Blog de Antonia Durán Ayago
Miscelánea
 
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Archivo | junio, 2016

Punto y seguido

Navidad 2015(1)

Felices fiestas para todos los que leen este blog y mis mejores deseos para el año que está punto de comenzar. Que nos siguamos encontrando con energía para denunciar todo lo denunciable y para intentar construir todo lo que podamos, con el optimismo siempre por bandera.

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Desesperanza

Tras las elecciones de ayer una cosa ha quedado clara. España no tiene arreglo. ¿Cómo si no explicar que el partido de la corrupción, el que ha desmantelado todo el estado social (y democrático de derecho) haya vuelto a ganar las elecciones? Sí, han perdido sesenta y tantos escaños con respecto a 2011 pero eso no es nada en comparación con la satisfacción que deben sentir pensando que pueden seguir haciendo a diestro y siniestro que casi 7 millones de españoles los avalan.
No creo que vaya a haber pactos de izquierdas; creo que de existir gobierno derivado de estas elecciones, es decir si no deben volverse a celebrar, gobernará el PP porque me parece muy probable que PSOE y Ciudadanos se abstengan. No olvidemos que el tema catalán sobrevolará las negociaciones y ahí el compromiso de Podemos de permitir un referéndum choca con lo promovido por PSOE, con lo que parece descartable un pacto de izquierdas. Así que cuatro años más de PP no sé adónde nos pueden llevar.

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Y si España fuera un país serio…

En el sentido de que no tuviéramos un presidente corrupto, que los partidos políticos que hubieran actuado como bandas criminales organizadas fueran disueltos por sentencia judicial; donde el hecho de no poder hacer frente a una hipoteca no supusiera que te dejaran en la calle y además con la deuda del crédito hipotecario a las espaldas; donde los jóvenes no tuvieran que exiliarse forzadamente buscando una oportunidad laboral que en España no encuentran; donde la asistencia sanitaria fuera un derecho garantizado por ley sin trampantojos; donde la tutela judicial efectiva fuera intocable y no modulable con tasas impuestas por un gobierno que no cree en la justicia; donde lo que primara fuera el interés general y no intereses de partido; donde la educación fuera una herramienta de desarrollo y no concebida como un medio de construir seres a medida, adoctrinados, sin incidir en la necesidad de saber pensar, de incidir en ser uno mismo, sin quitar alas, sin moldear a conveniencia de un sistema caduco; donde las autoridades responsables de educación no dijeran que sobran estudiantes universitarios (a ver por qué no sobra tanto político parásito); un país en que las fuerzas políticas situaran a las necesidades sociales en el centro, más que tanto postureo y tanta batalla dialéctica vacía; un país en que no fuera noticia, rondando el amarillismo, los debates electorales, sino que estos se plantearan como una necesidad y no pudieran decidir si ir o no y con quien debatir los propios candidatos, como si eso fuera algo que les pertenece y no un derecho que tiene la ciudadanía a saber la talla de quienes aspiran a representarnos…
Me gustaría vivir en un país serio. Pero mucho me temo que este país nuestro está muy lejos de serlo.

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¿Qué votamos?

Porque lo primero que hay que aclarar es esto. No votamos a una persona concreta, por mucho que sea quien encabece una lista electoral de un determinado partido. Votamos, se supone, un programa electoral. Un conjunto de ideas, de medidas, de propuestas que de gobernar el partido que las presenta pondrá en práctica. El problema viene cuando después, el programa se altera en función de las circunstancias, sobrevenidas o no, al albur de la mecánica del gobierno que en este país, y hasta el momento, parece transitar caminos inexplorados. O dicho con otras palabras más hoscas, tú vótame a mí, a mi partido, créete mi programa que luego ya nosotros haremos lo que consideremos mejor para el país sin tenerte en cuenta. Esto es lo que se ha venido practicando al menos en las dos últimas legislaturas, sobre todo en la última, en la que tras el capote de la crisis económica han desmontado todo el Estado social y democrático del Derecho que se presume que es España, o al menos así reza en nuestra Constitución.
A mí me gustaría que se percibiera el programa electoral como un contrato que el partido político firma con la ciudadanía. Un contrato que si se incumple tuviera sus consecuencias, entre otras preguntar al pueblo si desea que ese partido siga gobernando. La democracia real debe ser más participativa y menos representativa. El todo para el pueblo pero sin el pueblo ya debería haberse superado, y sin embargo, es lo que hasta ahora ha primado en la democracia española.
Me parece estupendo que haya debate de ideas, me parece hasta una necesidad que los ciudadanos podamos comprobar la talla de quiénes pretenden representarnos. Pero habría que ir más allá y pedir que esa exposición que ahora, en campaña electoral, están haciendo, la siguieran manteniendo una vez celebradas las elecciones. Hay que explicar cuantas veces sea necesario por qué se da un paso y no otro en política, y si son pasos que se dan fuera del contexto programático que se ha votado, es preciso someterse a una cuestión de confianza, no sólo de las fuerzas políticas representadas en el parlamento, sino directamente de la ciudadanía.
Hay partidos en estas elecciones que apelan a este cambio, Podemos e Izquierda Unida-Unidad Popular han sido capaces de trasladar a sus programas esa necesidad de democracia real que la gente demanda. Es una pena que no hayan concurrido juntos a las elecciones porque tienen programas muy parecidos.
Si se antepone lo que los ciudadanos quieren a los tejemanejes de los partidos, será más sencillo acordar políticas entre todos. Hasta ahora no ha primado eso en nuestro país. A la vista está lo que ha hecho el PP con su mayoría absoluta en los últimos cuatro años. Que no nos vendan humo que todos sabemos que han practicado la política con minúscula, haciendo lo que han querido, dejando a un lado su programa cuando así les convenía, y escurriendo el bulto, no puedo comprender bien cómo, de todos los indicios de corrupción que les acechan. Por el bien de este país, creo que necesitamos un cambio de rumbo, pero no un cambio personalista, tanto líder carismático aburre. Necesitamos un cambio real en las políticas, en el estilo de hacer política y en el compromiso de todos con los temas que nos afectan. Necesitamos que nos tomen en serio, como los ciudadanos que no militamos en partidos políticos hacemos con la política. Tomárnosla en serio. Que una cifra tan alta viera/escuchara el debate del lunes dice mucho de este país. A ver si entre todos podemos hacer de España un país más digno, más habitable y sobre todo mejor para nuestros hijos. Porque sí, sra. vicepresidenta del gobierno, yo creo que mis hijos tienen derecho a vivir en un país mejor que en el que he vivido yo…

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Balance Seminarios Interdisciplinares de Derecho español 2015

El lunes y el martes hemos celebrado la novena edición de los Seminarios Interdisciplinares de Derecho español. Es la última que se celebra estando enmarcados en el Máster en Derecho español para juristas extranjeros dentro del que nacieron hace cinco años, pero como la idea es buena el Colegio de Abogados de Salamanca y la Facultad de Derecho se han comprometido a seguir celebrándolos cada año. Me alegro. Porque son una buena manera de actualizarnos todos, alumnos y profesores. En esta edición hemos tenido más de 150 inscritos y por primera vez, como había más demanda que plazas, los que no cupieron en el salón de grados pudieron seguirlo en streaming en otro aula. Para todos los que organizamos estos seminarios ha sido una enorme satisfacción.
Bajo el título “El desafío de las últimas reformas legislativas“, estructurados en seis mesas y con 28 ponentes hemos tratado de abordar las principales reformas del Derecho español en los últimos meses, no todas, porque hubiéramos tenido que estar más tiempo, pero sí algunas de las más importantes.
En la mesa de Derecho penal, se destacó la inestabilidad de una norma, el Código Penal que ha experimentado 30 reformas desde 1995. Haciendo una valoración de la pena y su sentido, la pfra. Zúñiga se preguntaba por qué siendo España uno de los países con menores tasas de criminalidad de nuestro entorno, es el que más ha endurecido las penas en los últimos años, llegando incluso a introducir la cadena perpetua (prisión permanente revisable).
En la mesa de Derecho Administrativo se cuestionó la necesidad de modificar la Ley 30/1992 de procedimiento administrativo común que funcionaba razonablemente bien, para desmembrarla en dos cuya complejidad es mayor y habrá que estar a comprobar si realmente son operativas.
En la mesa dedicada a la jurisdicción voluntaria, se discutió sobre el objeto, sobre el alcance y contenido de la misma. Tras quince años esperando esta Ley, llega con más interrogantes que respuestas.
En la mesa dedicada a las reformas de Derecho procesal se puso de manifiesto que ya nada es lo que era en el Derecho procesal, habiendo cambiado sustancialemente en los últimos meses. Lo que genera incertidumbre y daña la seguridad jurídica pues las reformas introducidas plantean serias dudas en muchos casos.
En la mesa dedicada a los derechos fundamentales y a la crisis de los refugiados, una de las más interesantes de estos seminarios, se cuestionó primero la reforma de la Ley Orgánica del Tribunal Constitucional tanto en el fondo como en las formas, se criticó que bajo la excusa de la crisis se hayan visto afectados derechos fundamentales, como el derecho a la salud, y se analizó de forma brillante la crisis de los refugiados en la UE, analizando sus causas y exponiendo los pasos erráticos que hasta ahora ha dado la Unión para hacer frente a esta crisis.
Finalizamos con las numerosos reformas de Derecho mercantil, en propiedad intelectual, patentes, gobierno corporativo o derecho concursal.
Pueden ver si lo desean el contenido íntegro de los seminarios en
Sesión 30 de noviembre
Sesión 1 de diciembre
Los Seminarios fueron clausurados por el Vicerrector de Promoción y Coordinación, José Ángel Domínguez, al que debo agradecer que nos haya acompañado siempre desde que comenzamos y por el Decano del Colegio de Abogados de Salamanca, Fernando Dávila, con el que es un gusto siempre coincidir.
Gracias a todos los que han hecho posible estos seminarios, a los coordinadores de las mesas, a los ponentes, a los moderadores, a Teresa y a Amador que nos han ayudado con la logística, y a Manu, del Servicio de Innovación.

P.S.: A propósito de lo que ayer comentaba sobre legislar menos, legislar mejor, adjunto vínculo sobre un artículo que hoy se publica en la Revista Abogados del Consejo General de la Abogacía

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Diseñar la estrategia

Me gusta esta expresión. La comparo con otra propia del Derecho internacional privado que utiliza Jayme para definir el postmodernismo en esta disciplina: “edificar la posibilidad”. Diseñar la estrategia / edificar la posibilidad. Entiendo que es eso lo que hemos hecho nosotros. Hoy soy más consciente que nunca de ello. Y sé que esto no es casual. Que si estamos aquí es porque hemos diseñado bien la estrategia y con nuestro amor hemos edificado la posibilidad de ser nosotros una familia. Quién iba a decírnoslo hace sólo unos años, cuando conversación tras conversación, íbamos posponiendo lo que no acabábamos de divisar como realidad. Pero de repente, quizás por tanto hormigón almacenado durante años, de repente digo, se construyó nuestra casa, se hizo la luz y lo que un día fue un amor furtivo ahora es la prueba más evidente de que el amor todo lo puede, todo. Javier y Mencía son la prueba irrebatible. Contra ellos no hay recurso que valga. Nuestros hijos son la prueba más evidente de que no sólo hemos diseñado bien la estrategia, sino que hemos edificado la posibilidad de que juntas seamos, ya y por ahora, cuatro.

(Este post está dedicado a la persona con quien comparto la vida. Para que no diga que sólo escribo de cosas intrascendentes. Irá en un librito que estoy preparando desde hace tiempo para ella)

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