Blog de Antonia Durán Ayago
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Archivo | 22 junio 2016

Abrazo de familia

La semana pasada un artículo escrito por Octavio Salazar sobre la gestación por sustitución desde la perspectiva del feminismo me hizo volver sobre un tema que en realidad nunca he dejado. Apenas hacía una semana había estado con los equipos de debate de la USAL charlando sobre este tema, pues este año el lema del debate giraba en torno a si debía legalizarse en España la gestación por sustitución. Para terminar la semana leí un artículo de Pedro Fuentes, presidente de Son Nuestros Hijos, en que reflexionaba sobre el concepto de familia.
Todos los que hemos sido parte de un proceso de reproducción asistida sabemos que la familia no nace necesariamente ni del vínculo biológico ni de la carga genética. La familia, esencialmente, nace del amor, del afecto, del cariño, de la voluntad de querer ser padre/madre y criar a tu hijo lo mejor que sabes, siendo el vínculo afectivo el más fuerte, el que no admite impugnación, el que lo solventa todo.
Cuando se debate sobre si regular o no la gestación por sustitución en España, y se pone el foco en la mujer gestante, hay que ser muy cuidadosos porque quizás entonces se olvide por qué se inicia el proceso. La gestación por sustitución nace de la voluntad procreacional, es decir, de la intención de ser padre/madre y no poder conseguirlo sin la ayuda de una mujer que geste a nuestro hijo. Por supuesto que los derechos de la mujer gestante son importantes. Solo faltaría. Ella es la artífice del sueño, la demiurga, en términos platónicos, que convierte en realidad lo que durante probablemente mucho tiempo ha sido sólo una necesidad vital. A la mujer gestante no sólo hay que garantizarle sus derechos sino que hay que agradecerle su infinita solidaridad. El concepto en sí de gestar para otro está muy por encima de cualquier interés económico, por mucho que cierta corriente feminista ponga en ello el acento.
En la gestación por sustitución, igual que en el resto de técnicas de reproducción asistida, el acento hay que ponerlo en el fin último para el que se utiliza, en el niño/a que nazca de esa técnica. Y el interés del menor es que desde que nace ese niño tenga su filiación determinada y su padre/madre sea quien ha querido traerlo al mundo. Hoy en día los vínculos genéticos o biológicos ya no son lo esencial, aun siendo importantes. Lo esencial es la voluntad de querer ser padre o madre.
El Derecho de familia ha evolucionado tanto en los últimos años que poco a poco está dejando de ser intervencionista para convertirse en garante de la autonomía de la voluntad. En este ámbito, las prohibiciones basadas muchas veces en cuestiones que trascienden la realidad, como prejuicios o consideraciones morales, deben de ser relegadas. Aunque parezca extraño lo que digo, el Derecho de familia debe de secularizarse por completo para dedicarse a cumplir con acierto su función que no es otra que garantizar los derechos de todas las partes que intervienen en cualquier proceso de familia, desde la filiación al matrimonio. El Derecho de familia debe autodeterminarse. Cuando lo consiga, habremos conseguido que la sociedad, que las personas, sean más libres e iguales. En ello estamos.

P.S.: He titulado este post “Abrazo de familia” porque es el grito de guerra que se inventó mi pareja para demostrarnos el amor que nos tenemos. Nos abrazamos a nuestros dos hijos y decimos: “abrazo de familia, abrazo de familia”. A ver quién se atreve a cuestionar ese abrazo. A cuestionar a nuestra familia.

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