Blog de Antonia Durán Ayago
Miscelánea
 
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Archivo | junio, 2016

Y el día llegó. Formalmente ya somos 27

El 29 de marzo de 2017 quedará grabado en los anales como el día en que por primera vez en sus 60 años de vida, la UE se enfrenta a la salida de uno de sus Estados miembros. Y no cualquier Estado miembro. Reino Unido era hasta hoy uno de los principales actores del proceso de integración, por su importancia económica y también porque aportaban el 13 % de la población de la Unión (más de 64 millones de personas). Aquí pueden consultarse algunas cifras relevantes del Brexit.

El artículo 50 TFUE se activa por primera vez y hoy las instituciones europeas se han afanado en explicarnos el procedimiento, pero lo que nadie tiene claro es cómo van a transcurrir las negociaciones, porque tanto Reino Unido como la UE tienen mucho que perder, más de lo que por llegar a este punto ya han perdido. La UE se mueve entre dos aguas, puesto que tendrá que valorar la importancia del respeto de los derechos de los ciudadanos del resto de Estados miembros que están en Reino Unido (no creo que se vaya por la vía de que cada Estado negocie libremente a través de la reciprocidad en qué situación quedarían sus nacionales respectivos) sin que parezca que hace cesiones tan relevantes  que cualquier otro Estado pueda verse tentado a poner en marcha otro abandono , y al mismo tiempo tendrá que poner en valor sus intereses económicos y los de los Estados miembros. Esto será sin duda lo más espinoso. Reino Unido, por su parte, también tiene mucho que perder. Dejará de ser un lugar seguro para fijar los intereses económicos de las empresas que probablemente trasladen su domicilio al territorio de otros Estados miembros , su moneda, aunque fuera del euro, probablemente se devalúe, bajarán las inversiones y si se practica el proteccionismo que parece ser que se quiere imponer la economía del resto de Estados miembros también se verá seriamente afectada. Aquí pueden consultarse los datos de las relaciones comerciales entre España y Reino Unido.

En definitiva, son muchos los interrogantes que se abren con la activación del artículo 50 TFUE, pero lo que está claro es que se trata de una salida en que tanto Reino Unido como la Unión Europea pierden. Sólo se trata de negociar qué parte pierde menos de las dos.

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Civismo

Ayer leí un artículo de Lucía Etxebarria que me gustó. En él denuncia cómo hemos ido perdiendo las formas, cómo algo tan básico como pedir las cosas por favor y dar las gracias son cada vez menos frecuentes y cómo progresivamente han ido aumentando los comportamientos violentos en nuestra sociedad. Para muestra el botón que nos trasladaron ayer las noticias de padres enzarzados en una pelea en un partido de fútbol de sus hijos. La violencia y la tosquedad van de la mano. La falta de educación y los comportamientos agresivos también. La cuestión es que parece que hemos iniciado el descenso a los infiernos de la vulgaridad. Basta comprobar cómo las estadísticas nos muestran que cada vez se lee menos en España. Las redes sociales, que utilizándolas bien son una herramienta muy importante de comunicación, se han convertido, por su mal uso o abuso, en una trampa mortal que anuda a lo inmediato nuestra capacidad de vida. Y no permite ir más allá.  Unido a ello, los medios de comunicación caen en lo fácil y ya es muy difícil encontrar un informativo serio que no se centre en lo anecdótico en vez de en profundizar en noticias importantes.

En este contexto de desarme ideológico que vivimos, donde la falta de cultura ha dejado paso a la estupidez, los comportamientos violentos y el odio se están haciendo cada vez más hueco y ganando presencia en nuestra sociedad. El domingo el periódico ABC repartía el folleto de Hazte Oír incitando a la desobediencia a las leyes de igualdad LGTB que han aprobado diversas Comunidades Autónomas. Con ello hacía proselitismo de la estulticia y del odio. Estulticia porque no saben de lo que hablan. Y odio porque rechazan el respeto a la diversidad y pretenden imponer su concepción teocéntrica (o teocrática, según se mire) de la realidad, que es la suya, no la nuestra. Pero lo peor es que lo hacen con dinero de todos, porque se trata de una asociación que el Ministerio del Interior del PP declaró de utilidad pública. Este hecho se une a otros muchos que denotan la degradación moral en la que nos hallamos.

El aumento de los casos de bullyng, cada vez más mujeres asesinadas por violencia machista, el incremento de los delitos de odio… De otro lado, cada vez menos programas culturales, informativos de anécdotas y no de noticias, descenso de lectores, aumento del precio de la cultura. Tenemos todos los ingredientes para convertirnos en una sociedad tosca y torpe.

Por eso, es preciso incidir mucho en la educación, en la buena educación y en el civismo, en el tratar a los demás como nos gustaría que nos trataran. Respeto a fin de cuentas. Aunque a veces no seamos conscientes de ello, nos jugamos mucho.

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Empresas multinacionales y Derechos Humanos

Esta semana tuvimos un seminario en la Clínica Jurídica de Acción Social en que me correspondió explicar esta cuanto menos complicada relación desde la perspectiva del Derecho Internacional Privado.

La globalización ha traído consigo la posibilidad para las empresas de actuar al mismo tiempo en varios Estados, bien a través de filiales, bien a través de centros de producción. Mientras que en el primer caso hablamos de grupos de sociedades o empresas a las que se denomina empresas multinacionales porque están constituidas por una sociedad matriz que controla económicamente al grupo y varias filiales cada una de la nacionalidad del Estado conforme a cuyo Derecho se han constituido que normalmente, aunque no siempre, coincide con el Estado en que desarrollan su actividad, en el segundo caso, hablamos de empresas transnacionales, así denominadas porque aunque su sede jurídica y el control económico se lleva únicamente a través de un único Estado, sus centros de producción suelen estar en el extranjero, normalmente en países en donde las condiciones laborales para los trabajadores dejan mucho que desear.

Los casos en que la actividad internacional de las empresas pueden vulnerar los Derechos Humanos son muchos y de muy variado tipo, pero sobresalen los que tienen que ver con cuestiones medioambientales. Normalmente, empresas cuya matriz está domiciliada en países potentes económicamente hablando, suelen actuar en Estados más frágiles buscando la extracción de recursos naturales causando daño al entorno y a las comunidades que viven en los sitios afectados. Hasta hace poco, la Alien Tort de Estados Unidos, proporcionaba un foro muy atractivo para demandar a todas aquellas empresas que hubieren causado un daño real que hubiera afectado a los Derechos Humanos, pero tras el caso Kiobel, en 2015, la jurisprudencia norteamericana comenzó a poner límites al uso de su jurisdicción para casos que no tenían relación directa con su territorio. Repárese que en Estados Unidos, la indemnización por daños contempla además los daños punitivos lo que suele proporcionar cuantiosas indemnizaciones y mermas importantes en el patrimonio de las empresas condenadas por estas prácticas. Tras este cambio en la jurisprudencia norteamericana muchos han comenzado a mirar a los Estados europeos buscando jurisdicciones útiles donde demandar desde la perspectiva privada. En este sentido, en el contexto de la UE, el Reglamento 1215/2012 no contempla foros específicos que puedan proteger a las víctimas de estos potenciales daños. Además, el tema de poder demandar a la filial de una empresa matriz  en el Estado en el que esta última está domiciliada no siempre es posible; habría que demostrar que la matriz no ha obrado con la debida diligencia respecto de su filial, y eso no siempre resulta sencillo. Téngase en cuenta que la filial tiene domicilio, normalmente, en el Estado en el que opera,  lo que va a implicar en muchas ocasiones (siempre que la filial esté domiciliada en un tercer Estado no miembro UE) que tengamos que aplicar las normas nacionales de competencia judicial internacional. En este sentido, Francia parece que va a ser el primer Estado de la UE que va a permitir que se pueda demandar  ante sus tribunales contra las empresas matrices domiciliadas en este país respecto de los actos que lleven a cabo en el extranjero sus filiales. Este sería sin duda un paso esencial para intentar romper la impunidad de estas empresas.

En próximas entradas seguiremos reflexionando sobre el tema.  Para los que estéis interesados en este tema aquí podéis encontrar información de interés en  http://humanrightsinbusiness.eu/

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Algunas reflexiones sobre el Libro Blanco sobre el futuro de Europa

A unos días de que se cumplan 60 años del Tratado de Roma por el que se comenzó la andadura, el 25 de marzo de 1957, hacia lo que hoy es la Unión Europea, la Comisión Europea publicaba el 1 de marzo un Libro Blanco sobre el futuro de Europa – Reflexiones y escenarios para la Europa de los Veintisiete en 2025. Se abre con él un proceso que pretende ser de reflexión colectiva sobre qué dirección debe tomar la Unión Europea a ocho años vista, 2025. Para ello se plantean cinco posibles escenarios y se ofrecen una serie de instantáneas del posible estado de la Unión en 2025 en función de las decisiones que se tomen, se entiende que a lo largo del presente año. Estos cinco escenarios son: 1) Seguir igual; 2) Sólo el mercado único; 3) Los que desean hacer más, hacen más; 4)  Hacer menos pero de forma más eficiente y 5) Hacer mucho más conjuntamente.

En todos los escenarios se ofrece una explicación breve del por qué y el cómo, qué implicaría esta decisión en 2025, cuáles son las ventajas y los inconvenientes, cómo se trasladaría ese escenario a las políticas de la Unión (Mercado único y comercio; Unión económica y monetaria; Schengen, migración y seguridad; Política exterior y de defensa; Presupuesto de la UE y Capacidad de obtención de resultados), acompañándose de una serie de instantáneas ilustrativas que pretenden proyectar en el tiempo el impacto del camino adoptado.

Considero muy apropiado haber elaborado este Libro Blanco porque da idea de la fragilidad con que se afronta a día de hoy el futuro de la Unión. Y ello básicamente por dos cuestiones: la salida del Reino Unido que si bien no se trata directamente, está implícita ya en el propio título del Libro haciendo mención a los veintisiete Estados Miembros (a efectos formales, todavía hoy son 28) y por otro, la delicada situación en que ha puesto a la Unión Europea su ineficaz gestión de la política de inmigración, fundamentalmente a raíz de la denominada crisis de los refugiados.

Es interesante saber de dónde venimos para poder construir el relato de hacia dónde vamos. Y venimos de la situación devastadora en que dejó la Segunda Guerra Mundial al continente europeo; venimos de la confluencia de voluntades entre dos de los principales países que se enfrentaron en aquella guerra, Alemania y Francia; venimos de un escenario en que se quiso poner lo económico por delante porque en aquel momento era necesario reconstruir los Estados y de ahí que el mercado interior haya sido la base indiscutible del proyecto europeo, pero el tiempo pasó, logramos avanzar hacia una integración que era poco probable o impensable cuando se empezó a hablar de Europa y llegamos a un integración también política en la que aparecieron las personas, aunque hubo que esperar al Tratado de Maastricht de 1992 para que aparecieran y surgió el concepto de ciudadanía de la Unión Europea que hoy ampara a más de 500 millones de personas en el mundo; y se comenzó a profundizar en la libre circulación de personas, y a construir una espacio de justicia común para que esa libertad fuera una realidad indiscutible. Al tiempo se puso en marcha una moneda única, aunque quizás de forma apresurada y sin hacer cambios previos que hubieran sido necesarios; y se avanzó, aunque también de forma lenta, hacia una política exterior y de seguridad común. En estos sesenta años creo que ha habido muchos logros, aunque también ha habido errores, pero es que no podía no haberlos.

Antes de hablar de los escenarios se realiza un análisis de diversos factores. Entre ellos, se pone de manifiesto en el Libro que en 2060 la UE representará sólo un 4 % de la población mundial. En 2015 era del 6 %, habiendo sido del 25 % en 1900. También que en 2030 Europa tendrá la población más vieja del mundo, estando la media en 45 años, frente a los 21 del continente africano. El peso en el PIB mundial de la UE también disminuirá en los próximos años, siendo los países emergentes como China, Brasil o India los únicos que verán incrementada su presencia. Se alude también al problema de la generación de jóvenes que la UE reconoce que no sabe incorporar al mercado laboral, pese a los fondos que ha destinado a este fin a los Estados miembros. Se hace referencia al incremento de los gastos de defensa que serán una realidad en prácticamente todos los países en los años venideros, y en fin, se hace un recorrido bastante amplio e interesante por muchas de las cuestiones que a día de hoy están planteadas.

Y con todas estas variables se pide a los Estados miembros decidir el camino en el que deseen avanzar, pero de forma novedosa se plantea por primera vez en el contexto de la Unión dar marcha atrás en lo conseguido. El escenario 2: solo mercado único y el escenario 4: hacer menos pero de forma más eficiente, así lo demuestran. El escenario 3: los que desean hacer más, hacen más, o la Europa de las dos velocidades de la que se lleva tiempo hablando entraña riesgos importantes y no acabo de divisar exactamente si sería algo viable a largo plazo para la Unión. Y entre el escenario 1: seguir igual y el 5: hacer mucho más conjuntamente, lo cierto es que considero que aunque sea por inercia, y como las confluencias políticas en este momento no se dan para avanzar mucho más, se optará por seguir igual, al menos en un futuro inmediato. Y ello porque hacer cambios drásticos en un momento de incertidumbre como el presente con el Brexit como telón de fondo es arriesgado. Eso, o involucionar. Y espero que aunque sólo sea por lo conseguido, se opte por aguantar para coger impulso y luego avanzar.

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¿Por qué tenemos que oír lo que no queremos escuchar? Una reflexión sobre la libertad de expresión y el interés superior del menor a propósito del autobús errante

 

Estos días he asistido (y participado activamente) a un debate que se ha suscitado en las redes acerca de si estaba amparado o no en la libertad de expresión el autobús de Hazte Oír que publicita que las niñas tienen vulva y los niños pene, y que no se dejen engañar (no sabemos por quién). Quizás el problema venga porque desde algunos sectores, y desde la propia Fiscalía se inmovilizó el autobús que circulaba por las calles de Madrid por entender que había indicios de estar cometiendo un delito de odio del art. 510 CP. Como no soy penalista no entraré en este debate, pues aunque intuyo que en esta concreta acción no se dan los perfiles penales,  hay otras muchas cuestiones que creo que hacen que este autobús no pueda circular ni por Madrid ni por ninguna otra ciudad de España.

Aunque algunos dicen que es un debate clásico y ya superado por la modernidad, yo creo que es muy lícito apelar a los límites de los derechos, sin que por ello nos tengamos que situar en un escenario penal. Por encima del derecho que tenemos a expresar libremente lo que pensamos están otros derechos, como, por ejemplo, la dignidad de todos los menores transexuales que se pueden sentir violentados con esta campaña. Algunas veces, ponerse de un lado o de otro no es fácil, pero en este caso es el interés superior de  los niños el que debe prevalecer e inclinar la balanza. Así lo dice el art. 3 de la Convención de Naciones Unidas o el art. 2 de nuestra Ley de Protección Jurídica del Menor. Está claro que el mensaje de esta asociación va contra la diversidad sexual. En su vasto expediente tiene una campaña que recientemente orquestó (con dinero de todos, luego volveré sobre esto) enviando un folleto de cuarenta páginas a los colegios pidiendo a los profesores y a los padres que no se dejen “adoctrinar” por las leyes de igualdad LGTB que se habían aprobado en diversas Comunidades Autónomas. Según ellos, esto es lo que promueven estas leyes, el adoctrinamiento, y no el respeto a la diversidad sexual. Es tal el cúmulo de aberraciones y odio que se deduce de estas páginas que quizás por ello se habla también en esta ocasión de odio. Basta escuchar a la ideóloga de esta campaña en un vídeo que se puede consultar en youtube para salir de toda duda.

La cuestión es que además de todo lo que podamos decir, el mensaje que pasean en el autobús es desde una perspectiva científica incierto. Y no es que sean ignorantes, como algunos bien pensados han dicho, es que no quieren saber más que los que les dicta su religión. Y aquí topamos con el otro gran tema. Porque tú puedes tener una concepción de la vida uniforme, reduccionista y anclada en el ostracismo, pero si éstas son tus pautas como asociación, que alguien me explique cómo es posible que se haya declarado como organización de utilidad pública por el gobierno del PP, contraviniendo claramente el art. 9.2 de la Constitución, lo que incluye claros privilegios de exenciones de impuestos y de dotación de medios públicos. Esto no lo podemos tolerar. Que se financie con las aportaciones de sus socios, pero no con el dinero de todos, porque no sólo no aportan nada a la sociedad, sino que hacen daño con su visión pobre y discriminatoria de la realidad.

Así que todos los políticos que ahora se rasgan las vestiduras, en vez de perder el tiempo en declaraciones, que actúen e insten al gobierno a retirarles la mención de utilidad pública, que claramente no cumplen. Y judicialmente, que se avance por la vía de la vulneración de derechos fundamentales. Aunque a ellos, esto les va a dar igual, no les va a suponer coste alguno, ya que además por ser asociación de utilidad pública, tienen derecho a la asistencia jurídica gratuita. Menudo país.

 

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