.

Históricamente, la vida de las personas y sus comunidades ha discurrido fuertemente apegada al territorio, al lugar en el que viven, que han debido en ocasiones defender con uñas y dientes frente a pueblos vecinos, lo que ha llevado en ocasiones a algunas culturas a crecer y a otras a desaparecer, pero casi siempre a mezclarse. De esta forma, castellanos y leoneses han mezclado sus principales rasgos identitarios: lengua, valores, costumbres, tecnología, etc. primero en un territorio que acabaría llamándose España, y luego en el mundo en distintos continentes y especialmente en lo que hoy conocemos como América Latina, pero también en Filipinas, Guinea Ecuatorial y otras regiones remotas.

En la identidad regional, la lengua es una cuestión clave. Allí donde hay una lengua diferente, hay una cultura diferente y de eso en España sabemos un rato. Por más que a algunos les cueste entenderlo, o no lo quieran ver, en Galicia, Euskadi y Cataluña existen rasgos identitarios muy fuertes, que se muestran y se construyen fundamentalmente a través del idioma. Pero de la misma manera, por más que a otros les cueste entenderlo, o no lo quieran ver, en esos territorios también está arraigada y mezclada la cultura castellana y leonesa, como origen de la española.

Así que efectivamente, cuanto más delimitada está una cultura a un territorio, cuanto más aferrada a unas fronteras, cuanto más encerrada en sí misma al fin, más fuerte es la identidad regional de sus habitantes. Pero eso no hace a esas regiones más modernas ni envidiables, todo lo contrario. Aquellas culturas que más se han extendido fuera de sus fronteras medievales son precisamente hoy las más difusas, pero eso no las hace peores, simplemente se han extendido más, y como los colores en un cuadro, cuanto más se extienden con el pincel, menos intenso es su cromatismo.

Vivir en una localidad de identidad regional débil no es necesariamente una debilidad y no debería ser una desventaja a la hora de obtener recursos económicos o políticos para el bienestar. Las sociedades más modernas hoy en día son mestizas, construyen su identidad a partir de lo global (derechos humanos, tecnología) y lo local (tradiciones del pueblo, signos del barrio), es decir, son aquellas que tienen una identidad construida equilibradamente a partir de elementos propios, pero también ajenos. Pero ni demasiados propios, ni demasiados ajenos.

Una vez escuché al gran paleontólogo Juan Luis Arsuaga contestar a la pregunta de por qué las especies de homínidos no han evolucionado todas igual, hacia el ser humano. Como si ser “uno de los nuestros” fuera lo mejor a lo que el resto de especies pueden aspirar. El Doctor Arsuaga contestaba lo obvio, que muchas veces es lo más difícil de explicar: porque a lo que evoluciona un chimpancé no es a ser humano, sino a ser mejor chimpancé. Igual que el gorila no evoluciona a ser chimpancé, ni elefante ni pez espada: evoluciona a ser mejor gorila.

Pues eso. El hecho de que otras regiones tengan una fuerte identidad regional no es signo de modernidad, sino muchas veces de todo lo contrario. Y que a través de esa fuerte identidad regional hayan adquirido ciertas ventajas políticas, económicas o de bienestar social, no significa que el nacionalismo sea la única forma de obtener dichas mejoras.

Lo realmente interesante para Castilla y León como comunidad política sería encontrar argumentos sólidos que permitan a nuestra región obtener ciertas ventajas financieras justas respecto a otras regiones, y que de paso esos argumentos no impliquen discursos de enfrentamiento, fantasía, venganza, resentimiento o supremacismo, como ocurre con el nacionalismo.

En conclusión, no es mejor tener una identidad cultural fuerte que no tenerla, no es mejor la uniformidad que la diversidad, no son mejores aquellos pueblos que tienen o pretenden tener encerrada su cultura en un territorio delimitado. No, no es mejor, y sobre todo no es viable en el mundo globalizado actual, y menos en el futuro.

—- Escrito con motivo del 23 de abril, día de Castilla y León,
que coincide en fecha con la fiesta de otras muchas otras regiones en España.
Adivinen por qué ;) —-

About ahueteg

Sociólogo, dedicado a la docencia e investigación sobre sociología, educación, salud, discapacidad y otros asuntos en relación con la exclusión social. Trabajo en la Universidad de Salamanca. Me puedes encontrar en Twitter, Facebook, Linkedin y otras redes sociales.

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