Blog de Antonia Durán Ayago
Miscelánea
 
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Archivo | junio, 2016

A ver si nos enteramos

Que la cosa no es sencilla. Resulta que durante un largo período de tiempo todos los actores de la economía de nuestro país, incluidos nosotros, los consumidores, nos dedicamos a crear, mimar y hacer que creciera la burbuja inmobiliaria. Para ello, las entidades bancarias no dudaron ni un segundo en dar préstamos a aquellos que recurrían a ellas para conseguir un título de propiedad sobre una casa. Los precios subieron artificialmente; por lo que los créditos cada vez tenían que ser mayores, y en ese contexto de bonanza económica, a ninguno se le pasaba por la cabeza que si venían mal dadas iba a ser difícil afrontar el pago de la hipoteca. Los bancos, por su parte, tampoco parecían estar muy preocupados, porque en caso de incumplimiento ellos se quedaban con el dinero entregado por la vivienda; ejecutando la hipoteca, se quedaban con la casa y además, lo que faltaba por abonar no desaparecía, sino que esa deuda permanecía sobre la persona que pidió el préstamo hasta que pudiera pagarla. Un juego, si me permiten la expresión, en el que la suerte siempre estaba del lado de los bancos. Y el peso siempre recaía sobre el consumidor. Por no hablar de las cláusulas suelo, las tasaciones arbitrarias y un largo etcétera de prebendas sostenidas y bien atadas legalmente a favor de los bancos.
Durante el tiempo de calma relativa en que se agrandó la burbuja, ningún partido político propuso reequilibrar el mercado inmobiliario para que el coste principal no recayera siempre sobre el consumidor. Ninguno planteó la dación en pago; esto es, que si una persona no podía pagar lo que restaba de su hipoteca, esa deuda se pagara con la entrega de la vivienda al banco, y de esa manera quedara liberado. Ninguno propuso que se establecieran fórmulas flexibles, en caso de no poder afrontar el pago de la vivienda coyunturalmente, en el que por ejemplo, se pactara un periodo de carencia, o se permitiera pagar menos de lo fijado, para evitar los temidos desahuicios. Nada se hizo entonces, y lo peor, nada se está haciendo ahora.
Perdón, sí que se ha hecho algo. Pero a favor del más fuerte, otra vez, qué casualidad. Se ha creado el banco malo, que técnicamente ahora denominan SAREB (Sociedad de Gestión de Activos Procedentes de la Reestructuración Bancaria), creado con el dinero que nos ha prestado la Unión Europea, dinero que por supuesto tendremos que devolver con intereses y que estamos costeando todos, cuyo objetivo principal es comprar los activos tóxicos, es decir, las viviendas que los bancos han quitado a quienes no han podido pagar la hipoteca, comprándolos a un precio inferior, con el objetivo de luego volver a colocarlos en el mercado. De esa manera se pretende sanear a las entidades bancarias y volver a poner en circulación la venta de estos inmuebles.
Esta es la situación. Pero yo me pregunto: ¿alguien ha pensado en algún momento en las miles de familias que se están quedando en la calle por no poder pagar la hipoteca? Sabemos que los desahucios son el pan nuestro de cada día, ¿alguien, algún grupo político, me refiero, ha hecho la suficiente presión para que esta injusticia pare? Porque al final, los que perdemos somos siempre los mismos. A los bancos, parte fuerte desde el principio hasta el final de la crisis, se los proteje, se les crea un marco normativo muy favorable, nada de libre mercado, el mercado está intervenido desde hace mucho tiempo a su favor y, en cambio, a los consumidores se nos deja caer y no se plantea ninguna solución para paliar el dolor de toda la gente que no sólo tiene que dejar sus casas, sino que además quedan marcados con una deuda que deben seguir pagando a los bancos.
Cada vez hay más gente que tiene más claro lo que está pasando. Que no nos vendan brotes verdes, ni esperanza vacía, como ayer hacía la Sra. Ministra de Trabajo, con un 25 % de paro a sus espaldas. Cambien las leyes y hagánlas más justas. Las normas, para ser justas, deberían orientarse a reequilibrar las situaciones de desequilibrio que hay en el mercado. Por contra, las que existen, no sólo no protegen al más débil sino que hacen más fuerte al fuerte. A ver si nos enteramos.

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Cuando no se quiere escuchar

Es curioso el grado de abstracción al que pueden llegar nuestros políticos. No sirven ni las encuestas del CIS que vez tras vez muestran que los españoles percibimos como tercer problema a la clase política; tampoco, que la gente salga a la calle y pretenda rodear el Congreso pidiendo una regeneración democrática; no sirve que en las elecciones del pasado domingo haya habido muchos votantes que haya preferido no ejercer su derecho al voto; tampoco que el clamor en las redes sociales sea cada vez mayor pidiendo un cambio de rumbo; no sirve que se pida un referéndum. No sirve nada. Ellos siguen instalados en su mundo, aislados del mundo, seguros en su mundo, justificando que si ocupan el puesto que ocupan es porque legítimamente en unas elecciones democráticas, así se ha decidido. Y no les falta razón. Es verdad que son legítimos representantes porque por el pueblo han sido elegidos; pero la legitimidad no la da sólo el voto; ha de mantenerse durante toda la legislatura. El contrato programa que los políticos han celebrado con los ciudadanos no puede traducirse a papel mojado el día después de las elecciones, porque entonces estaríamos, como al parecer estamos, ante un fraude de tremenda categoría. La legitimidad democrática, por tanto, no la dan sólo los votos; también el compromiso que los partidos tienen de cumplir el programa con el que se han presentado a las elecciones.
Lejos de eso, tenemos un Gobierno que desde el primer día ha aparcado su programa y ha comenzado a destruir todo lo que tanto esfuerzo había costado construir. Con pulso firme; sin sentirse constreñidos; creyéndose acreedores de no se sabe muy bien qué voluntades, se han lanzado a demolerlo todo sin que les tiemble el pulso.
No contentos con eso, tenemos al frente del Gobierno a una serie de personas que distan mucho de ser los mejores gobernantes. Ayer, cuando una multitud clamaba fuera del Congreso y dentro se debetían esos presupuestos para 2013 en los que nadie, salvo el Sr. Montoro, cree (quizás tampoco él), éste se jactaba de que eran los presupuestos más sociales de la democracia. ¡Habráse visto mayor grado de cinismo! Y no sólo eso, como en muchas otras ocasiones, se permitía incluso hacer bromas y reírse cuando la situación no está para eso. Desde luego, si se permite ese lujo es porque a él no le están tocando de lleno esos recortes que su gobierno está poniendo en marcha.
No sé cómo puede permitirse llegar al Congreso y en vez analizar los datos que nos dicen que una de cada cinco pesonas en España vive en la pobreza y proponer un presupuesto que nos pueda sacar del ostracismo, en vez de eso, se dedica de decir vanalidades.
Más vale que él y sus compañeros se pusieran a trabajar en firme para que esta caída en picado cese y eschuchen a los que los han votado y a los que no, que algo tendrán que decir en todo esto.

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Les propongo un reto

Desde hace ya bastante tiempo, parece que sólo trascienden las noticias negativas. No les daré ejemplos, pero en este blog me he hecho eco de algunas.
Quizás haga falta un espacio en que se dé cuenta de todo lo bueno que está ocurriendo en España y en el mundo. Así que esta semana, les propongo un reto. Si ha tenido conocimiento de alguna buena noticia que considere la pena destacar, utilice este espacio. Entre todos puede que creemos un lugar en el que no todo sea tan negro.
Yo les dejo aquí una:

http://sociedad.elpais.com/sociedad/2012/10/16/actualidad/1350401597_982662.html.

(Y eso, habría que decir, a pesar de Wert. Enhorabuena, Pfr. Martín).

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Sr. Wert

Recuerdo perfectamente su etapa de opinador en los programas en que se comentaba la realidad, sobre todo política, de España. Tenía fama de moderado, aunque no hacía falta ser muy observador para detectar, tras sus argumentaciones maratonianas, qué había realmente detrás de sus palabras. Ahora, ya encumbrado al cargo de Ministro, no hace falta mirar mucho. Se retrata vez tras vez con sus ocurrentes declaraciones. Va a ser que hay todavía en usted una renuencia a dejar atrás esa etapa en que opinaba de todo por televisiones y radios; algo se le debe haber quedado, puesto que ocupando el puesto que ocupa, sigue teniendo el verbo demasiado fácil.
Probablemente ahora, usted todavía no sea consciente de que pasará a los anales de la historia de España como uno de los peores Ministros de Educación que hemos tenido. Y aunque la afirmación le parezca hosca, créame que estoy siendo muy benevolente.
No sé si usted y su equipo tiene una idea aproximada de lo que es la educación y para lo que sirve. Desde luego, no está entre sus objetivos adoctrinar (como según usted hacía la asignatura Educación para la ciudadanía), sino hacer seres humanos libres, eso que parece que a usted y a los suyos les molesta tanto. Aunque no tengan claro qué es la educación y aunque no hayan hecho un diagnóstico ni siquiera aproximado de la situación de la educación (in genere) en España, se ve que el cargo le ha tentado y ha querido experimentar lo que se siente poniendo manga por hombro todo, o cambiando todo el sistema que, claro está, desde su juicio de opinador, estaba totalmente equivocado. Y ahora resulta que después de los fuegos que está creando con su acción de gobierno, añade sus opiniones irreflexivas, más propias de platós de televisión, pues traslada lo primero que le viene en mente a su boca y pronuncia palabras que son dinamita, no sólo por la que está cayendo, sino porque en sentido estricto lo son.
La verdad es que permítame la licencia, pero no me siento a gusto con usted como Ministro. Creo que ni nos representa, ni nos entiende, ni tiene una idea aproximada de lo que debe ser una educación de excelencia. Ponerse a cambiarlo todo en algo tan delicado como la educación en un momento tan crítico como el que vivimos, dando consignas equívocas del porqué de los cambios, no hace más que aumentar la sensación de incertidumbre y desasosiego de la sociedad, de toda la sociedad, no sólo de los profesores, sino también de los estudiantes o de los padres de los estudiantes, tan extremistas, según usted, por reclamar una educación pública digna.
Sr. Wert, debo reconocer que lo prefería como tertuliano. Al menos entonces su capacidad de hacer daño era menor. Ahora, encumbrado a los altares, ha perdido el norte y allá por donde va, va aumentando la sensación de impotencia que sentimos los españoles ante gobernantes tan mediocres. Quizás, en vez de españolizar a los niños catalanes, se podría haber planteado europeizar a los niños españoles, y apostar por inventir más en educación, en una educación pública de calidad, no la que nos quieren dejar ustedes.

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De mal en peor

Ayer, las encuestas del CIS nos mostraban el pesimismo de los españoles ante la situación económica. Por la noche, el FMI confirmaba punto por punto que esta percepción, lejos de estar equivocada, avalaba los peores pronósticos. En la encuesta del CIS, también se mostraba que el tercer problema para los españoles, después del paro y la situación económica, era la clase política y los partidos políticos. Estos, en vez de tomar buena nota de este sin duda preocupante dato que ya se ha convertido en tendencia, se responsabilizan unos a otros, como siempre, haciendo valoraciones de perogrullo, que en algunos como en el del Sr. Floriano, no es excepción. Básicamente todo lo que dice es dar vueltas sobre una frase sin contenido alguno.
La talla de nuestros políticos, qué duda cabe a estas alturas, no está a la altura de las difíciles circunstancias. Y mi percepción es que la mojigatería de los que nos representan, está incidiendo proporcionalmente en que la crisis que ya de por sí era grave, se vaya agravando más.
Los datos del FMI no ayudan a ser optimistas. La economía de España será la segunda del mundo, después de Grecia, que más caerá durante 2013. Se constata que la política de recortes y subida de impuestos no está dando buenos resultados. Y yo me pregunto, ¿es que acaso no se sabía de antemano que iba a ser así? ¿Acaso no nos decía el sentido común que si se subía el IVA, el consumo se iba a contraer más? ¿Que si se abarataba el despido y los ERES se flexibilizaban, el paro iba a aumentar? ¿Dónde está ese crédito que se iba a comenzar a dar a los pequeños empresarios para que pudieran reflotar sus empresas? Hasta ahora, lo único seguro, es que si algunos han ganado de este entuerto, han sido los que en buena parte han provocado que ahora nos encontremos donde estamos. Entretanto, los recortes seguirán. Ya han dañado gravemente a la educación y a la sanidad, lo próximo será la justicia, con una reforma que si llega a aprobarse, nos colocará a la cola de Europa; nos hará involucionar 30 años, para colocarnos en una situación claramente preconstitucional, cuando la tutela judicial efectiva no era ni desiderátum.
Los políticos en buena parte han contribuido a crear este problema, por su mala gestión, y están contribuyendo de manera definitiva en que ahondemos más y más en el pozo. Cuando tantas familias españolas necesitan recurrir a la caridad para poder comer, algo está fallando. Pero parece que a nuestros representantes tampoco les va la vida en ello; no parece que anden muy preocupados. Desde luego, con una situación como ésta, si hubiera personas responsables en los puestos de gestión, hace mucho tiempo que se hubieran comenzado a dar pasos en otro sentido. Hubieran desaparecido ya muchos privilegios y muchos excesos que en buena parte de las administraciones se constata que ha habido. Pero nada de eso. Que todo siga igual, y que nadie asuma consecuencias. Luego les extrañará que los ciudadanos percibamos como uno de los principales problemas a la clase política.

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