Blog de Antonia Durán Ayago
Miscelánea
 
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Archivo | junio, 2016

Sin memoria

Era previsible. No cabía esperar otra cosa. Hoy, en el debate sobre el Estado de la Nación el presidente ha venido a vendernos esa especie de milagro que han realizado con la Economía. Sí, Economía, así, con mayúscula, la de los grandes números; esa que afecta al sistema financiero, a la prima de riesgo, y a no sé cuántas cosas más. Sin embargo, la economía que afecta directamente a los ciudadanos y a España como país en recomposición ha estado por completo ausente de su discurso. Más allá de que seguimos teniendo una cifra de paro alarmante, que toda una generación de jóvenes está en la desesperanza, que el IVA sigue por las nubes; que los recibos siguen subiendo en progresión geométrica, a mayor velocidad que la luz, que la investigación está por los suelos, que se han cargado políticas tan importantes como la de apoyo a los dependientes; que la gente sigue siendo desahuciada, que hay que rezar para no ponerse enfermo y que si ya lo estás debes contar con medios suficientes para poder hacer frente a la enfermedad; más allá de todo eso, no hemos escuchado ni una sola palabra al presidente de en qué basa su optimismo. Ese crecimiento pronosticado del PIB no nos va a salvar de nada. Al contrario, demuestra que la economía real no se compadece con las grandes cifras. Aparte de prometer limosnilla fiscal que, por otro lado, no sé hasta qué punto en esta situación es lo importante, ¿no les parece que hubiera sido necesario que nos dijera qué planes tiene para conseguir que comience a crearse empleo? No se apuesta por ningún servicio público: ni por apoyar la educación, ni la investigación, ni la sanidad. ¿Va a permitir este gobierno que comience otra vez la especulación con el ladrillo? No sé a ustedes, pero a mí me hubiera gustado que el presidente tuviera una memoria no selectiva y se acordara de dónde venimos, no sólo de lo que hizo o dejó de hacer Zapatero, y nos dijera, una vez atravesado el cabo de Hornos, hacia dónde nos dirigimos; cuál es su hoja de ruta. No vaya a ser que nos lleve al Triángulo de las Bermudas.

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El drama de la inmigración

Vivimos en un país totalmente desnortado. Fallecen 15 personas, que sepamos, en su intento de llegar a Ceuta hace unos días. Se cuestiona si la Guardia Civil ha actuado o no correctamente. El Director General de la Guardia Civil amenaza con querellarse contra todo aquel que cuestione la actuación del cuerpo que dirige. El Ministro del Interior va al Congreso y dice lo contrario del citado Director. Y al parecer sólo las ONGs alertan del drama humano que se esconde tras estas muertes. Los medios en vez de hablar de drama, hablan de la amenaza de avalancha contra las vallas que separan Melilla de Marruecos. La Unión Europea como siempre haciendo su papel propagándistico de las grandes frases sin contenido alguno. Para más inri, ahora el gobierno se descuelga con que hay que cambiar la ley de extranjería para evitar que esto suceda.
Y yo me pregunto si son acaso conscientes de que este problema no se soluciona sólo con leyes.
Lo primero que hay que saber es que lo que ha sucedido frente a las costas españolas no es una cuestión que afecte únicamente a España. Afecta al conjunto de la Unión Europea puesto que la gestión de las fronteras exteriores de la Unión Europea corresponde al FRONTEX. Correlato directo de la libre circulación de personas en el espacio Schengen. Dentro de las grandilocuentes políticas de inmigración de la Unión Europea, se habla de solidaridad, de cooperación con los países de los que proceden estos inmigrantes. No hay que olvidar que estas personas buscan una oportunidad de vida mejor que en sus países de origen no encuentran. Pero a la vista está que las políticas que hasta ahora se han llevado a cabo no están en la línea adecuada. Seguro que muchos pensarán que la UE no puede solucionar todos los problemas que tienen estos países cuando en la propia Unión las cosas no van bien. Lo que ocurre es que la gestión de los flujos migratorios nunca ha sido una cuestión sencilla. Y a mayor desigualdad entre los Estados, mayores riesgos de que se produzcan fenómenos de este tipo. La Unión Europea puede hacer mucho más de lo que hasta ahora ha hecho en cuestión de cooperación. También los Estados individualmente. Si no somos capaces de visualizar que este drama nos afecta a todos y como sociedad no lo podemos consentir, contribuiremos a seguir haciendo una sociedad cada vez más empobrecida y más aislada. Y no olvidemos que los castillos, por muy altas que sean sus murallas, no son inexpugnables.

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Gracias, mis queridos alumnos

El miércoles pasado, al salir de una reunión, vi a un grupo de estudiantes esperando en la puerta de mi despacho. Eran los delegados de 4º de Grado que venían a comunicarme la emocionante noticia de que me habían elegido Madrina de su Promoción. O lo que es lo mismo, me hacían entrega del premio más apreciado por un profesor, porque tras este nombramiento yo no veo más que aprecio y respeto. Algo, no me discutirán, que vale más que todas las condecoraciones que en la vida profesional uno pueda conseguir.
Hace algunos meses en este mismo blog les conté la experiencia tan positiva que estaba teniendo con los alumnos del Grado durante este curso. Confirmo punto por punto todo lo que dije en su momento puesto que los resultados finales vinieron a confirmar que eran un excelente grupo. Comienzo hoy otra asignatura y espero seguir con la misma impresión. No serán todos los mismos alumnos, puesto que se trata de una optativa, pero voy a ir con el convencimiento de que puede sacarse de ellos lo mejor. Y para empezar comentaremos dos noticias recientes: una, la proyectada reforma del Código civil para otorgar la nacionalidad española a los judíos de origen español (sefardíes) y otra, las consecuencias del referendo suizo que amenaza con limitar la libre circulación de trabajadores de la Unión Europea en Suiza. El jurista tiene que vivir siempre atento a lo que sucede y la misión del profesor es, o al menos así lo entiendo yo, proporcionar las herramientas necesarias al alumno no para resolver los problemas que puedan surgir, sino para saber cómo enfrentarse a la resolución del problema.
La verdad es que me siento muy agradecida por poder trabajar en lo que me gusta. Enseñar lo considero un privilegio, también una responsabilidad. No es fácil, los que se dedican al mundo de la enseñanza lo saben, llegar a los alumnos. Por eso, que este año me hayan elegido madrina de la primera promoción que se gradúa en Derecho me llena de satisfacción. Quizás esta elección se deba a que no perdí ni un solo minuto en decirles que la licenciatura era mejor. Aproveché el número reducido de alumnos para hacerles trabajar y corrigiendo sus trabajos guiarles de la mejor manera. Nunca me he considerado una defensora acérrima del Plan Bolonia, pero he sabido reconocer lo que ha traído de bueno. Por eso, y porque en su momento les dije que los iba a hacer trabajar pero que creía en ellos; considero que de esa creencia ha venido el reconocimiento. Y me siento muy feliz y muy agradecida. Porque todos necesitamos alguna vez que crean en nosotros…

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Percepciones

Que el 95 % de los españoles perciba que hay una presencia evidente de la corrupción en nuestras instituciones, debería hacer recapacitar a toda la clase política y a toda la sociedad. Lo que está pasando en España o no tiene nombre o si lo tiene mejor es no pronunciarlo. Porque no parece normal que con todos los casos de corrupción que diariamente ocupan los periodicos, informativos, programas de radio…, todavía no se haya arrancado un paquete de medidas serias que se ocupen de este lastre. El no hacer nada, el mirar para otro lado, sólo contribuye a aumentar esta fuerte percepción de que la corrupción es generalizada. Hablamos de percepciones, no de realidades. Estoy segura que la mayoría de los políticos están en política con el objetivo de servir a los intereses generales. El problema es que los casos tan señalados que nos ocupan todos los días y que afectan a las más altas instituciones lo tiñen todo. Sería muy fácil, no obstante, contribuir a que esta percepción desapareciera. Debería el gobierno poner a disposición de los magistrados más medios para que la instrucción de estos vergonsosos casos no se prolongue durante tanto tiempo. Y, de otro, el papel del Ministerio Fiscal debería ser más en favor de la legalidad que en interés del gobierno de turno. No sé si no se dan cuenta del flaco favor que hacen a la justicia con esos bandazos que dan en algunos significativos casos. Los partidos no deberían llevar en sus listas a ningún imputado. También deberían hacer públicas sus cuentas para despejar cualquier sospecha de financiación ilícita. Los cargos públicos, haciendo alarde de lo que piden a los ciudadanos, deberían todos, sin excepción bajarse un 10 % el sueldo, que es la media de lo que se nos ha bajado a todos los trabajadores. Y así un largo etcétera. Seguro que si se sientan un ratito se les ocurrirían muchas medidas que podrían tomarse para combatir esta vergonzosa percepción.
Es verdad que si se hiciera todo esto, algunos todavía seguiríamos teniendo vergüenza de tener al frente de las instituciones a personas tales como el presidente del gobierno que este fin de semana se despachaba con la comentada frase dirigida a Rubalcaba, mandándolo callar si no le rendía pleitesía: “tú, y cuando digo tú, me refiero a él, tú o te callas o reconoces el mérito de la gente”. Sí, se ve que tenía un lío el hombre con los pronombres. Se cree que todos somos igual que él y que no entendemos a la primera a quién iba dirigido el mensaje. Lo que pesa de verdad es que con todo lo que se han llevado por delante, encima presuman de ello y además impongan la mordaza que es una cosa que al parecer les gusta mucho. Si es que vienen elecciones, y otra vez el cuento de la lechera tiene que ser contado, si no, ¿de qué?

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