Blog de Antonia Durán Ayago
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Archivo | junio, 2016

Seguridad jurídica

En este compás de espera que estamos viviendo hasta que se constituyan las nuevas Cortes Generales y el Sr. Rajoy nos anuncie lo que nos viene, quizás no estaría mal recordarle que claro está que todos somos conscientes de que para salir de esta crisis habremos de arrimar el hombro todos, pero sería bueno que no fuéramos siempre los mismos los que paguemos los desaguisados que otros han generado. La máxima “de cada uno según su capacidad y a cada uno según su necesidad”, aunque no sea de su cuerda, es la que debería guiar los pasos para que ya que ninguno vamos a salir indemnes de este episodio, al menos, la responsabilidad sea compartida y justa.

Y en otro ámbito de cosas, aunque relacionado con lo anterior, hoy me gustaría hablarles de la seguridad jurídica. O más bien de su ausencia. Porque quizás en toda esta crisis que padecemos tenga algo que ver el Derecho. Los que nos dedicamos a su estudio sabemos que igual de inoperante es que haya sectores que escapan a la regulación jurídica que aquellos que están regulados por una marabunta de normas que ni el legislador puede aclararse entre ella.

Considero que en los últimos años estamos asistiendo a lo que Karl Schidmt denominaba, aunque en relación con el Derecho administrativo, “legislación motorizada”, ahora ya extendida a todos los sectores del ordenamiento jurídico. Las normas se suceden unas detrás de otras, con total indolencia. Las incoherencias que la deficiente técnica legislativa que padecemos aporta se ha convertido en algo ya asumido por todos, como si fuera un mal endémico difícilmente combatible.  Y claro, en todo este escenario, de deficiente legislación es normal que haya desaparecido la seguridad jurídica, que es uno de los principios esenciales de nuestro ordenamiento jurídico.

Legislar menos, aunque mejor sería la máxima que los próximos parlamentarios tendrían que asumir. No por hacer más leyes se trabaja más eficientemente. Hay normas que desde el momento de su publicación han resultado obsoletas, y otras cuya deficiente técnica es evidente. También habría que aprovechar para poner orden en nuestro ordenamiento jurídico y si se trata, por ejemplo, de desarrollar un Reglamento comunitario para adaptarlo a nuestra normativa, no aprovechar una ley que nada tiene que ver con el mismo para introducir una disposición final que cumpla tal cometido. Eso es legislar a traición y sin criterio. El orden en el ordenamiento jurídico debería ser una máxima, y con más razón en el nuestro que a la ya ingente producción legislativa nacional hay que unir la autonómica y la que nos llega de la Unión Europea.

En fin, que en estos tiempos que nos ha tocado vivir quizás la tarea que nos toque sea poner cierto orden y racionalidad a lo que durante demasiados años ha sido un descontrol absoluto. Aunque quizás sea pedir mucho.

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Y España votó

En esta marabunta de idas y venidas, de políticos de quitan y pon, organizada por esa entelequia a la que llaman mercados, parece hasta reconfortante que en España al menos nos hayan dejado elegir a nuestros representantes, aunque la elección haya estado tamizada siempre por lo económico que ya no deja nada sin influir.

Ahora me preocupa si será cierta esa fortaleza que al Gobierno han otorgado estas urnas y tantos escaños servirán realmente para hacer frente a los mercados y también a Europa, para imponer un poco de racionalidad en todo esto, o esta mayoría absoluta que ha obtenido el PP no servirá más que para lanzarse en brazos del neoliberalismo más absoluto.

Y cuando la batalla económica escampe, si es que escampa que confíemos que así sea, lo siguiente será comprobar si todos los derechos que se han conquistado en estos últimos años no quedan más que en aguas de borrajas. Sería tan doloroso que así fuera…

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¿Desde cuándo votan los mercados?

No sé si habrá alguien que lea este blog. A juzgar por los pocos o nulos comentarios, lo dudo. Y aunque aspiro a que sea un lugar de pensamientos compartidos y si es posible generar el debate, entretanto no me resisto a utilizar este espacio para decir que NO SALGO DE MI ASOMBRO. No entiendo cómo asumimos como si nada, que en Grecia o en Italia se estén quitando gobiernos legítimamente elegidos para sustituirlos por otros, a merced de lo que parecen querer los mercados. ¿Pero es que nos hemos vuelto todos locos? ¿No hay nadie en la Unión Europea capaz de frenar esta oleada de despropósitos? ¿Tan poco contamos ya los ciudadanos? Tengo la sensación de estar asistiendo al declive absoluto de la Unión Europea. Todo se derrumbando ante nuestros ojos. Y todo debido a la conspiración orquestada de eso que se llaman los mercados que están empeñados en que caiga el euro. Y al final lo conseguirán, claro. La política se pliega una vez más ante el neoliberalismo más voraz. ¿Cuántas más capitulaciones se harán? ¿Tan grande es el monstruo que hemos construido llamado Europa, que engulle libertades y democracias como si nada?

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Elecciones generales 2011: lo que se juega la Universidad

No sé si la sensación que tengo respecto de estas elecciones estará o no muy extendida. Particularmente, pienso que son unas elecciones descafeinadas. Hay ausencia de debate político y parece que todo está ya decidido desde hace muchos meses. Quizás desde aquel mayo de 2010 en que el Presidente del Gobierno dio un giro inesperado a sus políticas y de la noche a la mañana abandonó lo que había sido su línea de gobierno en los últimos años para ceñirse o  plegarse a las exigencias que venían de Europa (o de los mercados de Europa).

A mí me hubiera gustado asistir a un debate de mayor nivel y más amplio que el que tuvimos la oportunidad de presenciar el pasado 7 de noviembre. Fue la puesta en escena de lo ya anunciado. No hubo nada nuevo bajo el sol.

Y claro, la ciudadanos, si atendemos a que todavía la democracia está en el pueblo, y no en los partidos políticos, que parece que la tienen secuestrada, esperábamos otra cosa. Esperábamos soluciones, posicionamientos. No reglas de perogrullo que entiende cualquiera, pues claro que todos sabemos que en el empleo está la clave del problema. La cuestión es de qué manera se genera empleo, y se hace crecer una economía que durante demasiado tiempo se ha asentado en el “ladrillo”. De eso no se habló ni se habla.

Y no sé si es porque ya todos estamos cansados; porque la desidia ha inoculado nuestras vidas o por qué, pero lo cierto es que ustedes como yo habrán observado que de Universidad prácticamente no se ha hablado en la campaña. Y lo que dicen los partidos políticos en sus programas tampoco tranquiliza. Hablar de Universidades de Excelencia está muy bien, pero sin apoyo económico es hablar de utopías, una vez más.

Hubo un tiempo en que algunos inocentes pensamos que los gobiernos iban a darse cuenta de que una de las principales herramientas para poder salir de la crisis estaba en la Universidad. Apoyar la Universidad supone abrir vías nuevas de desarrollo económico, en muchos casos, que en España apenas se habían empezado a explorar. Reducir los fondos destinados a I+D+i ha sido la prueba evidente de que no se ha querido o no se ha sabido dar un giro adecuado para reconducir la economía por otros caminos, diferentes a los ya transitados, conocidos y fracasados.

En vez de eso, nos encontramos con una terrible diatriba: mantener Universidades públicas sin fondos frente a privatizar Universidades. Evidentemente, frente a privatizar o tener menos fondos, yo elijo seguir manteniendo Universidades públicas. Pero me gustaría que en este debate escaso de ideas que se está produciendo en estos días, los políticos también escucharan a los ciudadanos, y quizás se darían cuenta que el compromiso que muchos, la mayoría, tenemos con el Estado del bienestar que tanto ha costado construir va más allá de unas siglas políticas. Los partidos tienen que adaptarse a lo que son, instrumentos de representación de la soberanía, y dejar de ser lo que aparentan,  liga de colegiales interesados en ganar el mayor número de sillones donde colocar a los amigos.

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En la encrucijada

Pensarán que soy recurrente, si vuelvo de nuevo a hablar de la situación económica y política que vivimos, pero es sabido que normalmente se escribe sobre lo que a uno le ocupa o le preocupa, y ciertamente, desde hace meses la sensación de que vivimos permanentemente al límite me preocupa.

Me preocupa que la idea de Europa se haya visto tan afectada y de forma tan negativa en los últimos meses. Sin duda, haría falta mucho más que un post para analizar con un mínimo de rigurosidad de dónde vienen estos lodos, y no pretendo con estas líneas descubrir nada que no se sepa, pero me parece que más que la idea económica, lo que vuelve a estar en juego es la idea política de Europa. Es cierto que el carácter económico de la Unión Europea ha estado en sus orígenes y que hoy en día es de vital importancia. El euro, que es el principal problema ahora, fue uno de los incuestionables logros de esa política económica que comenzó a fraguarse hace más de 50 años. Pero para que el euro fuera posible, fue necesario la apuesta decidida de algunos Estados de la Unión que lo vieron como una posibilidad para fortalecer sus exportaciones y en consecuencia sus economías. Ahora, cuando los ataques de los mercados han dañado la credibilidad de la idea misma del euro, y por extensión de la Unión Europea, es cuando nos damos cuenta de lo débil que era todo. Y lo es porque no se ha avanzado suficientemente en la idea política de la Unión Europea. Lo económico está muy bien, pero se necesita un refrendo político fuerte para no caer. Esa fuerza política falla y ahí nos vemos con la vergonzosa letanía que todos los días está en las noticias de incapacidades demostradas de hacer frente a la situación en que nos encontramos. Grecia ocupa buena parte de los desvelos, pero no nos engañemos, es un problema endémico que no parece que haya en estos momentos políticos con la suficiente solvencia para hacerle frente.

Espero que no se cumplan los presagios de los más agoreros y Europa no termine por hacerse añicos. Pero en estos momentos o se cambia de dirección o estamos avocados al fracaso.

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