Blog de Antonia Durán Ayago
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Archivo | 22 junio 2016

La felicidad de Rajoy

Sí, felicidad. Porque hay algunos que en estos momentos se permiten el lujo de estar contentos. Buena señal dan de tu talla democrática y de su capacidad para dialogar. Que tengamos que volver a votar el 26 de junio, se mire por donde se mire, es un fracaso monumental de los partidos políticos, de todos, sin excepción, pero fundamentalmente de aquellos que podían aunar a un mayor número de fuerzas, dados sus resultados, y finalmente no lo han conseguido. El partido popular, encabezado por Rajoy, es a día de hoy un partido que no sólo está carcomido por la corrupción, sino que por venir de donde viene, una legislatura con mayoría absoluta en la que ha gobernado con soberbia y prepotencia, ignorando todas las voces, no se puede permitir ahora el lujo de decir que quiere negociar. Al menos no si al frente siguen estando los mismos que en la pasada legislatura. El PSOE porque aun habiendo dado un paso significativo su líder al asumir el compromiso de buscar la investidura, luego se equivocó de equipo cerrando un pacto con ciudadanos que hacía poco probable un pacto con las demás fuerzas políticas de izquierda, a las que necesitaba para poder gobernar. Podemos ha demostrado que su altura de miras brilla por su ausencia y que tiene un líder soberbio, errático y prepotente, cuyo único objetivo es sustituir al PSOE como primera fuerza de la izquierda, dándole igual todo lo demás. Corre el riesgo Izquierda Unida de caer en sus garras, ahora que las cosas pintan bien para ellos y no tan bien para Podemos. Sería un error a mi juicio que fueran juntos a las elecciones porque muchas de las personas descontentas con Podemos hubieran mirado a IU como una opción de izquierdas sensata y sin egolatría. De Ciudadanos mejor no hablamos, porque es el que más ha ganado con todo este vodevil. Se supo arrimar al árbol que más sombra daba. Manteniendo sus políticas neoliberales en un pacto con el PSOE que terminará por hundirlo.
En fin, que la felicidad de Rajoy contrasta con la situación de España. Casi un año con un gobierno en funciones, que dice no tener que someterse al parlamento, que está cuajado de casos de corrupción, sinceramente ¿nos lo podemos permitir?

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