Blog de Antonia Durán Ayago
Miscelánea
 
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Archivo | junio, 2016

100 días baldíos

Ese es el tiempo que ha pasado desde las elecciones generales sin que ni un día de ellos haya servido realmente para nada. Más que para retratarse todos. Sí, es cierto, que no es poco. Pero a todas luces es insuficiente. Hay demasiadas cosas que demandan una actuación urgente para que estemos todavía debatiéndonos entre el “sein” (ser) y el “sollen” (deber ser).
Con un Gobierno en funciones sostenido por un partido al que asola la corrupción y que ya no es mayoritario en la Cámara, con un Gobierno además que se siente libre de ataduras y dice no tener que responder en el Congreso; con el PSOE sumido en sus luchas intestinas; con Podemos en coma tras la explícita actuación de su líder destituyendo a quien había coordinado al Partido desde su nacimiento y con Ciudadanos resistiendo el chaparrón, lo cierto es que estos 100 días si algo han tenido es texto baldío con el que escribir la historia de un país que a todas luces está muy lejos de ser la democracia de la que presume. Veremos en qué queda todo esto.

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Dolor de dolor y sólo dolor

Eso es lo que me produce ver las imágenes de niños enfangados, tosiendo, perdidos entre la lluvia y el barro, agarrándose a sus padres sin entender qué es lo que pasa, por qué les está pasando esto. Las imágenes son tan duras que frente a ellas crece aún más el desfile de personas entrajadas haciendo declaraciones sobre una realidad que está claro que no va con ellos. Revisen si no lo dicho desde las instituciones europeas en este tiempo. Todo son encajes para intentar deshacerse de un problema que no sienten como propio; el sufrimiento humano, la desesperación no les compete.
Produce naúseas escuchar hoy al Sr. Margallo, ministro en funciones de Asuntos Exteriores, decir que el gobierno de España desde el principio cuestionó la ilegalidad del preacuerdo de la UE con Turquía para devolver a estas personas, sin escucharlas y colectivamente, a un Estado que ni siquiera es parte de la Convención de Ginebra sobre el estatuto de los refugiados. Cuando justamente una semana antes él y su presidente decían lo contrario. En todo este tiempo, este siglo de semana, mucha gente ha estado pasando frío, hambre, penalidades de todo tipo, y los gobiernos viviendo en esa confortable realidad paralela que proporciona estar en un despacho amurallado donde el sufrimiento humano nada puede. Dolor de dolor y sólo dolor.

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Acuerdo UE-Turquía sobre refugiados: ¿dónde quedan los derechos humanos?

El acuerdo que han firmado la Unión Europea y Turquía por decirlo rápido y sin alambiques, es un acuerdo que viola las normas del Derecho internacional. En concreto, el principio de no devolución (‘non-refoulement’). La prohibición contra la devolución aparece en el artículo 33. 1 de la Convención de Ginebra de 1951 como garantía imprescindible del derecho de asilo: “Ningún Estado contratante podrá, por expulsión o devolución, poner en modo alguno a un refugiado en las fronteras de los territorios donde su vida o su libertad peligre por causa de su raza, religión, nacionalidad, pertenencia determinado grupo social, o de sus opiniones políticas”. El hecho de que sean devueltos a Turquía y no al país de donde proceden no es relevante. Porque la no devolución se aplica desde el momento en que una persona pisa el suelo de cualquier Estado solicitando asilo. En este caso, se les niega el derecho; se les trata como a un todo genérico, sin conceder relevancia a la persona y se los traslada a Turquía para luego, si es el caso, otorgarles el asilo. Es una tomadura de pelo tan grande, pero sobre todo, trasluce una inhumanidad tan enorme, que no puedo llegar a entender cómo en pleno siglo XXI esté ocurriendo esto. Turquía, a cambio de hacerle el juego sucio a la Unión Europea, recibe ingentes cantidades de dinero, el compromiso de agilar su incorporación a la UE y la supresión de visados para los ciudadanos de origen turco. A estas alturas ya me faltan las palabras… ¿Dónde quedan los derechos humanos?

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Seguimos para bingo

O para lo que sea. Total, después de puestos, qué más nos da…
Pues sí que nos da y mucho porque estamos perdiendo un tiempo precioso para avanzar en la reconquista de derechos, para paralizar de una vez por todas los desahucios, para poner freno a la LOMCE, para poner a la Ciencia y a la investigación donde corresponde…
Si la nueva política va a ser no dejar hacer política, vamos listos. Porque quién nos asegura que si esto no se desencalla y al final debemos ir a otras elecciones, los resultados no van a ser similares. ¿Y qué vendrá entonces? Una repetición de los juegos a ciegas a los que estamos asistiendo durante todo este tiempo…
Sinceramente, tanto tacticismo hastía. Lo peor de todo es que, visto lo visto, PSOE y Podemos aunque se necesitan, no quieren entenderse, porque compiten en buena medida por el mismo espectro electoral. A los de Iglesias les interesa llegar a ser los únicos (muy democrático, sí señor), a los de Sánchez, sobrevivir como sea. Así que si nada lo remedia, tendremos más de lo mismo, de las políticas torticeras puestas en práctica en los últimos años, para rato. Una pena. Pero qué esperábamos. Esto es España.

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