Blog de Antonia Durán Ayago
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Archivo | 22 junio 2016

Cataluña

Cuando no se es capaz de afrontar un problema, suele ocurrir que el problema crece. No desaparece, sino que se va haciendo más grande. Esto es lo que está pasando en Cataluña, desde mi humilde opinión de observadora que no vive en Cataluña, pero que la siente como parte de España, y de ahí también mi preocupación.

La cuestión es compleja y no creo que nadie a estas alturas baraje fórmulas mágicas para la resolución de un conflicto enquistado por la pasividad de unos y la terquedad de otros. Y me gustaría no ser pesimista pero con los actores políticos actuales no veo una solución. Y no hablo sólo de los que tienen responsabilidad de gobierno en Estado y Cataluña, respectivamente, también de los adláteres. Hemos llegado a un punto de enconamiento que va a ser difícil enderezar. Porque de un lado el gobierno popular ya ha dado sobradas señales de que su apuesta es judicializar el conflicto, lo cual siendo legítimo, no aporta solución alguna, antes bien, nos va llevando a un callejón en que cada vez la salida es más angosta. De otro, el gobierno catalán es reo de diferentes intereses según qué partido (la subsistencia uno, la búsqueda de la hegemonía otro) y ha demostrado de sobra que lo que menos le interesan son los catalanes. Ellos sabrán por qué.  En este escenario yo me pregunto quién defiende a los catalanes que se sienten españoles y que viven en un clima de opresión permanente.  Habrá que buscar responsabilidades de toda índole en la generación de esta especie de cruzada que no se sabe bien adónde lleva y donde han reclutado a muchos, que han sucumbido a los cantos de sirena de no se sabe bien qué ideales.

La cuestión es que mucha gente parece abducida. Y en esta tesitura sería bueno escucharlos. Sería bueno que nos dijeran a todos qué piensan, qué se les pasa por la cabeza  al hablar de autodeterminación, qué es  lo que entienden que se ha hecho mal para que exista ese desapego cuando no odio a lo que nos une. Habría que escuchar. No organizando pseudoreférendums sino apostando por un diálogo verdadero, en todos y cada uno de los ayuntamientos catalanes, a los que asistieran también catalanes que no piensan/sienten lo mismo. Sería una buena terapia colectiva. Falta diálogo. Falta escuchar para intentar comprender. Muchos problemas surgen de la falta de comunicación y este es uno de ellos. Una vez que tengamos claro que los políticos no van a resolver el problema porque no figura entre sus intereses, tendrán que ser los ciudadanos quienes tomen las riendas.

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