Blog de Antonia Durán Ayago
Miscelánea
 
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Archivo | junio, 2016

La Universidad como revulsivo

En España estamos acostumbrados a no poner en valor lo que nos engrandece. Cierto es que para poder hacerlo debemos ser conscientes de lo que tenemos y no dejar que nos lo quiten. Como están haciendo. Durante años, España ha sido referente en sanidad pública. Nuestro sistema sanitario público, gratuito y universal era (y en muchos casos sigue siendo) envidiado por otros países. Como sabemos, a raíz del Real Decreto-ley 16/2012, el Gobierno del Partido Popular comenzó a minarlo, al tiempo que ya antes, en muchas Comunidades Autónomas gobernadas también por este partido se apostaba sin ambages por la sanidad privada, en detrimento de la pública. Algo de lo que como pueblo nos podíamos sentir orgullosos, comenzó a hacer aguas, como siempre, a favor de unos cuantos y en detrimento de la mayoría.

Nuestro sistema de educación pública también ha sido referente durante décadas. Ha sido otro de los grandes logros de la España democrática. Sin embargo, con el ex ministro Wert también comenzó la demolición del sistema. No sólo a niveles de la educación básica, sino también en lo que afecta a la Universidad. Poco a poco, han ido privando de fondos a la educación pública, al tiempo que han ido dando alas a la concertada y muy especialmente a las Universidades privadas. Y hay que decir alto y claro que esto supone una involución en toda regla y que implica minar lo que ha posibilitado que España sea a día de hoy un Estado moderno. La educación pública ha permitido estudiar a todas las personas que lo deseaban, sin precisar tener medios económicos para ello. Esto ha supuesto una revolución tan importante, que no entiendo cómo no estamos todos en la calle demandando su mantenimiento, a toda costa. Porque supone el mejor referente si se quiere hablar de igualdad de oportunidades.

Tal como el partido que nos gobierna concibe la vida, siempre habrá privilegiados que estén por encima del resto. No digamos ya, quienes utilizan las instituciones para medrar sin importarles el daño que se pueda hacer a las mismas. Cítese el caso Cifuentes, y no diré más.

Llegados a este punto, creo que la Universidad pública española debería despertar de su letargo y actuar como un revulsivo donde pudieran denunciarse todas las tropelías a que diariamente nos vemos sometidos. La involución que en estos últimos 10 años hemos sufrido es muy profunda, pero podemos revertirla. Podemos revertirla si queremos. La cuestión es esa, ¿estamos dispuestos a asumir el papel que a la Universidad desde siempre se le ha otorgado como foro donde poder debatir por todos y de todo, donde poder denunciar las injusticias y sacar los colores a quien se lo merezca, o hemos llegado  a un punto en que la indolencia nos invade?

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