Blog de Antonia Durán Ayago
Miscelánea
 
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Archivo | junio, 2016

¿Qué Educación?

Es curioso que una ley tan importante como la que pretende regular la Educación en nuestro país concite tan pocos apoyos. Parece ser, por lo que se ve, que sólo cuenta con el apoyo del ministro del ramo, Sr. Wert  y de la jerarquía eclesiástica, muy contenta por cómo queda la religión en el futuro plan educativo. De estos escasos apoyos, y de que se trata de la enésima reforma de la educación en España ya podemos intuir su vigencia; probablemente fugaz. Lo que seguirá redundando negativamente en la sociedad en su conjunto. Hay cosas con las que los partidos políticos no deberían “traficar”. Y sin duda la educación es una de ellas. No acabo de ver la necesidad (si no es necesidad espuria) de que deba cambiarse la ley reguladora de la educación cada vez que hay un cambio de signo político en el Gobierno. ¿Acaso no es una materia lo suficientemente importante como para intentar lograr consensos y pactos? ¿Qué hay detrás de esa necesidad de controlar la educación? ¿Por qué hay tanto temor a idear una educación que enseñe a los alumnos a pensar y no que en un sentido o en otro adoctrine? Quizás por aquello que decía Huxley, “cuando un individuo piensa, la sociedad se tambalea”.

Todos deberíamos pensar en qué educación queremos dar a nuestros hijos. Y me interesa tanto o más el sistema como quiénes conforman el sistema. La necesidad de establecer exámenes o reválidas a cada poco choca con lo que se ha potenciado desde Bolonia a nivel universitario, en el que se nos ha intentado convencer que los exámenes no eran lo mejor, que había que apostar por una evaluación continua. Ahora que eso se está haciendo, quieren cambiar el sistema de evaluación de los niveles inferiores. ¿A qué estamos jugando? Lo importante son los conocimientos que se transmitan y cómo se transmitan; si no damos más margen de maniobra a los profesores, si no que por el contrario intentamos encorsetarlos en un sistema que apenas deja respirar, poco estaremos contribuyendo a crear un sistema educativo sólido. Y si los conocimientos van a venir diseñados por un Ministerio que no cree en la educación universal, sino sólo en las élites, involucionaremos cincuenta años.

La LOMCE apuesta por reconocer los talentos y potenciarlos, promoviendo una diversificación desde muy temprano que no es más que un clasismo indisimulado y segregador que puede volverse pernicioso si no se enfoca de forma adecuada. Es una ley que apuesta por la competitividad y busca una empleabilidad que el sistema educativo, a mi juicio, no tiene que proporcionar principalmente. Los fines de la educación deben ser otros, más cercanos a los que apunta ahora la LOE. La educación debe buscar la equidad, la inclusión, la cohesión social y la potenciación en el ejercicio de los valores democráticos. No introduzcamos el mercado ya desde los inicios de la formación. Apostemos por crear individuos con sólidos conocimientos y con herramientas suficientes para que sepan discernir, para que aprendan a elegir, para que decidan cómo y hacia dónde quieren caminar. Potenciemos una educación de valores y no caigamos en el error de utilizar a la educación para adoctrinar. Su fin nunca ha sido ese. Que se lo pregunten a los clásicos.

 

 

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Veinte años después

Probablemente si nos propusíeramos definir el concepto “amistad”, cada uno resaltaría un aspecto diferente, haciendo hincapié en lo que más se valora de un amigo, pero quizás todos confliuríamos en la sensación de calorcito que te proporciona saberte parte del otro; saber que ese otro estará ahí pase lo que pase…, aunque pasen veinte años. Este fin de semana he tenido la suerte de comprobar ese calor; esa sensación de bienestar que proporciona saber que aunque hayan pasado veinte años desde que nos conocimos, al comienzo de nuestra carrera universitaria, y aunque nuestros encuentros hayan sido esporádicos, no todo los frecuentes que nos hubiera gustado, nos reunimos y comenzamos a hablar como si el tiempo no hubiera pasado; con los sentimientos y el cariño profundo incólumes, y con la alegría de comprobar que nuestras familias van creciendo, haciendo la arboleda cada vez más grande.

No pretendo ponerme trascendente, pero si echo la vista atrás y pienso qué hubiera sido mi vida sin estas personas a las que tanto quiero, seguro, seguro que no hubiera sido igual. Espero que nos sigan quedando muchos encuentros, y muchas sobremesas compartidas, intentando poner en orden un mundo que con vosotros se hace un poco más comprensible y mucho más llevadero.

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15 M

Hoy, 15 de mayo, se celebra la festividad de San Isidro Labrador. Evoco mi infancia, cuando iba a la romería que se celebra en mi pueblo con mi familia y la alegría que se respiraba con el desfile de las carrozas y el disfrute de un día de campo compartido por todo el pueblo y vecinos de los alrededores. Desde hace dos años, a esos recuerdos, además, se ha añadido uno que tiene un simbolismo especial y que parece estar llamado a consolidarse con el paso de los años. El movimiento de los indignados que surgió ahora hace dos años en la Plaza del Sol de Madrid sólo es quizás el embrión de la lucha que se ha emprendido para recuperar la soberanía popular; esto es, para que el pueblo sea de verdad soberano, como dice la Constitución española, y pueda en consecuencia decidir cómo quiere abordar su futuro.

Es verdad que resulta complicado canalizar en el sistema democrático angosto que tenemos que pasa siempre por los partidos políticos, las formas de participación ciudadana. El artículo 6 de la Constitución española dice: “Los partidos políticos expresan el pluralismo político, concurren a la formación y manifestación de la voluntad popular y son instrumento fundamental para la participación política. Su creación y el ejercicio de su actividad son libres dentro del respeto a la Constitución y a la ley. Su estructura interna y funcionamiento deberán ser democráticos.”. Esa “concurrencia a la formación y manifestación de la voluntad popular” y el que sean considerados “instrumentos fundamentales para la participación política” les compele a estar abiertos a lo que la ciudadanía siente y piensa; a no permanecer al margen de sus reivindicaciones y de sus necesidades. Deben ser conscientes de que la legitimidad no es un concepto estático que se refiera únicamente al momento de las elecciones y que una vez obtenida la mayoría, esa legitimidad se conserva como si fuera un derecho adquirido. La legitimidad es un concepto que debe estar construyéndose siempre. Como ya he dicho en muchas ocasiones, si el contrato programa con el que un partido se presenta a las elecciones, al día siguiente de ganarlas se convierte en papel mojado, podemos decir que ese gobierno y el partido que lo sustente carece de legitimidad, porque la legitimidad la otorga la voluntad popular y no designios divinos u órdenes metafísicas que te conminan a hacer lo que hay que hacer (ya saben, nuestro presidente es muy dado a utilizar este tipo de expresiones). Si uno no es capaz de cumplir lo que ha prometido, convoque nuevas elecciones. Lo contrario es engañar y adulterar la voluntad ciudadana que es la única que puede darle legitimidad en el poder. Por tanto, los partidos políticos son y están llamados a ser vehículos esenciales de nuestra democracia. Y está bien que así sea. Pero dotémonos de normas firmes que promuevan la democracia interna de los partidos; que eviten el sistema de cooptación; que sólo puedan estar en políticas aquellos que demuestren haber tenido un historial incólume; que hayan demostrado que saben hacer otra cosa antes de dedicarse a la política; que sólo se pueda estar en política por un tiempo determinado, y tanto cuando se entra como cuando se sale, la ciudananía tenga algo que decir respecto de estas personas que han  actuado como sus representantes; y sobre todo, que promuevan debates, que abran sus oídos a lo que dice el pueblo y que liberen a la democracia que tienen secuestrada desde hace tiempo. Deben adaptarse a los nuevos tiempos y a las nuevas exigencias; deben contribuir a regenerar la democracia porque son parte esencial de la misma. Movimientos como el 15 M, a su manera, lo están reclamando a gritos.

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La importancia de creer en uno mismo

Ayer fue un día interesante. Me reuní con un antiguo alumno que tras haber trabajado mucho y bien para hacerse un hueco en el ejercicio de la abogacía, había abierto un despacho propio en Salamanca y había pensado seguir consolidando su formación afrontando la elaboración de una tesis doctoral. Es una persona muy joven, pero ya con mucha experiencia. Se lo notaba curtido y lo mejor de todo, rezumaba fuerza e ilusión. Hablamos de la situación de los jóvenes hoy en día; de lo difícil que es encontrar trabajo y me comentaba la importancia de no rendirse nunca, de trabajar y de creer en uno mismo. Lo cierto es que fue una conversación muy reveladora. Esperanzadora también. Tenemos tanto, tanto potencial en España que es una inmensa pena que la única solución que vean muchos sea emigrar. Esa movilidad exterior de la que le gusta hablar a la Ministra de Empleo es un éxodo forzado que va a lastrar sin duda la recuperación de nuestro país.

Ayer estuvo en España el primer ministro italiano, el Sr. Letta, y en su comparencia después de la reunión con el Sr. Rajoy, alertó de la importancia que tiene para Europa poner en marcha políticas activas de empleo para los jóvenes del sur de Europa que están sufriendo como nadie, tras una sensación de frustración e impotencia, los efectos de esta crisis. O se afronta el problema con determinación o en las próximas elecciones al Parlamento Europeo llegarán a él partidos antieuropeístas, valga la paradoja. Tiene razón. Es necesario que la Unión Europea se dé cuenta de lo equivocadas que están sus políticas. No se puede dirigir a toda una unión de Estados con una visión monolítica y nacionalista, que al final es lo que se está haciendo, bajo la batuta de la Sra. Merkel. Ella piensa en sus elecciones internas. Los demás no se sabe en qué piensan. Básicamente se limitan a obedecer sin rechistar, y así nos va.

Lo cierto es que no sé cómo, pero de este atolladero tenemos que salir. Y a los jóvenes que en estos momentos se encuentran en una situación complicada, lo que hay que intentar es que no cale en ellos la desesperanza. No rendirse nunca. Trabajar muy duro. Seguir formándose. Pensar, pensar, pensar. En lo que uno puede hacer, que seguro que es mucho. Es importante creer en uno mismo.

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