Blog de Antonia Durán Ayago
Miscelánea
 
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Archivo | junio, 2016

Regeneración / Degeneración democrática

Parece obvio que necesitamos una regeneración democrática. Y la necesitamos porque hemos llegado a un punto en que la democracia ha perdido todo su sentido. Decimos democracia como quien dice agua, sin pensar realmente en la trascendencia que hay detrás de este concepto. El gobierno o el poder del pueblo se ha convertido en los últimos años en una utopía. La democracia en la que ahora vivimos ha perdido su significado, pues a mi juicio parece haber sido secuestrada por los partidos políticos para hacer lo que estimen oportuno sin dar cuentas a quienes los han puesto al mando.
Desde mi punto de vista, democracia es no sólo poder depositar el voto en una urna y formalmente reconocer al ciudadano su poder para decidir quiénes desea que sean sus gobernantes. Esa es una concepción muy raquítica de lo que engloba el concepto. Democracia es también poder exigir responsabilidad a los gobernantes en todo momento, no sólo cada cuatro años; poder pedir que se cumpla el contrato (programa) que ha vinculado al ciudadano con una determinada opción política; poder recibir información de todo cuanto acontece y que directamente nos afecta.
¿No les parece a ustedes que con la situación crítica que vivimos el Sr. Presidente del Gobierno está haciendo dejación de sus funciones y está contribuyendo a que el concepto de democracia quede en entredicho? El no comparecer en el Congreso para explicar todo lo relativo a los pasos que está dando (o intentando dar) el Gobierno para sacarnos de esta crisis es una forma de entender la democracia bastante endeble. No basta con creer que se está haciendo todo lo que hay que hacer (expresión grande en contenido donde las haya de la que abusa nuestro presidente) y decirlo en comparecencia sin preguntas ante los periodistas; un presidente debe saber bajar al ruedo y defender lo que hace o al menos intentar explicar cuál es su hoja de ruta para salir de la encrucijada en la que nos encontramos. Rendir cuentas debe hacerlo todo el que ocupa un puesto público, con independencia de que goce o no de mayoría absoluta. Lo contrario es condenar a la sociedad al desamparo; es intentar volver al despotismo ilustrado (todo para el pueblo pero sin el pueblo) aunque sin ilustración, porque faltan ideas, falta debate, falta contrastar si podríamos probar con otras fórmulas diferentes para salir de esta crisis.
Eso de que a los ciudadanos nos traten con tanto paternalismo, como si con nosotros no fuera, como si hubiera temor a verbalizar lo que pasa por si acaso esto les pasa factura, es, creo, lo contrario a lo que debe ser la democracia.
Habrá que reivindicar a Kant y a su imperativo para conquistar de nuevo la emancipación que como ciudadanos nos corresponde; habrá que reivindicar nuestra libertad para exigir responsabilidad de quienes gobiernan, porque en la democracia, el gobierno es del pueblo y para el pueblo, y los partidos no pueden secuestrar la democracia ni arrogarse todo el poder de “hacer lo que hay que hacer” sin que ello tenga consecuencias. Y habrá que hacerlo antes que tarde, porque mientras más tiempo permanezcamos en este limbo aséptico, más nos costará salir de él.

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Las excusas y la tormenta

Pasaron los 100.000 millones de euros ofrecidos a España para la recapitalización de la banca; pasaron las elecciones griegas y ganó la opción que aparentemente iba a hacer que los ánimos se calmaran y la prima de riesgo se suavizara. Y me pregunto cuántas excusas más se tendrán que poner para que esta espiral pare. Porque el problema en este momento no es Grecia, sino las condiciones que desde Alemania se le han impuesto para poder seguir estando en el euro, y eso es sabido de todos que Grecia no va a poder cumplir.
Pero claro, en todo este marasmo que nos están haciendo vivir se me antoja que se mezclan a partes iguales ingenuidad y determinismo. Porque por una parte es un tanto ingenuo pensar que simples operaciones de marketing, pues no parecen otra cosa, el ofrecimiento de los 100.000 millones de euros a la banca española, sin que todavía se sepa cómo, cuándo y en qué condiciones ese préstamo se concederá, pueden saciar la voracidad de los mercados. Porque si lo que tratamos de hacer es contentar a los mercados, vamos listos. Para ellos cuanto peor nos vaya mejor les irá a ellos. Ellos juegan a la especulación, y ya se sabe, en aguas revueltas… El problema es que les estamos dando un papel tan determinante en esta crisis, que están pudiendo con nosotros. Están pudiendo con la democracia, quitando presidentes elegidos por los ciudadanos como antes en Grecia, o en Italia, y poniendo en su lugar a tecnócratas afines al frente de las instituciones. Y no pasa nada. Europa ni siquiera hace un comentario al respecto. Sigue impertérrita como si con ella no fuera. Todo por el pueblo pero sin el pueblo. O quizás, mejor sería decir, todo por el mercado, sin que haya obstáculos. Parece mentira que esta unión monetaria sea tan débil. ¿Cómo es posible que la solidaridad que debería haber entre los países que forman parte del euro esté tan tocada que ni siquiera se pueda hacer frente a los mercados con un frente común? De la actitud de Alemania, parece deducirse no solo la falta de solidaridad, sino su interés de que determinados países salgan del euro, y eso es pura y simplemente una miopía más de la Sra. Merkel, pero ese determinismo nos está llevando a muchos por delante.
Está claro que la solución a esta crisis no es económica, sino política. Y o cambian los vientos en Europa y se escucha y se hace frente común con el Sr. Hollande o la cosa pinta mal, bastante mal. Porque la tormenta que vivimos está claro que no se va a deshacer por hitos puntuales (rescates, elecciones griegas…), sino por una acción decidida que ponga freno a las especulaciones y a los especuladores que están ganando mucho dinero mientras que el pueblo llano pierde cada vez mayor poder adquisitivo. Hay que deshacer el malentendido de que los Estados se financian preferentemente en los mercados, que son los inversores privados los que nos permiten seguir existiendo como Estados; eso no es verdad, y en los últimos tiempos parece que ya nadie se encarga de desmentir lo que a la postre se está convirtiendo en determinismo.

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El cinismo como método

Cuando la desvergüenza en el mentir se hace crónica estamos ante el cinismo como método. Como método de gobierno, pues es esto lo que practican todos los miembros del Gobierno de España y los miembros del partido que lo sustenta. No entraremos ahora en si es un método más o menos extendido entre los demás partidos políticos. Lo que interesa en este momento es poner de manifiesto que nos encontramos en un punto de la partida, que ni con mucho me parece que ha tocado fondo, en el que después de haberse negado por activa y por pasiva que no se necesitaba ayuda, cuando a todas luces era evidente que sí, ahora nos intentan vender la jugada como un logro del Gobierno y tan contento está el Sr. Presidente que no duda un minuto en irse a Polonia, a presenciar el partido de la selección, porque no olvidemos que el pan y el circo afecta a todos. El problema es que ya va faltando el pan a muchos y los políticos que tenemos no parecen estar a la altura de las circunstancias.
Porque se llame rescate o línea de financiación preferente o de cualquier otra manera, lo cierto que es nuestros socios europeos nos han ofrecido 100.000 millones de euros, que se dice pronto, para sanear el sistema financiero español. Y claro, esto ni va a ser gratis para nuestro país ni parece que de ello vayamos a extraer ninguna consecuencia. Aquí parece que nadie va a asumir ninguna responsabilidad y lo que no es de recibo es que paguemos ahora entre todos la factura de algo en lo que no hemos contribuido directamente. Otra vez, socializar pérdidas y privatizar ganancias.
Lo que peor sienta de todo esto es que por tener patanes en el Gobierno, consideren que todos también lo somos, que somos simples, que no nos enteramos; y con esa premisa nos quieren hacer creer que lo que sucedió este sábado y lo que está por suceder, que presumo que será todavía peor, es una victoria del Sr. Rajoy. Pues qué pírrica victoria, habría que decir…
Y lo peor es que no estoy muy segura de que esta ayuda que sin ser desinteresada nos han ofrecido nuestros socios vaya a arreglar el problema tan grave que tenemos. No estoy segura que este dinero sirva para reactivar el crecimiento, que es lo verdaderamente necesario. Entiendo que habrá que imponer a los bancos obligaciones para que dejen ya la especulación financiera y apuesten por la economía real, aunque no veo del todo claro que esto vaya a ser así. Tendría gracia que el Sr. Rajoy pida este préstamo para los bancos y España asumiera como país su cumplimiento, y luego tuviera que pedir ayuda a los bancos para poder sostener al Estado con unos intereses aún más altos de los que hemos asumido para ayudarlos. Cosas más raras se han visto…
Los que somos simples pensamos, y quizás no hubiera sido mala solución exigir responsabilidad a todas las entidades bancarias que han incurrido en abusos, porque eso es lo que ha sucedido, y en vez de venir ahora a salvarlas, cuando hay tanta gente que lo está pasando mal, sin que el Estado aporte muchas ayudas, se las hubiera nacionalizado para crear un banco público que tuviera como compromiso poner en circulación el crédito, entre otras cuestiones.
Lejos de eso, seguimos dando palos de ciego; haciendo cada vez más difícil la solución y sin escuchar a quienes con acreditada solvencia no se cansan de insistir en que o se ponen en práctica políticas de crecimiento o esto se va todo al garete.

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Dívar y sus acólitos

No es por echar más leña al fuego, pero me reconocerán que la cosa no pinta nada bien. Me sorprende con qué ansias se agarran algunos al cargo, sin importarles si con esa fuerza se llevan por delante a la institución a la que dicen servir.
Esto es lo que está haciendo el Sr. Dívar, Presidente del Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder Judicial, es decir, presidente de uno de los poderes del Estado, cosa nada despreciable. Seguro que conocen el dicho de que no sólo hay que ser bueno, sino aparentarlo, y en esto es en lo que está fallando el Presidente: puede que en sus actos no haya nada ilícito, pero la apariencia de que se ha servido de dinero público para pagar caprichos de carácter privado, sin que haya podido rebatir las acusaciones que se vierten contra él en esa rueda de prensa que dio la semana pasada, deja en entredicho su capacidad para poder seguir ostentando el cargo que ocupa. Y no se trata de dar credibilidad sólo al denunciante, es que en las manos del Sr. Dívar estaba poner luz y taquígrafos a todo lo relacionado con sus viajes a Málaga y a Marbella, y ni él ha sabido hacerlo, ni el PP ni CiU han dejado que lo pudiera arreglar, si es que se puede, en el Parlamento.
No está la situación para este tipo de excesos, ni para buscar recovecos a la responsabilidad que nadie asume en este país, está visto. Los momentos duros que vivimos, a los que hacía referencia en su comparencia el Sr. Dívar, nos exigen ser más exigentes, valga la redundancia y ejercer la responsabilidad con mayúsculas. No sé en qué clase de responsabilidad estaría pensando el Sr. Dívar cuando afirmaba que no se iba por responsabilidad y porque irse sería darle la razón a los que lo han denunciado. Entiendo, por contra, que responsabilidad sería más bien no hacer daño a la institución a la que se representa, y aunque el Sr. Dívar sea bueno, cosa que yo no discuto, lo cierto es que con sus actos no lo ha aparentado. Y esa es la cuestión.
Pero el Presidente no está solo; tiene acólitos de muy distinto rango y renombre. Los responsables del caso de Bankia, los relacionados con la Corona, los políticos que delinquen sin que las elecciones (ni la justicia) les pase facturas, etc, etc. Para qué seguir.
Hace unos meses escribí un post sobre la responsabilidad. Harán falta escribir muchos más en el mismo sentido para que nos acostumbremos a ella.

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