Blog de Antonia Durán Ayago
Miscelánea
 
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Archivo | junio, 2016

Después de esta crisis, ¿qué derechos sobrevivirán?

No es mala pregunta, según lo que todos los días vemos y lo que al parecer, según todos los indicios, seguiremos viendo.
Involucionar es lo que estamos haciendo desde hace unos años. No sé si debido a que hemos querido ir demasiado rápido antes y nos hemos atragantado a medio camino, o a que la correlación de fuerzas políticas a nivel europeo se ha propuesto dilapidar de una pasada el patrimonio democrático y los derechos sociales conquistados con tanto esfuerzo a lo largo de tantos años.
El escenario con el que nos topamos diariamente no puede ser más desalentador. Con la crisis como pretexto, se está yendo contra el trabajador y se está poniendo en el mercado de trabajo la lupa que mide, parece ser, el grado de flexibilidad necesario para poder salir de esta crisis. En fin, ya lo he dicho en otras ocasiones: se trata de una percepción equivocada. Pero las equivocaciones tienen consecuencias y las que está teniendo en nuestro país son de lo más evidente: el equilibrio jurídico entre empresario y el trabajador ha desaparecido y ahora está en manos del empresario todo el poder, además respaldado legislativamente. Es el mundo al revés, porque si el legislador tiene que intervenir en el mercado laboral es para proteger al trabajador y de esa manera ponerlo en equilibrio con el empresario. Lejos de esto, se ha optado por la vía contraria. Que nadie se asombre. Es otra muestra más de que el neoliberalismo nos absorbe. El neoliberalismo que ha sido fundamentalmente el movimiento que está detrás de toda esta crisis, es el que más está ganando con ella.
Y mientras tanto, el poder postrado a sus pies. Y los ciudadanos cada vez con menor voz. Está claro que para que nos escuchen deberemos hablar más alto. Aunque todo pinte mal, no hay renunciar a lo que somos, ciudadanos, y no a los que algunos quieren que seamos, súbditos del capital.

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Racionalizar la oferta universitaria

Aparece en la prensa de hoy la noticia de que el Ministro de Educación pretende reducir la oferta de títulos universitarios que le parece excesiva. Esta noticia contrasta con otra que aparecía ayer por la que la Agencia para la calidad del sistema universitario de Castilla y León, donde es sabido, gobierna el Partido Popular, aprobaba la impartición de ocho Grados en una Universidad privada en Burgos, de nueva creación. A mí esto me parece contradictorio.
Porque si lo que vamos a hacer es reducir el número de titulaciones en las Universidades públicas, y al tiempo ir dando mayores titulaciones a las Universidades privadas, la ecuación parece que no es complicada.
De acuerdo, en que la oferta universitaria ha de racionalizarse. Pero si de lo que verdad se trata es de racionalizar, más que enviar mensajes contradictorios por parte de los dirigentes del mismo partido según donde se encuentren, quizás lo más razonable sería sentarse a pensar en una distribución racional del mapa de titulaciones, si es que es eso lo que buscamos. Si no, llamemos a las cosas por su nombre y digamos que lo que queremos también es terminar con la Universidad pública y apostar por la privada. Y entonces, cuando esa sinceridad aflore, habremos de actuar todos en consecuencia.

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El problema

Parece que después del tiempo transcurrido, ya hay un consenso generalizado de que o crecemos o no saldremos de esta crisis nunca. El problema es que aún habiéndolo asumido por todas las instancias que gobiernan o tienen algo que decir respecto de la economía, lo que se está haciendo es justo lo contrario. Parece que es complicado apostar por reducir el déficit al tiempo que se potencia el crecimiento económico, y si esto es así es porque realmente no se ha ido al núcleo del problema.
Si nos centramos sólo en España podemos comprobar cómo tanto el anterior Gobierno como el presente se han empeñado en hacer recaer en la reforma laboral buena parte de la solución a los problemas que tenemos. Esto, francamente, es de miopes. La clave no está en las condiciones de trabajo de los trabajadores; sino en la necesidad de que fluya el crédito que los bancos no dan y el Gobierno parece que tampoco les obliga a darlos. Sin liquidez es muy difícil que los empresarios saquen adelante sus negocios. Y si lo que se hace, por contra, es recortar los sueldos o inocular el miedo a los despidos, el consumo baja, por lo que la economía se ralentiza aún más. En esas estamos. Y aunque un observador objetivo pueda verlo con toda claridad así, parece que no debe ser tan sencillo, dado que los políticos no alcanzan a encontrar el camino. De esta crisis no se sale (o se sale muy tocado) haciéndola recaer siempre del mismo lado. Y eso es lo que se está haciendo.
En la antesala de la crisis, el Gobierno anterior apostó por, a mi juicio, dilapidar buena parte de nuestra fortuna con el Plan E, creando necesidades innecesarias sin ir por ejemplo a potenciar el estado del bienestar construyendo más guarderías o desarrollando más los servicios públicos. Se apostó por beneficiar únicamente al sector de la construcción, como si fuera éste el único afectado. Luego se dieron ayudas a las empresas automovilísticas, y después vinieron la deducción de 400 euros y el cheque bebé indiscriminado. Sinceramente, creo que se equivocaron, lo dije entonces y lo sigo pensando ahora. Es necesario que el Estado se endeude, claro, si se trata de potenciar la economía, pero quizás debería haberse reflexionado más en cómo realizar esa inyección de fondos a la economía que sólo se han quedado unos cuantos y que no ha solucionado nada. En sus postrimerías, a partir de mayo de 2010, reconociendo el fracaso de sus planes, dieron un giro radical que les llevó a perder las elecciones. Ahora, con el nuevo Gobierno el primer paso que han dado ha sido en el sentido equivocado: otra vez el mercado laboral. ¿Y el financiero? Parece que sobre ese cuesta más incidir y realmente en él está la causa del problema y también parte de su solución. Así que EL PROBLEMA que tenemos se llama Banca y la solución POLÍTICA.

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En el día de la mujer trabajadora

Está muy bien que para cada día del año tengamos algo que celebrar, y especialmente que se haya reservado un día para conmemorar a la mujer trabajadora. Es merecido. Por eso, a todas las mujeres que, cobren o no por su trabajo, son trabajadoras, felicidades.
Días como éste deben mantenerse y ponerse en valor, más en estos tiempos que vivimos, en los que las agresiones a los derechos alcanzados a lo largo de los años con mucho esfuerzo, son continuas.
Cuando se celebra un día especial, normalmente se pide un deseo: mi deseo para este día es que a la mujer se le siga reconociendo la capacidad para decidir, elegir y ser lo que quiera. Eso no siempre ha sido así, y espero que pueda seguir siendo una realidad que se consolide con el paso del tiempo.

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