Blog de Antonia Durán Ayago
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Duran Ayago Antonia

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Gracias y suerte

No siempre los adioses son iguales. Algunos son silenciosos, otros son portazos, y algunos, sólo algunos, marcan impronta.

Irse de un sitio en donde has compartido espacio de trabajo durante más de diez años, con el corazón encogido, lleno de agradecimiento y con cierto miedo también a lo desconocido. Con personas que te muestran su cariño, su respeto y su reconocimiento. Con sentimientos encontrados, entre la alegría y la tristeza. Son muchas emociones las que hoy hemos vivido.

Por mi parte, sólo puedo dar las gracias a todas esas personas que han cuidado de la persona a la que quiero durante tanto tiempo. Y que tanto me han ayudado a mí también, muchas veces, para poder conciliar, con todas sus dificultades.

Ahora comienza una nueva etapa y todo está por escribir. Pero vamos con toda la ilusión del mundo. También con el compromiso y la experiencia atesorada durante estos años. Mucha suerte, compañera.

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30 años del Convenio de Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño

Hoy no es un día cualquiera. Cumple 30 años uno de los Convenios de carácter mundial más importantes de los últimos tiempos. Y que sigue siendo muy necesario, pese a lo que algunos iletrados últimamente sostengan. El Convenio de Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño. Es un Convenio que ha ratificado prácticamente toda la Comunidad internacional, con excepciones significativas, como Estados Unidos o Somalia. Tampoco Sudán del Sur ha ratificado este Convenio (vid. https://www.humanium.org/es/signatarios-convencion/). Pero esta masiva ratificación de este Convenio no nos debe llevar a pensar en que en todos los Estados es vinculante, puesto que su verdadera fortaleza deriva de que la legislación interna de los Estados miembros se adecúe a esas obligaciones que dimanan de ser parte del Convenio.

Transcribo, con algunos cambios, y como un humilde homenaje en el día de hoy a este Convenio, el apartado dedicado a la universalización de los valores constitucionales: el interés superior del menor, que publiqué en «La protección de menores en la era de la globalización: del conflicto de leyes a las técnicas de flexibilización», en CALVO CARAVACA, A. L. / BLANCO-MORALES LIMONES, P. (eds.), Globalización y Derecho, Editorial Colex, San Fernando de Henares (Madrid), 2003, pp. 212-236 (La protección de menores en la era de la globalización).

 ”El niño o menor no ha sido considerado como sujeto necesitado de una protección jurídica específica hasta ya entrado el siglo XX[1]. El movimiento en defensa de los niños, que se inicia en Inglaterra, se consolida con la adopción en 1924, en el seno de la Sociedad de Naciones, de la Carta de los Derechos del Niño (también llamada Declaración de Ginebra). No fue más que una “declaración” de buenas intenciones cuyo principal mérito radica en haber inaugurado la senda para futuras normas.

Heredera de este texto fue la Declaración de Derechos del Niño, de 20 de noviembre de 1959, adoptada al amparo de la Asamblea General de Naciones Unidas. En ella se establecía una serie de derechos propios de la infancia, pero no los mecanismos adecuados para su protección. Debido a ello, su fuerza vinculante fue escasa y pocos fueron los Estados que optaron por su transposición.

Finalmente, el 20 de noviembre de 1989, la Asamblea de Naciones Unidas adoptó, por unanimidad, la Convención sobre los Derechos del Niño, quedando abierta a la firma de los Estados el 20 de enero de 1990 y entrando en vigor el 2 de septiembre del mismo año[2].

 Esta Convención refleja una nueva perspectiva en torno al niño. Los niños ya no se conciben como una simple prolongación de sus padres, propiedad de estos. Tampoco son los beneficiarios indefensos de una obra de caridad. Son seres humanos con unas específicas necesidades que poseen sus propios derechos. Así, la Convención ofrece un panorama en el que el niño es individuo y miembro de una familia y una comunidad, con derechos y responsabilidades adaptados a la etapa de su desarrollo. De esta manera, la Convención está orientada hacia la personalidad integral del niño, sujeto activo, copartícipe de la sociedad en la que vive[3].

La amplia lista de ratificaciones recibidas por parte de Estados de todo el mundo[4] lleva a hacerse una idea de la trascendencia que esta Convención posee[5], aunque sólo fuera como texto inspirador de la legislación de todos aquellos Estados que forman parte de la misma, pues hay que reseñar que sus normas no son self-executing[6]. Prueba palpable del desarrollo legislativo que los diferentes Estados han realizado a raíz de la entrada en vigor de la Convención la encontramos en la Ley Orgánica 1/1996, de 15 de enero, de Protección jurídica del menor

Sea como fuere, a través de esta Convención se mundializan principios de tanta importancia como el interés superior del niño[7]. Principio éste que habrá de inspirar la legislación que en esta materia elaboren los Estados miembros, así como a todas aquellas instituciones que tengan como fin la protección del menor, a la vez que ha servido para llamar la atención, por vez primera, sobre la dignidad humana fundamental de todos los niños y la necesidad urgente de asegurar su bienestar y su desarrollo.

 El interés del menor es un concepto jurídico indeterminado que, desde el punto de vista del Derecho internacional privado comporta, la adopción de soluciones flexibles y disposiciones materialmente orientadas[8]. Este concepto se ha ido convirtiendo, paulatinamente, en un factor de progreso y unificación del Derecho internacional privado, pues los distintos Convenios que se han elaborado en la materia, lo han adoptado como referente y principio arquitectural de todas las instituciones que tienen como eje central al menor.

 No en vano, el proceso de materialización del Derecho internacional privado encuentra una manifestación clara en el ámbito de la protección del menor. Es un hecho, a estas alturas reiteradamente constatado, que la problemática específica del tráfico privado internacional no puede limitarse a la existencia de unas cuantas normas de carácter neutro, sino que exige una consideración especial al valor protegido, como lo es en este caso, el interés superior del menor[9]. De otro lado, la experiencia ilustra sobre la necesidad de proteger y garantizar este interés a través de Convenios internacionales, realzando el papel de la cooperación a través de las autoridades centrales[10]. Éstas asumen en cada Estado la realización de las funciones y finalidades previstas en el respectivo Convenio, simplificando así al particular una serie de trámites y reduciendo los costes, al tener que realizarse estos en otro país.

 Además de fijar el interés del menor como principio referencial, la Convención subraya y defiende expresamente la función de la familia en la vida de los niños. Así, en el preámbulo y en los arts. 5, 10 y 18, menciona específicamente a la familia como grupo fundamental de la sociedad y el entorno natural para el crecimiento y el bienestar de sus miembros, particularmente los niños. De esta manera, los Estados están obligados a respetar la responsabilidad primordial de los padres en materia de atención y orientación para sus hijos y a prestar apoyo a los padres y las madres en este ámbito, proporcionando asistencia material y programas de apoyo. Asimismo, los Estados están obligados a evitar la separación de los niños de sus familias a menos que la mencionada separación se considere necesaria para el interés superior del menor[11].

 Por último, el principio de no discriminación se incorpora a todos los instrumentos básicos de Derechos humanos, adquiriendo los Estados la obligación de establecer quiénes son los niños más vulnerables y desfavorecidos dentro de sus fronteras y tomar las medidas apropiadas para garantizar el cumplimiento y la protección de los Derechos de estos niños.

 La Convención se convierte de este modo en el paradigma y referente mundial de los derechos del niño, inaugurándose con ella una nueva concepción del menor que lo considera ya no sólo como objeto de protección y asistencia especial, sino como sujeto de derechos y libertades, con capacidad para participar en la toma de decisiones en aquellos asuntos que afecten directamente a su persona[12].


[1] Los textos convencionales no se ponen de acuerdo en su terminología. En el seno de la Conferencia de La Haya era común el término “menor” en los Convenios que regulan distintos perfiles del Derecho de familia relacionado con estas personas, si bien no todos coincidían en el horizonte temporal dentro del cual había que entender a una persona como menor. En los dos últimos Convenios adoptados por esta Conferencia en esta materia, el Convenio relativo a la protección del niño y a la cooperación en materia de adopción internacional, de 29 de mayo de 1993 y el Convenio relativo a la competencia, la ley aplicable, el reconocimiento, la ejecución y la cooperación en materia de responsabilidad parental y de medidas de protección de los niños, de 19 de octubre de 1996, se ha optado por la utilización del término “niño” que se define materialmente como toda persona hasta alcanzar los dieciocho años. Permítasenos utilizar, por tanto, ambos términos indistintamente.

 [2] Publicada en el B.O.E. núm. 313, de 31-12-1990, para España esta Convención está en vigor desde el 5-1-1991. Véase Rodríguez Mateos, P., «La protección jurídica del menor en la Convención sobre los Derechos del Niño, de 20 de noviembre de 1989», R.E.D.I. 1992-2, págs. 465-498; Álvarez Vélez, Mª. I., «La política de protección de menores en el ámbito internacional», en Rodríguez Torrente, J., El menor y la familia: conflictos e implicaciones, Universidad Pontificia de Comillas, Madrid, 1998, págs. 173-207 y Durán Ayago, A., «Comentario a la Convención sobre los Derechos del Niño, hecha en Nueva York, el 20 de noviembre de 1989», en Calvo Caravaca, A.L. / Carrascosa González, J. (dirs.), Legislación de Derecho internacional privado. Comentada y con jurisprudencia, Editorial Colex, 2002, págs. 687-705.

[3] Esta Convención surge del convencimiento de que el niño necesita una protección especial y de ahí que a lo largo del pasado siglo se hayan elaborado textos normativos en el ámbito internacional que específicamente protegen al menor, de forma paralela a otros textos en donde se reconocen y protegen derechos humanos y fundamentales, como, en el ámbito de Naciones Unidas, la Declaración Universal de los Derechos Humanos, de 10 de diciembre de 1948, el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, ambos de 16 de diciembre de 1966. O en el ámbito del Consejo de Europa, el Convenio europeo para la Protección de los Derechos Humanos y Libertades Fundamentales, hecho en Roma el 4 de noviembre de 1950.

[4] Un dato que sería anecdótico si no fuera por su trascendencia. Únicamente dos Estados no han ratificado esta Convención: Estados Unidos y Somalia. En la actualidad está en vigor para 191 Estados. Sin embargo, los datos que nos llegan diariamente no son demasiado halagüeños. El Diario El País, en su edición nacional, publicaba el día 20 de noviembre de 2002, cuando se cumplía el decimotercero aniversario de la Convención, la siguiente noticia: “Según un informe de Cruz Roja, más de doce millones de niños menores de 5 años mueren al año en el mundo por causas evitables. La malnutrición, el sarampión o el tétanos son causas de muerte que se pueden evitar. Además, –señala también Cruz Roja– en España más de dos millones niños viven en la pobreza”. Por tanto, hemos de convenir que, pese al elevado número de ratificaciones y al indudable carácter universal de esta Convención, si no somos capaces entre todos de garantizar el derecho a la vida (que en buena parte conlleva eliminar o paliar la situación de pobreza en que viven muchos niños en el mundo), sin el cual todos los demás derechos no tienen sentido, la Convención estará fracasando.

[5] Algunos autores, entre ellos y por todos Borrás Rodríguez, A., «El interés del menor como factor de progreso y unificación del Derecho internacional privado», Revista jurídica de Catalunya, 1994-4, pág. 925, opinan que “esta extensa lista de ratificaciones se ampara en la poca concreción de las obligaciones que impone la Convención, ya que cuanto más concreto es un Convenio y más estrictas las exigencias que de él se derivan, mayores son las dificultadas para su entrada en vigor y su eficacia”. Estima Rodríguez Mateos, P., «La protección jurídica del menor…», cit., pág. 465, que “se trata una norma positiva mínima, en cuanto necesita normas más detalladas en relación a la efectividad de los derechos que recoge y, por tanto, de un desarrollo que pudiera ser calificado de más jurídico”.

[6] Esto implica que los particulares no pueden alegar directamente sus disposiciones ante los Tribunales, sino que es el legislador de cada Estado parte el que debe traducir los mandatos de la Convención en normas concretas de Derecho positivo, normas éstas que los particulares sí pueden invocar directamente ante los Tribunales. Antes de ratificar la Convención sobre los Derechos del Niño o poco después de hacerlo, los Estados tienen que armonizar su legislación nacional con las provisiones del tratado, excepto en que las normas nacionales ofrezcan una protección superior. De esta forma, las normas en materia de Derechos de la infancia no son ya una mera aspiración, sino una obligación de los Estados. Tras la ratificación, los Estados se responsabilizan pública e internacionalmente de sus acciones mediante la presentación de informes sobre la aplicación de la Convención, constituyendo el núcleo del proceso de verificación el Comité de los Derechos del Niño, una entidad independiente cuyos miembros, nombrados tras una elección, poseen una “alta reputación moral” y son expertos en el ámbito de los Derechos humanos.

[7] La Convención parte del principio de que en todas las medidas concernientes a los niños que tomen las instituciones públicas o privadas de bienestar social, ya sean los tribunales, las autoridades administrativas o los órganos legislativos, deberán atender, como consideración primordial, al interés superior del niño     (art. 3).

[8] Borrás Rodríguez, A., «El interés del menor…», cit., pág. 923.

[9] Borrás Rodríguez, A., «El interés del menor…», cit., pág. 927.

[10] Borrás Rodríguez, A., «El papel de la “Autoridad Central”: los Convenios de La Haya y España», R.E.D.I. 1993-1, págs. 63-81. Bucher, A., Le famille en droit international privé, Rec. des Cours, Tomo 283, 2000, págs. 139 y ss.

[11] Basándose en estos principios, se han elaborado el Convenio relativo a la protección del niño y a la cooperación en materia de adopción internacional, de 29 de mayo de 1993 y el Convenio entre el Reino de España y el Reino de Marruecos, sobre asistencia judicial, reconocimiento y ejecución de resoluciones judiciales en materia de derecho de custodia y derecho de visita y devolución de menores, de 30 de mayo de 1997. También se inspiran en estos principios, aun cuando en el momento de la elaboración de estos Convenios, la Convención sobre los Derechos del Niño aún no estaba vigente, el Convenio sobre los aspectos civiles de la sustracción internacional de menores, hecho en La Haya el 25 de octubre de 1980 y el Convenio europeo relativo al reconocimiento y ejecución de decisiones en materia de custodia de menores, así como al restablecimiento de dicha custodia, hecho en Luxemburgo, el 20 de mayo de 1980.

[12] Álvarez Vélez, Mª. I., «La política de protección de menores…», cit., pág. 175.

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Tenemos otro problema

Pues nada. Ahí están los resultados. Y también las interpretaciones. Variadas, múltiples. Desde mi humilde opinión hay tres cosas  bastante claras. 1) La repetición de las elecciones solo ha beneficiado a Vox. 2) La situación ahora es más ingobernable que en abril. 3) No tengo nada claro que con los cabezas de lista de los principales partidos se vaya a resolver ni a corto, ni a medio ni a largo plazo esta situación.

Además, a la situación de interinidad que ya va pesando demasiado y a la crisis palpitante en Cataluña, se ha unido el problema de Vox. Que ya no es un problema de un partido en sí, sino del problema que plantea en el país. Porque si en España hay 3.640.063 personas que han votado a este partido frente al millón menos que lo hicieron en abril, es que tenemos que hacérnoslo mirar seriamente.

Quiero pensar que esto es algo transitorio. Creo que mucho voto a este partido viene del hartazgo del resto de partidos. Estoy convencida de que con cambios de liderazgos y de políticas, Vox no tendría la representación en el Congreso que ahora tiene. Porque España no es un país xenófobo, ni intolerante, ni radical. El aumento en número de Vox quiero interpretarlo como una llamada a la necesidad de cambio. La pena es que hasta ahora sólo la ha oído el líder de un partido quemado como es Ciudadanos. A mi juicio tanto Sánchez como Iglesias deberían haber seguido el mismo camino. Ya que no quisieron irse antes. Que no deberían haber repetido ante su incapacidad para formar gobierno. Deberían haberse ido anoche. Porque demostrada ha quedado la incapacidad de ambos para poder gobernar juntos, cuando pudieron hacerlo en un escenario mejor en mayo. A tiempo están de evitar otra catástrofe.

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Ya está bien

Penoso. Desconcertante. Irritante. Frustrante. 5 señores en un debate erial. 1 de ellos vertiendo consignas xenófobas cada vez que tenía el uso de la palabra, llevándose por delante toda la organización territorial del Estado y con ello la Constitución, negando la violencia de género, gritando el viva España en su minuto final. En la televisión pública. Los 4 restantes manteniendo silencio. Ninguno rebatió ni una sola de las consignas que vertió el representante del partido fascista VOX. Nadie impidió que participara en el debate. Nadie impide ni interviene cuando organiza actos delante de los centros en que están tutelados menores extranjeros que llegan solos a España. No interviene la Fiscalía. Liga inmigración y delincuencia sin despeinarse. Porque sabe que puede campar a sus anchas. España es un estado progre, como él dice, y aquí todo vale, pues bonitos son ellos para que nadie les pueda poner el cascabel a su gato.

Y esto es lo que tenemos, señores. Un erial político, humanístico y cultural como nunca antes. Candidatos mediocres, engolados, en la estratosfera de los problemas diarios que tenemos los que vivimos aquí. ¿Oyeron en el debate alguna palabra sobre educación, o sobre la sanidad, o sobre la dependencia? ¿Alguien habló con solvencia de los problemas que nos acechan con el cambio climático? ¿Alguien propuso algún plan para fortalecer y reactivar la economía? ¿Alguien habló de investigación? No. Sólo adoquines, mentiras, fakenews y sordina.

Ante esta situación a muchos solo nos queda votar para evitar la catástrofe de que un partido de extrema derecha siga escalando puestos en su representación en las Cortes. Porque no queremos irnos de España. Y porque si los pronósticos que marcan las encuestas se cumplen, no nos quedará más remedio que llamar a la puerta de nuestro vecino Portugal, para poder seguir respirando en libertad.

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Tempus fugit

Siempre sostuve que el tiempo no pasa, pasamos nosotros. Y en ese pasar muchas veces nos descubrimos atónitos, sin ser conscientes de cómo el tiempo ha pasado tan rápido, o cómo nosotros nos hemos deslizado tan rápidamente por el tiempo.

No se asusten, que no voy a divagar sobre conceptos filosóficos a esta hora de la noche del último lunes de octubre de 2019. Voy a contarles sólo, después de algún tiempo de ausencia de este blog, lo que me parece que estemos en la antesala de la repetición de las elecciones y, por tanto, desde abril con un gobierno interino, sin presupuestos, con tantas cosas por hacer y absolutamente bloqueados a todos los niveles, mientras que por nosotros, por todos, sigue pasando veloz el tiempo. Es una auténtica irresponsabilidad que tengamos que repetir elecciones. En el reparto de culpas hay para todos, pero entiendo que quien más parte de responsabilidad tiene es el partido que ganó las elecciones y que no supo gestionar con acierto esta victoria. Las encuestas dicen lo que dicen, y no parece que suenen del todo bien, en un escenario de tremenda complejidad para Cataluña, que no sé si el presidente en funciones no pudo o no quiso prever cuando las convocó.

Es tal el erial político que nos rodea, con todos los cabezas de lista de las anteriores elecciones repitiendo, como si con ellos no fuera la cosa, que probablemente haya quien se plantee no votar, con todo lo que eso supone, de fracaso colectivo. Pero la cuestión es que hacer eso, no votar, no solucionaría nada y nos podría abocar a un escenario peor. Quiero pensar que vendrán tiempos mejores. Hasta entonces habrá que decantarse por la opción que consideremos menos mala. Y no perder de vista que hay un partido fascista que según las encuestas sube, y bastante.  Tremendo.

Lo cierto es que más allá de Cataluña y de la exhumación de Franco, hay una larga de lista de temas sobre los que nos gustaría oír hablar a los españoles. Y deberíamos demandar que se hable de lo que nos interesa, de lo que queremos llegar a ser como país, más allá del marketing y de las banderas. Cuestiones como la educación, la dependencia, la justicia, la sanidad, el empleo digno, la igualdad real, la diversidad, el compromiso con los Objetivos de Desarrollo Sostenible a todos los niveles, la responsabilidad social, el compromiso con el respeto a los derechos humanos.

Nos merecemos mucho más que los políticos que ahora tenemos son capaces de dar. Vendrán tiempos mejores. Quiero pensar. Entretanto, tempus fugit.

 

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Nuevo curso

Ayer comenzamos las clases en la Universidad de Salamanca. Es curioso que a pesar de los años, aún siento ese cosquilleo antes de ir a clase…

Ayer conocí a los que serán mis alumnos durante este curso en la asignatura de Derecho Internacional Privado, o más bien, ellos me conocieron a mí, porque yo tardaré todavía un poco en conocerlos a ellos. Este curso comienza, además, con visitas de compañeros en el horizonte que ya ayer anuncié. Nos acompañarán al menos la Profesora Dulce Lopes, de la Universidad de Coimbra, que va a hacer una estancia Erasmus en la Universidad de Salamanca, y que también participará en la docencia del Máster en Derecho Privado Patrimonial, y el Profesor Ángel Espiniella, de la Universidad de Oviedo que nos presentará su trabajo sobre Responsabilidad civil por accidentes de trabajos transfronterizos. Va a ser un privilegio tenerlos aquí este curso. Y ojalá que podamos articular la presencia de algún compañero más en los ya arraigados Seminarios wiki.

Otra novedad de este curso será la puesta en marcha de la línea de Migrantes y Derechos en la Clínica Jurídica de Acción Social. En esto el cosquilleo se convierte directamente en vértigo. Ojalá entre todos podamos sacarle todo el partido.

A la vuelta de la esquina está el VIII Encuentro de la Red española de Clínicas Jurídicas que se celebrará en Mallorca el 4 de octubre. Allí estaremos para compartir experiencias y aprender.

En octubre visitaré la Universidad de Vigo, para impartir dos seminarios gracias a la invitación del Profesor Pablo Bonorino.

También a finales de septiembre participaremos en el Encuentro de Familias organizado por la FELGTB que este año tiene lugar en la Universidad de Salamanca.

Y os iré contando poco a poco más cosas. Porque en la Unidad de Evaluación de la Calidad tenemos retos planteados muy importantes que ojalá podamos comenzar también a plasmar a lo largo de este curso.

Así que a trabajar se ha dicho. Muy buen curso para todos. Que sepamos dar lo mejor.

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Crisis de humanidad y Open Arms

No sé por dónde empezar.

Todos somos conocedores de la situación que viven más de cien personas en el buque Open Arms, que es una organización no gubernamental española cuyo fin principal es rescatar a las personas que se lanzan al mar Mediterráneo huyendo de todo tipo de barbaries y miseria. Que esto suceda, que haya personas que arriesguen sus vidas por llegar a Europa, ya nos debería compeler a una escueta pero intensa pregunta: ¿Por qué lo hacen? Algunos, aporófobos, pretenden criminalizar a estas personas y también, por supuesto, a las ONGs que acuden en su auxilio, insinuando oscuras relaciones con las mafias de traficantes. Algunos, además, como Abascal de Vox, exigen la ilegalización de estas ONGs. De todos es sabido la perversión del cristianismo que profesan algunos, para los que la caridad, en su sentido religioso, no es más que una palabra sin contenido…

Desde 2015 la Unión Europea se viene mostrando incapaz de hacer frente a uno de los mayores desafíos, junto con el Brexit, que le ha tocado enfrentar en sus ya sobrepasados 60 años de vida. Pareciera que una organización supranacional como ésta, basada en principios democráticos y en la defensa de los derechos humanos, no debería flaquear en esta causa que debería haber asumido con responsabilidad desde el primer momento. No olvidemos que desde 1997, la Unión Europea tiene competencias en materia de asilo, por lo que es claro que su actitud de avestruz, implica no otra cosa que dejación de funciones.

Junto con esta actitud indolente de la Unión Europea, aquellos Estados que cuentan con gobiernos declaradamente xenófobos como Italia contribuyen a que el problema se agrave. Si por cercanía son las costas italianas las que más veces se ven interpeladas, y el Sr. Salvini les niega la posibilidad a estas personas rescatadas en alta mar de pisar suelo italiano para poder presentar su solicitud de asilo o de protección internacional, todo se complica. La cuestión, por tanto, no es que España tarde 18 días en reaccionar ofreciendo un puerto en el que desembarcar a estas personas, requiriendo esta provocada reacción por supuesto análisis, lo importante es que tras esta crisis vendrá otra y si no somos capaces de resolver el problema a nivel de Unión Europea, lo que estaremos manifestando es que somos una Unión fallida.

Y lo somos. Porque a la postre tras todo esto no hay más que estrategia política. De la mala. Pero esto es lo que hay. ¿Dónde quedó el significado del aforismo “el hombre como medida de todas las cosas” del sofista Protágoras? La Política, con mayúscula, está ausente. Y si me apuran ya no se trata de izquierdas o de derechas, se trata simplemente de humanidad. Si ya hasta esto hemos perdido, lo demás, sobra.

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31 de julio de 2019

No es un día cualquiera este 31 de julio de 2019. Con él ponemos punto y final a un curso que ha sido muy intenso y muy fructífero. Y que me ha gustado especialmente. Lo comenzamos ya en agosto en Mendoza (Argentina), lo continuamos en septiembre en Lisboa, y en ambos presenté dos trabajos a los que tengo especial cariño, el primero sobre la libre circulación de personas y familias y el método de reconocimiento de situaciones y el segundo sobre la ley francesa del deber de vigilancia. Luego tuvimos el VII Encuentro de Clínicas Jurídicas en la Facultad de Derecho de la Universidad de Salamanca. Y las clases de Derecho Internacional Privado, y del Máster de la Abogacía y de Derecho Privado Patrimonial. Luego visitamos la Carlos III, Ibiza, Venecia y Brasil, y vinieron más clases y más actividades de la Clínica Jurídica de Acción Social, como la presentación con Nico Castellanos del documental El naufragio: 30 años de memoria sumergida en la Filmoteca de Castilla y León y más tarde la campaña Destapona la USAL que ya lleva 235 kg de tapones y tapas de plástico recogidos. Pero guardo un especial recuerdo para el 9 de julio, fecha en la que celebramos el Encuentro dirigido al PDI titulado Docencia de calidad con contenido social: experiencias de aprendizaje-servicio. Estoy segura que este hilo va a dar mucho de sí y es con el que me voy de vacaciones, para pensar bien cuál puede ser la mejor manera de desarrollar esta idea a nivel de Universidad, con todo el potencial de buenos docentes que tenemos y con todo lo que podemos hacer en nuestro entorno para contribuir a desarrollar el compromiso social en nuestros estudiantes. Pero han sido muchas cosas más. La gestión en la Unidad de Evaluación de la Calidad ha sido muy interesante. Estoy aprendiendo mucho, conociendo de primera mano la calidad del Personal de Administración y Servicios que tiene la Universidad. Muchas veces lo digo, el PAS es fundamental en toda la Universidad, y lo digo con conocimiento de causa, en la Unidad de Calidad, trabajan a conciencia.

Y bueno, a estas alturas, no me queda más que desearos un buen verano. Tendremos que recuperar fuerzas porque el curso que viene promete ser tanto o más intenso que éste. Iniciaremos la línea de Migrantes y Derechos en la Clínica, junto con mi querida compañera Nuria del Álamo, y la cosa promete. Y seguiremos con los trabajos que durante este curso hemos iniciado y, por supuesto, con muchas ganas de seguir aportando, siempre en la medida en que se pueda.

Ya saben, CARPE DIEM. Nos vemos en septiembre. Disfruten del descanso.

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No nos lo merecemos

Hoy el pesimismo se ha hecho un hueco entre apretones de uno y otro lado. Hoy debería, por contra, haber sido un día lleno de esperanza. Quienes han posibilitado el cambio de signo de este día son, sin duda, nuestros representantes políticos que, una vez más, han demostrado su altura. Son muchas ya las entradas de este blog que he dedicado a reflexionar sobre nuestra clase política. No sé si hoy esta entrada será una más, o la dedicaré, como otras muchas, a utilizarla como desahogo ante tanto desencanto. Porque desencanto es lo que siento por lo que ha pasado hoy.

El día 28 de abril muchos respiramos aliviados. Hoy no sé qué pensar. Cierto es que el número de diputados del PSOE exigía que desde el minuto uno se pusiera a negociar con su más afín que todo parecía indicar que era Unidas Podemos. Pero al menos por lo que ha trascendido, ni hubo tal prisa, ni pareció ese el objetivo prioritario del PSOE. Mientras, miraba de reojo a Ciudadanos y apelaba a la necesidad de abstención del PP, y eso, a algunos, nos frustra. No digo yo que Unidas Podemos se lo haya puesto fácil. El nivel de desconfianza entre ambos partidos se ha manifestado con contundencia. Pero la cuestión es que se han llevado por delante muchas expectativas e ilusión de mucha gente que queríamos ver un gobierno de izquierdas sólido que se dedicara a tejer lo que durante bastantes años, demasiados, la derecha ha ido rompiendo. Necesitábamos nuevos consensos, reeditar pactos, recuperar derechos, consolidar otros, ponernos a la vanguardia del respeto a la diversidad. Todo ello teniendo en cuenta el contexto del otro lado. Derecha tripartita, aunada en lo reaccionario sin ningún escrúpulo para destruir lo bueno que tiene este país. Para ellos el poder está antes que nada.

Pero aquí estamos tres meses después, con una incertidumbre que nos aboca a seguir esperando lo que muchos pensábamos que era una posibilidad cierta. Pase lo que pase en estos dos meses, la izquierda en nuestro país debe hacérselo mirar. Poner por encima los intereses partidistas a los intereses generales, no parece que sea muy diferente de lo que promueven los que están del otro lado.

Y entre el pesimismo de hoy, quiero dejar una rendija a la esperanza de que todavía sea posible no tener que ir a elecciones. Porque sí, evidentemente no se acaba el mundo por ello, pero para los que no somos estrategas políticos y nos interesa lo cotidiano, esto sería un estrepitoso fracaso colectivo.

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Docencia de calidad con compromiso social y el aprendizaje-servicio como medio

El paso por la Universidad puede suponer una experiencia transformadora en todos los sentidos. Estoy convencida de que en la mayoría de los casos esto es así. La Universidad forma en conocimientos, en habilidades, en competencias. Pero es verdad que quizás en muchos casos nos centramos fundamentalmente en transferir conocimientos y no tanto habilidades o competencias que bien orientadas pueden suponer un elemento transformador no sólo para el estudiante en sí, sino también para su entorno.

La misión de responsabilidad social de la Universidad es transversal a toda ella. Afecta a la docencia, a la investigación, a la gestión. El compromiso con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y la Agenda 2030 implica una necesidad de acción que las Universidades no sólo pueden asumir, sino que están obligadas a ello, puesto que constituyen el espacio idóneo para aunar ideas y acción, lo que puede servir para avanzar en un desarrollo sostenible que no es ya no posibilidad, sino una necesidad inaplazable.

En este contexto, la forma de enseñar a nuestros estudiantes puede experimentar una singular mejora si logramos además de transferir conocimientos, sensibilizarlos acerca de la necesidad de comprometerse activamente con la sociedad. Y esta actitud de compromiso activo implica a todas las ramas de conocimiento, y en consecuencia a toda la docencia que impartimos.

El método de aprendizaje-servicio (ApS) es un método docente que de forma muy gráfica supone llevar la Universidad a la calle y traer la calle a la Universidad. Implica poner al estudiante en el centro de su proceso formativo, colocándolo en la posibilidad de aplicar sus conocimientos, los que ha ido adquiriendo a lo largo de su carrera, para ponerlos al servicio de una organización cuyo objetivo sea cubrir necesidades sociales. Las organizaciones del tercer sector son, por tanto, imprescindibles para este método. Docentes, estudiantes y organizaciones colaboran estrechamente en un proceso de aprendizaje para el estudiante, que se transforma en servicio para la comunidad. Se trata por tanto de aprender enseñando, o aportando valor a su formación, el valor del compromiso social. En este proceso todos ganan y lo mejor, se amplifican los resultados positivos que se consiguen por parte de cada uno de los colectivos que intervienen. Para el estudiante, porque supone un proceso de verdadero empoderamiento, ya que con esta intervención en realidades concretas comprueba que los conocimientos adquiridos pueden resultar transformadores bien aplicados; para las organizaciones sociales, porque encuentran un espacio en la Universidad que les puede resultar muy útil para visibilizar sus funciones, y para los profesores porque supone una experiencia tan gratificante, que implica una fórmula para poder reconocerse de forma nítida en su vocación docente.

En la Universidad de Salamanca tenemos ya una trayectoria dilatada en esta metodología. Sin embargo, hasta el momento los profesores que nos hemos implicado en ella no hemos tenido el acompañamiento institucional que consideramos que se requiere. El actual equipo de gobierno de nuestra Universidad ha apostado por profundizar en la función social de nuestra Universidad y por ello quiere impulsar el ApS. Estamos de enhorabuena. Porque si lo hacemos bien, si logramos coordinarnos para visibilizar todas las experiencias y para introducir en todos los Grados una formación orientada o dirigida a que los estudiantes pongan en práctica sus conocimientos con organizaciones de carácter social que lo necesitan, habremos contribuido a dotar de un mayor contenido a una de nuestras misiones, si no la más importante, contribuir desde la docencia a formar a buenos profesionales que además estén comprometidos socialmente.

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