Blog de Antonia Durán Ayago
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Duran Ayago Antonia

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Contra la intolerancia

Probablemente, en algún momento, no demasiado lejano, desde la Universidad tengamos que reflexionar sobre esto. La intolerancia. Y no me refiero sólo al discurso del odio, al resurgimiento de las fobias, a torpedear al otro, que no se entiende, que no se valora, que no se respeta. Me refiero también a otra radical ola que se ha empezado a extender por las Universidades en que se vedan ciertos debates, se reniega de la dialéctica, y desde un totalitarismo supuestamente militante se deja o no hablar, en función de lo que el otro vaya a decir. Así no. Así nos alineamos con quienes desde otras esferas, menos cultivadas pero igual de dañinas, se lanzan contra el otro.

Contra la intolerancia, respeto. Y cultura. La cultura necesita reposo. Sosiego. No la inmediatez de las redes. En las que se vierte la bilis. Sin digerir el pensamiento.

Contra la intolerancia, respeto. Y conocimiento. Es necesario romper con ese estado de opinión en el que vivimos en el que todos parecemos saber de todo. No es así. Deberíamos recuperar la vergüenza, que es más bien respeto, para poder hablar de los temas que nos interesan.

Y contra la intolerancia, dignidad. Es increíble que en el siglo XXI las cavernas emerjan como si los derechos políticos, civiles, económicos, sociales no existieran, como si nunca hubieran existido.

Frente a este discurso del odio. Frente a aquellos que han hecho de la incultura su bandera. Desde la Universidad tenemos que ofrecer conocimiento, cultura, compromiso social y, sobre todo, respeto. A lo mejor tenemos que ir organizando la resistencia.

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Empiezo a pensar que se podrá

Hoy, como muchos, estoy pendiente del debate de investidura. Cuando esto escribo escucho a Alberto Garzón. Lo que a mí, personalmente, me reconcilia con la política. Muchas verdades y mucho contenido en su discurso. Está claro que hay una fortaleza clara en el debate frente al humo, la alharaca y el filibusterismo al que ya nos tienen acostumbrados aquellos que se escudan tras la bandera sin que hayan demostrado su capacidad de defenderla. Tampoco en esta ocasión.

La fortaleza está en haber logrado trabar un programa de gobierno ilusionante, social, necesario. Al que podría haberse llegado, bien es verdad, mucho antes, pero ahora sólo importa el presente. Y el futuro. El programa es interesante, esperanzador. Cierto que a veces demasiado genérico, y el candidato a presidente hoy no ha querido o no ha sabido desarrollar algunas de las ideas que deberían ser esenciales, como cómo hacer de los ODS una estrategia en la acción de gobierno o cómo trasladar los principios de la responsabilidad social corporativa también a la administración pública, cuestiones ambas de indudable importancia. Hay también otras perspectivas, a mi juicio, equivocadas, como el planteamiento en contra de la gestación por sustitución, mezclando cuestiones que nada tienen que ver pero que al peso parece que al presidente le gusta venderlas como carta a favor del feminismo. Esta batalla habrá que seguir dándola desde el respeto y el conocimiento.

Pero más allá de todo, lo cierto es que el 7 de enero podemos salir de la interinidad y dar paso a un gobierno que comience a construir y a tejer, lo que necesitamos a todas luces. No quiero detenerme ahora sobre el tema de Cataluña y el papel que se le ha querido dar en este debate. En Cataluña arrastramos un problema desde hace años y habrá que saber llegar a una solución. Negar que existe es simplemente relegar su solución. Así llevamos mucho tiempo y cada vez pinta peor. Así que también hay que recibir con optimismo que se pretenda intentar, y ojalá que conseguir, una solución en la que quepamos todos.

Ojalá este año la magia se haga realidad también en este sentido.

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Un día cualquiera de fin de año

Es 27 de diciembre de 2019. Un día cualquiera de fin de año. No sé si procede hacer balance. Creo que ese es mi propósito. Aunque no sé bien a dónde me llevarán las palabras hoy. Acabamos de llegar de jugar al balón mis hijos y yo. Hemos presenciado un atardecer espectacular. No hace nada de frío. Son unas navidades atípicas en las temperaturas. Nos hemos encontrado a un señor gato que ha sido la estrella de la tarde. Se ha dejado acariciar y el paraíso para mis hijos se ha hecho realidad.

Ya de vuelta he seguido corrigiendo trabajos atrasados. Con energía renovada. Pero de repente he pensado en el blog. Este año no han sido muchas las entradas que he podido escribir.  2019 ha sido un año quizás demasiado intenso. Muchos proyectos iniciados y otros que aún no he podido iniciar. Poco tiempo para el sosiego, que hace falta para escribir. Le pediremos al nuevo año que nos lo proporcione. Pero, con todo, el balance es muy positivo. Avanzamos, nos movemos, vivimos. Y al final, eso es lo que importa. Quizás deba esperar a otro día para hacer un balance más detallado. O no. A lo mejor lo que procede es relacionar los nuevos retos. Y esos aún están en construcción.

En cualquier caso, os deseo a todos un muy feliz 2020. Vamos a confiar en que sea un gran año.

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Feliz Navidad 2019

Para todos aquellos que seguís este blog, un postal de felicitación de estas fechas y mis mejores deseos para el próximo año

Navidad 2019

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Gracias y suerte

No siempre los adioses son iguales. Algunos son silenciosos, otros son portazos, y algunos, sólo algunos, marcan impronta.

Irse de un sitio en donde has compartido espacio de trabajo durante más de diez años, con el corazón encogido, lleno de agradecimiento y con cierto miedo también a lo desconocido. Con personas que te muestran su cariño, su respeto y su reconocimiento. Con sentimientos encontrados, entre la alegría y la tristeza. Son muchas emociones las que hoy hemos vivido.

Por mi parte, sólo puedo dar las gracias a todas esas personas que han cuidado de la persona a la que quiero durante tanto tiempo. Y que tanto me han ayudado a mí también, muchas veces, para poder conciliar, con todas sus dificultades.

Ahora comienza una nueva etapa y todo está por escribir. Pero vamos con toda la ilusión del mundo. También con el compromiso y la experiencia atesorada durante estos años. Mucha suerte, compañera.

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30 años del Convenio de Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño

Hoy no es un día cualquiera. Cumple 30 años uno de los Convenios de carácter mundial más importantes de los últimos tiempos. Y que sigue siendo muy necesario, pese a lo que algunos iletrados últimamente sostengan. El Convenio de Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño. Es un Convenio que ha ratificado prácticamente toda la Comunidad internacional, con excepciones significativas, como Estados Unidos o Somalia. Tampoco Sudán del Sur ha ratificado este Convenio (vid. https://www.humanium.org/es/signatarios-convencion/). Pero esta masiva ratificación de este Convenio no nos debe llevar a pensar en que en todos los Estados es vinculante, puesto que su verdadera fortaleza deriva de que la legislación interna de los Estados miembros se adecúe a esas obligaciones que dimanan de ser parte del Convenio.

Transcribo, con algunos cambios, y como un humilde homenaje en el día de hoy a este Convenio, el apartado dedicado a la universalización de los valores constitucionales: el interés superior del menor, que publiqué en «La protección de menores en la era de la globalización: del conflicto de leyes a las técnicas de flexibilización», en CALVO CARAVACA, A. L. / BLANCO-MORALES LIMONES, P. (eds.), Globalización y Derecho, Editorial Colex, San Fernando de Henares (Madrid), 2003, pp. 212-236 (La protección de menores en la era de la globalización).

 ”El niño o menor no ha sido considerado como sujeto necesitado de una protección jurídica específica hasta ya entrado el siglo XX[1]. El movimiento en defensa de los niños, que se inicia en Inglaterra, se consolida con la adopción en 1924, en el seno de la Sociedad de Naciones, de la Carta de los Derechos del Niño (también llamada Declaración de Ginebra). No fue más que una “declaración” de buenas intenciones cuyo principal mérito radica en haber inaugurado la senda para futuras normas.

Heredera de este texto fue la Declaración de Derechos del Niño, de 20 de noviembre de 1959, adoptada al amparo de la Asamblea General de Naciones Unidas. En ella se establecía una serie de derechos propios de la infancia, pero no los mecanismos adecuados para su protección. Debido a ello, su fuerza vinculante fue escasa y pocos fueron los Estados que optaron por su transposición.

Finalmente, el 20 de noviembre de 1989, la Asamblea de Naciones Unidas adoptó, por unanimidad, la Convención sobre los Derechos del Niño, quedando abierta a la firma de los Estados el 20 de enero de 1990 y entrando en vigor el 2 de septiembre del mismo año[2].

 Esta Convención refleja una nueva perspectiva en torno al niño. Los niños ya no se conciben como una simple prolongación de sus padres, propiedad de estos. Tampoco son los beneficiarios indefensos de una obra de caridad. Son seres humanos con unas específicas necesidades que poseen sus propios derechos. Así, la Convención ofrece un panorama en el que el niño es individuo y miembro de una familia y una comunidad, con derechos y responsabilidades adaptados a la etapa de su desarrollo. De esta manera, la Convención está orientada hacia la personalidad integral del niño, sujeto activo, copartícipe de la sociedad en la que vive[3].

La amplia lista de ratificaciones recibidas por parte de Estados de todo el mundo[4] lleva a hacerse una idea de la trascendencia que esta Convención posee[5], aunque sólo fuera como texto inspirador de la legislación de todos aquellos Estados que forman parte de la misma, pues hay que reseñar que sus normas no son self-executing[6]. Prueba palpable del desarrollo legislativo que los diferentes Estados han realizado a raíz de la entrada en vigor de la Convención la encontramos en la Ley Orgánica 1/1996, de 15 de enero, de Protección jurídica del menor

Sea como fuere, a través de esta Convención se mundializan principios de tanta importancia como el interés superior del niño[7]. Principio éste que habrá de inspirar la legislación que en esta materia elaboren los Estados miembros, así como a todas aquellas instituciones que tengan como fin la protección del menor, a la vez que ha servido para llamar la atención, por vez primera, sobre la dignidad humana fundamental de todos los niños y la necesidad urgente de asegurar su bienestar y su desarrollo.

 El interés del menor es un concepto jurídico indeterminado que, desde el punto de vista del Derecho internacional privado comporta, la adopción de soluciones flexibles y disposiciones materialmente orientadas[8]. Este concepto se ha ido convirtiendo, paulatinamente, en un factor de progreso y unificación del Derecho internacional privado, pues los distintos Convenios que se han elaborado en la materia, lo han adoptado como referente y principio arquitectural de todas las instituciones que tienen como eje central al menor.

 No en vano, el proceso de materialización del Derecho internacional privado encuentra una manifestación clara en el ámbito de la protección del menor. Es un hecho, a estas alturas reiteradamente constatado, que la problemática específica del tráfico privado internacional no puede limitarse a la existencia de unas cuantas normas de carácter neutro, sino que exige una consideración especial al valor protegido, como lo es en este caso, el interés superior del menor[9]. De otro lado, la experiencia ilustra sobre la necesidad de proteger y garantizar este interés a través de Convenios internacionales, realzando el papel de la cooperación a través de las autoridades centrales[10]. Éstas asumen en cada Estado la realización de las funciones y finalidades previstas en el respectivo Convenio, simplificando así al particular una serie de trámites y reduciendo los costes, al tener que realizarse estos en otro país.

 Además de fijar el interés del menor como principio referencial, la Convención subraya y defiende expresamente la función de la familia en la vida de los niños. Así, en el preámbulo y en los arts. 5, 10 y 18, menciona específicamente a la familia como grupo fundamental de la sociedad y el entorno natural para el crecimiento y el bienestar de sus miembros, particularmente los niños. De esta manera, los Estados están obligados a respetar la responsabilidad primordial de los padres en materia de atención y orientación para sus hijos y a prestar apoyo a los padres y las madres en este ámbito, proporcionando asistencia material y programas de apoyo. Asimismo, los Estados están obligados a evitar la separación de los niños de sus familias a menos que la mencionada separación se considere necesaria para el interés superior del menor[11].

 Por último, el principio de no discriminación se incorpora a todos los instrumentos básicos de Derechos humanos, adquiriendo los Estados la obligación de establecer quiénes son los niños más vulnerables y desfavorecidos dentro de sus fronteras y tomar las medidas apropiadas para garantizar el cumplimiento y la protección de los Derechos de estos niños.

 La Convención se convierte de este modo en el paradigma y referente mundial de los derechos del niño, inaugurándose con ella una nueva concepción del menor que lo considera ya no sólo como objeto de protección y asistencia especial, sino como sujeto de derechos y libertades, con capacidad para participar en la toma de decisiones en aquellos asuntos que afecten directamente a su persona[12].


[1] Los textos convencionales no se ponen de acuerdo en su terminología. En el seno de la Conferencia de La Haya era común el término “menor” en los Convenios que regulan distintos perfiles del Derecho de familia relacionado con estas personas, si bien no todos coincidían en el horizonte temporal dentro del cual había que entender a una persona como menor. En los dos últimos Convenios adoptados por esta Conferencia en esta materia, el Convenio relativo a la protección del niño y a la cooperación en materia de adopción internacional, de 29 de mayo de 1993 y el Convenio relativo a la competencia, la ley aplicable, el reconocimiento, la ejecución y la cooperación en materia de responsabilidad parental y de medidas de protección de los niños, de 19 de octubre de 1996, se ha optado por la utilización del término “niño” que se define materialmente como toda persona hasta alcanzar los dieciocho años. Permítasenos utilizar, por tanto, ambos términos indistintamente.

 [2] Publicada en el B.O.E. núm. 313, de 31-12-1990, para España esta Convención está en vigor desde el 5-1-1991. Véase Rodríguez Mateos, P., «La protección jurídica del menor en la Convención sobre los Derechos del Niño, de 20 de noviembre de 1989», R.E.D.I. 1992-2, págs. 465-498; Álvarez Vélez, Mª. I., «La política de protección de menores en el ámbito internacional», en Rodríguez Torrente, J., El menor y la familia: conflictos e implicaciones, Universidad Pontificia de Comillas, Madrid, 1998, págs. 173-207 y Durán Ayago, A., «Comentario a la Convención sobre los Derechos del Niño, hecha en Nueva York, el 20 de noviembre de 1989», en Calvo Caravaca, A.L. / Carrascosa González, J. (dirs.), Legislación de Derecho internacional privado. Comentada y con jurisprudencia, Editorial Colex, 2002, págs. 687-705.

[3] Esta Convención surge del convencimiento de que el niño necesita una protección especial y de ahí que a lo largo del pasado siglo se hayan elaborado textos normativos en el ámbito internacional que específicamente protegen al menor, de forma paralela a otros textos en donde se reconocen y protegen derechos humanos y fundamentales, como, en el ámbito de Naciones Unidas, la Declaración Universal de los Derechos Humanos, de 10 de diciembre de 1948, el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, ambos de 16 de diciembre de 1966. O en el ámbito del Consejo de Europa, el Convenio europeo para la Protección de los Derechos Humanos y Libertades Fundamentales, hecho en Roma el 4 de noviembre de 1950.

[4] Un dato que sería anecdótico si no fuera por su trascendencia. Únicamente dos Estados no han ratificado esta Convención: Estados Unidos y Somalia. En la actualidad está en vigor para 191 Estados. Sin embargo, los datos que nos llegan diariamente no son demasiado halagüeños. El Diario El País, en su edición nacional, publicaba el día 20 de noviembre de 2002, cuando se cumplía el decimotercero aniversario de la Convención, la siguiente noticia: “Según un informe de Cruz Roja, más de doce millones de niños menores de 5 años mueren al año en el mundo por causas evitables. La malnutrición, el sarampión o el tétanos son causas de muerte que se pueden evitar. Además, –señala también Cruz Roja– en España más de dos millones niños viven en la pobreza”. Por tanto, hemos de convenir que, pese al elevado número de ratificaciones y al indudable carácter universal de esta Convención, si no somos capaces entre todos de garantizar el derecho a la vida (que en buena parte conlleva eliminar o paliar la situación de pobreza en que viven muchos niños en el mundo), sin el cual todos los demás derechos no tienen sentido, la Convención estará fracasando.

[5] Algunos autores, entre ellos y por todos Borrás Rodríguez, A., «El interés del menor como factor de progreso y unificación del Derecho internacional privado», Revista jurídica de Catalunya, 1994-4, pág. 925, opinan que “esta extensa lista de ratificaciones se ampara en la poca concreción de las obligaciones que impone la Convención, ya que cuanto más concreto es un Convenio y más estrictas las exigencias que de él se derivan, mayores son las dificultadas para su entrada en vigor y su eficacia”. Estima Rodríguez Mateos, P., «La protección jurídica del menor…», cit., pág. 465, que “se trata una norma positiva mínima, en cuanto necesita normas más detalladas en relación a la efectividad de los derechos que recoge y, por tanto, de un desarrollo que pudiera ser calificado de más jurídico”.

[6] Esto implica que los particulares no pueden alegar directamente sus disposiciones ante los Tribunales, sino que es el legislador de cada Estado parte el que debe traducir los mandatos de la Convención en normas concretas de Derecho positivo, normas éstas que los particulares sí pueden invocar directamente ante los Tribunales. Antes de ratificar la Convención sobre los Derechos del Niño o poco después de hacerlo, los Estados tienen que armonizar su legislación nacional con las provisiones del tratado, excepto en que las normas nacionales ofrezcan una protección superior. De esta forma, las normas en materia de Derechos de la infancia no son ya una mera aspiración, sino una obligación de los Estados. Tras la ratificación, los Estados se responsabilizan pública e internacionalmente de sus acciones mediante la presentación de informes sobre la aplicación de la Convención, constituyendo el núcleo del proceso de verificación el Comité de los Derechos del Niño, una entidad independiente cuyos miembros, nombrados tras una elección, poseen una “alta reputación moral” y son expertos en el ámbito de los Derechos humanos.

[7] La Convención parte del principio de que en todas las medidas concernientes a los niños que tomen las instituciones públicas o privadas de bienestar social, ya sean los tribunales, las autoridades administrativas o los órganos legislativos, deberán atender, como consideración primordial, al interés superior del niño     (art. 3).

[8] Borrás Rodríguez, A., «El interés del menor…», cit., pág. 923.

[9] Borrás Rodríguez, A., «El interés del menor…», cit., pág. 927.

[10] Borrás Rodríguez, A., «El papel de la “Autoridad Central”: los Convenios de La Haya y España», R.E.D.I. 1993-1, págs. 63-81. Bucher, A., Le famille en droit international privé, Rec. des Cours, Tomo 283, 2000, págs. 139 y ss.

[11] Basándose en estos principios, se han elaborado el Convenio relativo a la protección del niño y a la cooperación en materia de adopción internacional, de 29 de mayo de 1993 y el Convenio entre el Reino de España y el Reino de Marruecos, sobre asistencia judicial, reconocimiento y ejecución de resoluciones judiciales en materia de derecho de custodia y derecho de visita y devolución de menores, de 30 de mayo de 1997. También se inspiran en estos principios, aun cuando en el momento de la elaboración de estos Convenios, la Convención sobre los Derechos del Niño aún no estaba vigente, el Convenio sobre los aspectos civiles de la sustracción internacional de menores, hecho en La Haya el 25 de octubre de 1980 y el Convenio europeo relativo al reconocimiento y ejecución de decisiones en materia de custodia de menores, así como al restablecimiento de dicha custodia, hecho en Luxemburgo, el 20 de mayo de 1980.

[12] Álvarez Vélez, Mª. I., «La política de protección de menores…», cit., pág. 175.

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Tenemos otro problema

Pues nada. Ahí están los resultados. Y también las interpretaciones. Variadas, múltiples. Desde mi humilde opinión hay tres cosas  bastante claras. 1) La repetición de las elecciones solo ha beneficiado a Vox. 2) La situación ahora es más ingobernable que en abril. 3) No tengo nada claro que con los cabezas de lista de los principales partidos se vaya a resolver ni a corto, ni a medio ni a largo plazo esta situación.

Además, a la situación de interinidad que ya va pesando demasiado y a la crisis palpitante en Cataluña, se ha unido el problema de Vox. Que ya no es un problema de un partido en sí, sino del problema que plantea en el país. Porque si en España hay 3.640.063 personas que han votado a este partido frente al millón menos que lo hicieron en abril, es que tenemos que hacérnoslo mirar seriamente.

Quiero pensar que esto es algo transitorio. Creo que mucho voto a este partido viene del hartazgo del resto de partidos. Estoy convencida de que con cambios de liderazgos y de políticas, Vox no tendría la representación en el Congreso que ahora tiene. Porque España no es un país xenófobo, ni intolerante, ni radical. El aumento en número de Vox quiero interpretarlo como una llamada a la necesidad de cambio. La pena es que hasta ahora sólo la ha oído el líder de un partido quemado como es Ciudadanos. A mi juicio tanto Sánchez como Iglesias deberían haber seguido el mismo camino. Ya que no quisieron irse antes. Que no deberían haber repetido ante su incapacidad para formar gobierno. Deberían haberse ido anoche. Porque demostrada ha quedado la incapacidad de ambos para poder gobernar juntos, cuando pudieron hacerlo en un escenario mejor en mayo. A tiempo están de evitar otra catástrofe.

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Ya está bien

Penoso. Desconcertante. Irritante. Frustrante. 5 señores en un debate erial. 1 de ellos vertiendo consignas xenófobas cada vez que tenía el uso de la palabra, llevándose por delante toda la organización territorial del Estado y con ello la Constitución, negando la violencia de género, gritando el viva España en su minuto final. En la televisión pública. Los 4 restantes manteniendo silencio. Ninguno rebatió ni una sola de las consignas que vertió el representante del partido fascista VOX. Nadie impidió que participara en el debate. Nadie impide ni interviene cuando organiza actos delante de los centros en que están tutelados menores extranjeros que llegan solos a España. No interviene la Fiscalía. Liga inmigración y delincuencia sin despeinarse. Porque sabe que puede campar a sus anchas. España es un estado progre, como él dice, y aquí todo vale, pues bonitos son ellos para que nadie les pueda poner el cascabel a su gato.

Y esto es lo que tenemos, señores. Un erial político, humanístico y cultural como nunca antes. Candidatos mediocres, engolados, en la estratosfera de los problemas diarios que tenemos los que vivimos aquí. ¿Oyeron en el debate alguna palabra sobre educación, o sobre la sanidad, o sobre la dependencia? ¿Alguien habló con solvencia de los problemas que nos acechan con el cambio climático? ¿Alguien propuso algún plan para fortalecer y reactivar la economía? ¿Alguien habló de investigación? No. Sólo adoquines, mentiras, fakenews y sordina.

Ante esta situación a muchos solo nos queda votar para evitar la catástrofe de que un partido de extrema derecha siga escalando puestos en su representación en las Cortes. Porque no queremos irnos de España. Y porque si los pronósticos que marcan las encuestas se cumplen, no nos quedará más remedio que llamar a la puerta de nuestro vecino Portugal, para poder seguir respirando en libertad.

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Tempus fugit

Siempre sostuve que el tiempo no pasa, pasamos nosotros. Y en ese pasar muchas veces nos descubrimos atónitos, sin ser conscientes de cómo el tiempo ha pasado tan rápido, o cómo nosotros nos hemos deslizado tan rápidamente por el tiempo.

No se asusten, que no voy a divagar sobre conceptos filosóficos a esta hora de la noche del último lunes de octubre de 2019. Voy a contarles sólo, después de algún tiempo de ausencia de este blog, lo que me parece que estemos en la antesala de la repetición de las elecciones y, por tanto, desde abril con un gobierno interino, sin presupuestos, con tantas cosas por hacer y absolutamente bloqueados a todos los niveles, mientras que por nosotros, por todos, sigue pasando veloz el tiempo. Es una auténtica irresponsabilidad que tengamos que repetir elecciones. En el reparto de culpas hay para todos, pero entiendo que quien más parte de responsabilidad tiene es el partido que ganó las elecciones y que no supo gestionar con acierto esta victoria. Las encuestas dicen lo que dicen, y no parece que suenen del todo bien, en un escenario de tremenda complejidad para Cataluña, que no sé si el presidente en funciones no pudo o no quiso prever cuando las convocó.

Es tal el erial político que nos rodea, con todos los cabezas de lista de las anteriores elecciones repitiendo, como si con ellos no fuera la cosa, que probablemente haya quien se plantee no votar, con todo lo que eso supone, de fracaso colectivo. Pero la cuestión es que hacer eso, no votar, no solucionaría nada y nos podría abocar a un escenario peor. Quiero pensar que vendrán tiempos mejores. Hasta entonces habrá que decantarse por la opción que consideremos menos mala. Y no perder de vista que hay un partido fascista que según las encuestas sube, y bastante.  Tremendo.

Lo cierto es que más allá de Cataluña y de la exhumación de Franco, hay una larga de lista de temas sobre los que nos gustaría oír hablar a los españoles. Y deberíamos demandar que se hable de lo que nos interesa, de lo que queremos llegar a ser como país, más allá del marketing y de las banderas. Cuestiones como la educación, la dependencia, la justicia, la sanidad, el empleo digno, la igualdad real, la diversidad, el compromiso con los Objetivos de Desarrollo Sostenible a todos los niveles, la responsabilidad social, el compromiso con el respeto a los derechos humanos.

Nos merecemos mucho más que los políticos que ahora tenemos son capaces de dar. Vendrán tiempos mejores. Quiero pensar. Entretanto, tempus fugit.

 

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Nuevo curso

Ayer comenzamos las clases en la Universidad de Salamanca. Es curioso que a pesar de los años, aún siento ese cosquilleo antes de ir a clase…

Ayer conocí a los que serán mis alumnos durante este curso en la asignatura de Derecho Internacional Privado, o más bien, ellos me conocieron a mí, porque yo tardaré todavía un poco en conocerlos a ellos. Este curso comienza, además, con visitas de compañeros en el horizonte que ya ayer anuncié. Nos acompañarán al menos la Profesora Dulce Lopes, de la Universidad de Coimbra, que va a hacer una estancia Erasmus en la Universidad de Salamanca, y que también participará en la docencia del Máster en Derecho Privado Patrimonial, y el Profesor Ángel Espiniella, de la Universidad de Oviedo que nos presentará su trabajo sobre Responsabilidad civil por accidentes de trabajos transfronterizos. Va a ser un privilegio tenerlos aquí este curso. Y ojalá que podamos articular la presencia de algún compañero más en los ya arraigados Seminarios wiki.

Otra novedad de este curso será la puesta en marcha de la línea de Migrantes y Derechos en la Clínica Jurídica de Acción Social. En esto el cosquilleo se convierte directamente en vértigo. Ojalá entre todos podamos sacarle todo el partido.

A la vuelta de la esquina está el VIII Encuentro de la Red española de Clínicas Jurídicas que se celebrará en Mallorca el 4 de octubre. Allí estaremos para compartir experiencias y aprender.

En octubre visitaré la Universidad de Vigo, para impartir dos seminarios gracias a la invitación del Profesor Pablo Bonorino.

También a finales de septiembre participaremos en el Encuentro de Familias organizado por la FELGTB que este año tiene lugar en la Universidad de Salamanca.

Y os iré contando poco a poco más cosas. Porque en la Unidad de Evaluación de la Calidad tenemos retos planteados muy importantes que ojalá podamos comenzar también a plasmar a lo largo de este curso.

Así que a trabajar se ha dicho. Muy buen curso para todos. Que sepamos dar lo mejor.

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